¿Cuánto dinero acumuló la gestión de José Alperovich durante los últimos ocho años como excedente de los años de bonanzas? Esa es una pregunta que tal vez no se pueda contestar desde la visión propia de los números que difunde el Poder Ejecutivo. La inversión en infraestructura básica de los primeros tres años de gestión y, luego, las partidas destinadas a obras viales ha sido millonaria, pero no lo suficiente como para que el Gobierno termine -año tras año- con un presupuesto equilibrado. Sólo hay suposiciones acerca del ahorro. Algunos -los más cautelosos- se animan a decir que el gobernador atesoró en ciertos activos del Estado un excedente cercano a los $ 500 millones. Otros, los más arriesgados, estiman que el fondo anticíclico que pretende armar el propio Alperovich para hacer frente a la posible recesión global da cuenta de la cifra del ahorro: $ 1.000 millones.
A estas alturas del año, a la Provincia le "sobran" unos $ 1.500 millones que en el Presupuesto aprobado por la Legislatura no ha sido declarado. Sencillamente porque, según el Ejecutivo, se trata de plata de más que envió el Gobierno nacional en concepto de transferencias coparticipables. Claro está, que esto se arreglará muy pronto con una ampliación de partidas que llevará el nivel de ingresos -y de erogaciones por ende- a la friolera de $ 14.500 millones. A modo de ejemplo, puede decirse que en 2006, el presupuesto era de $ 3.000 millones, casi cinco veces menos que el actual ejercicio, o en 2009 fue de $ 6.000 millones. Algo de inversión, otro tanto de salarios y casi todo elevado por esa inflación que el Gobierno nacional niega cada vez que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difunde los datos.
La crisis global está a la vuelta de la esquina. Hay plata para sostener la ilusión monetaria, al menos por seis meses más. Pero en marzo del año que viene volverían los problemas. Eso se evalúa en la Casa de Gobierno, pero nada se dice oficialmente. Mientras la Casa Rosada siga diciendo que el efecto de la crisis global será casi nulo para la Argentina, ese discurso se replicará en Tucumán. Tal como sucede con la inflación o con otros datos sorprendentes como el de la desocupación. El Indec ha revelado que para el Gran Tucumán-Tafí Viejo, la tasa alcanzó el 4,4% durante el segundo trimestre del año, cuando la actividad agroindustrial estaba en marcha y en una economía también apuntalada por el consumo. Y, según el organismo, la Provincia está condenada al pleno empleo, porque la estimación de la tasa de desocupación abierta había oscilado entre un 3,2% (límite interior) y un 5,6% (límite superior). En la zona urbana de la provincia, donde viven 816.000 personas hay 337.000 habitantes que se declararon ocupados en alguna tarea remunerada. Pero también hay otros 25.000 que afirman que, pese a que hacen una que otra changa, están buscando algo más seguro. En esa situación también se puede inscribir a los casi 15.000 beneficiarios del plan Argentina Trabaja que, cada seis meses, deben prender velas para que el programa no llegue a su fin. Históricamente, el desempleo en el Gran San Miguel de Tucumán ha alcanzado, al menos, a unas 30.000 personas.
De allí la importancia que le asigna el Poder Ejecutivo a la conformación, vía decreto, del fondo anticíclico, algo que permitirá -de alguna manera- sostener en parte la política de subsidios, y algo más gravitante, la ilusión monetaria que sostiene el consumo. Los $ 1.000 millones tendrán ese efecto. Por ahora no hay indicios de que el clima económico cambie de la noche a la mañana. Pero hay que estar preparados. Tal vez ese sea el momento para que el Gobierno diga cuánto es, verdaderamente, el excedente acumulado en los años de vacas gordas.
A estas alturas del año, a la Provincia le "sobran" unos $ 1.500 millones que en el Presupuesto aprobado por la Legislatura no ha sido declarado. Sencillamente porque, según el Ejecutivo, se trata de plata de más que envió el Gobierno nacional en concepto de transferencias coparticipables. Claro está, que esto se arreglará muy pronto con una ampliación de partidas que llevará el nivel de ingresos -y de erogaciones por ende- a la friolera de $ 14.500 millones. A modo de ejemplo, puede decirse que en 2006, el presupuesto era de $ 3.000 millones, casi cinco veces menos que el actual ejercicio, o en 2009 fue de $ 6.000 millones. Algo de inversión, otro tanto de salarios y casi todo elevado por esa inflación que el Gobierno nacional niega cada vez que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difunde los datos.
La crisis global está a la vuelta de la esquina. Hay plata para sostener la ilusión monetaria, al menos por seis meses más. Pero en marzo del año que viene volverían los problemas. Eso se evalúa en la Casa de Gobierno, pero nada se dice oficialmente. Mientras la Casa Rosada siga diciendo que el efecto de la crisis global será casi nulo para la Argentina, ese discurso se replicará en Tucumán. Tal como sucede con la inflación o con otros datos sorprendentes como el de la desocupación. El Indec ha revelado que para el Gran Tucumán-Tafí Viejo, la tasa alcanzó el 4,4% durante el segundo trimestre del año, cuando la actividad agroindustrial estaba en marcha y en una economía también apuntalada por el consumo. Y, según el organismo, la Provincia está condenada al pleno empleo, porque la estimación de la tasa de desocupación abierta había oscilado entre un 3,2% (límite interior) y un 5,6% (límite superior). En la zona urbana de la provincia, donde viven 816.000 personas hay 337.000 habitantes que se declararon ocupados en alguna tarea remunerada. Pero también hay otros 25.000 que afirman que, pese a que hacen una que otra changa, están buscando algo más seguro. En esa situación también se puede inscribir a los casi 15.000 beneficiarios del plan Argentina Trabaja que, cada seis meses, deben prender velas para que el programa no llegue a su fin. Históricamente, el desempleo en el Gran San Miguel de Tucumán ha alcanzado, al menos, a unas 30.000 personas.
De allí la importancia que le asigna el Poder Ejecutivo a la conformación, vía decreto, del fondo anticíclico, algo que permitirá -de alguna manera- sostener en parte la política de subsidios, y algo más gravitante, la ilusión monetaria que sostiene el consumo. Los $ 1.000 millones tendrán ese efecto. Por ahora no hay indicios de que el clima económico cambie de la noche a la mañana. Pero hay que estar preparados. Tal vez ese sea el momento para que el Gobierno diga cuánto es, verdaderamente, el excedente acumulado en los años de vacas gordas.
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