No hay que dramatizar las predilecciones

Arturo Gómez López | Psicólogo.

31 Julio 2011
En el modelo familiar vigente, de ejercicio de autoridad más horizontal, de reglas construidas por consenso, de aceptación de la diversidad... La clave, una vez mas, es la empatía. Esta destreza nos permite "ponernos en el lugar del otro" y dar de la manera más justa y adecuada aquello que cada miembro de la familia necesita.

De este modo, un hijo que es más dependiente pide más protección y asistencia (y hay que tratar de dársela, a la vez que hay que tratar de enseñarle a tener mas autogestión); un hijo muy independiente no suele pedir. A veces parece que no necesita casi nada o nada: entonces hay que felicitarlo por todo lo que hace por sus propios medios, preguntarle acerca de lo que hace y ofrecerle alguna ayuda; al hijo silencioso hay que acercársele sin anunciarse mucho, ofrecerle afecto corporal, contarle algo de uno, preguntarle qué opina... y luego pedirle que cuente algo de su día.

En definitiva, se trata de darle a cada hijo el afecto en el modo en el que mejor lo recibe. Por lo general eso suele mitigar la sensación de que los padres prefieren a alguno de sus hermanos.

Tampoco hay que dramatizar el tema de las preferencias, que a mí me parecen normales, en tanto no impliquen desamor para con los otros. ¿Qué tiene de malo o de extraño que un hijo/a, por ser parecido a alguno de sus padres en aspectos de su personalidad y gustos, genere por eso una mayor cantidad de actividades comunes y demostraciones afectivas? Yo insisto en que eso es valioso y que no debe disimularse, en tanto, a pesar de las diferencias, los padres sepan manejar la empatía entre sí y con los otros hijos.

Un hijo que se siente amado es un hijo básicamente feliz, porque siente que sus necesidades pueden ser planteadas, adecuadamente escuchadas y satisfechas en la medida de las posibilidades propias y de los padres. Incluso debería enseñarse el valor de la solidaridad, a fin de que aquello que yo tengo como talento y que el otro tiene como necesidad se ofrezca como elemento puesto al servicio del bien común.

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