Los 85 años del último actor de la Guerra Fría

El líder de la Revolución Cubana ocupa un lugar destacado en la historia latinoamericana, fruto de más de casi seis décadas de protagonismo internacional. Desde su retiro y pese a la pérdida de funciones formales, su opinión mantiene peso en momentos de actualización del régimen socialista en la isla. Las tucumanas Silvia Giraudo y María Alejandra Torres analizan su figura.

13 Agosto 2011
LA HABANA.- El legendario líder revolucionario, Fidel Castro, cumple hoy 85 años manteniéndose como una figura importante en el Gobierno comunista de Cuba, pero con una presencia pública mucho menor que la que tuvo en cinco décadas de historia, desde que triunfó la revolución contra Fulgencio Batista, en enero de 1959.

Castro renunció este año a su último puesto en el liderazgo de la isla cuando dejó el cargo de jefe del gobernante Partido Comunista y se retiró de la vida pública. Rara vez es visto (la última vez que apareció en público fue en abril) o escuchado y se ha mantenido al margen de su hermano menor, el actual presidente, Raúl Castro, responsable de emprender un plan de reformas para reanimar el viejo estilo soviético de la frágil economía de Cuba. Con su alejamiento gradual se ejecuta un plan de transición para separar a los cubanos de la total dependencia del carismático comandante.

El Gobierno organizó una serie de festejos: el central fue la realización de una Serenata de la Fidelidad, con la presencia de una veintena de músicos de América Latina, que tuvo lugar anoche en el imponente teatro Karl Marx, con capacidad para 5.000 personas. La convocada fue realizada por la fundación creada por el fallecido pintor ecuatoriano (amigo personal de Fidel), Oswaldo Guayasamín.

Larga sobrevida
Como mandatario de Cuba, sobrevivió a nueve Presidentes de Estados Unidos, con cuyo Gobierno ha estado enemistado desde principios de la década del 60, cuando se rompieron las relaciones diplomáticas. Todas las miradas apuntan a EEUU cuando se habla de los numerosos atentados que sufrió (sus seguidores los cifran en más de 400) y ataques a la isla, desde el repelido desembarco en Bahía de Cochinos.

Pero su salida del poder no fue fruto de un operativo planificado desde Washington, sino de un problema en su propio organismo: en julio de 2006 se sometió a una cirugía intestinal de emergencia y sufrió complicaciones, de las cuales nunca se ha recuperado por completo. Allí creció la figura de Raúl Castro, quien lo reemplazó formalmente y en forma plena en la Presidencia en febrero de 2008.

Ahora, como muchos ancianos, atiende la salud de su amigo enfermo, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a quien operaron en junio de urgencia en La Habana de un tipo de cáncer no revelado. Retirado en su casa, Fidel está dedicado a leer y a escribir artículos sobre problemas mundiales, que difunde la prensa oficial aunque no publica desde hace poco más de un mes, concentrado en seguir el tratamiento del venezolano, a quien llama su "heredero político".

Lejos quedó en el tiempo y en la memoria los años del guerrillero barbado vestido de verde, acompañado por Ernesto "Che" Guevara y Camilo Cienfuegos (héroes nacionales que están a su mismo nivel en Cuba). Hoy, la vida sin Fidel Castro no es tan inimaginable para los cubanos como antes. Amado por unos y odiado por otros, su figura atravesó la historia latinoamericana del siglo pasado y su nombre será de los pocos que se mencionarán, sin dudar en lo más mínimo, cuando se escriban las biografías de quienes marcaron los años de la guerra fría y la lucha revolucionaria y dibujaron el ideal del hombre nuevo. (Especial-Reuters-DPA-AFP)