Se puede querer a todos los hijos por igual, pero es una fantasía creer que no hay preferencias
Aunque un estudio de la revista "Psichology Today" destaca que la mayoría de los padres aman a sus chicos sin diferencias, expertos tucumanos opinan lo contrario. Algunas investigaciones indican que como las mujeres crecen más "autosuficientes", a los varones se los malcría más "porque son más débiles".
31 Julio 2011 Seguir en 
Mariano ilumina sus vidas desde hace cinco años. Es todo para ellos: lo llenan de mimos, de regalos y también aprenden junto a él la maravillosa experiencia de ser padres primerizos. Nunca hubo angustias. Pero hace tres meses la mamá, la docente Viviana Márquez (32 años), se enteró de que otra vez su vientre empezaba a extenderse. Y comenzaron los miedos: "me pregunto si podré querer a este bebé como al mayor y me parece que no sabré cómo repartirme, no sólo en tiempo y manos, sino también en amor".
¿Se puede querer a todos los hijos por igual? Los padres contestan que sí, salvo algunos que, con honestidad brutal, reconocen que sí aman más a uno que a otros. Los hijos no dirán lo mismo que la mayoría de sus papás: "en mi casa siempre se hicieron diferencias con el más grande y el más chico; ellos se llevaban toda la atención", cuenta Lorenzo Pereyra, el esposo de Viviana. Por haber sido el hermano del medio siente que carga con el "síndrome del hijo sándwich". Ahora que es padre y aguarda la llegada del segundo bebé asegura que luchará para no repetir la historia. "Trataré de ser lo más igualitario en cuando a la atención y al cariño para los chicos", promete.
Un estudio realizado en EE.UU. y publicado recientemente en la revista "Psychology Today" reveló que sólo una cuarta parte de los padres encuestados dijo tener preferencias, sin embargo, el 75% de los hijos señalaron que sí hay diferencias.
¿Quién tiene la verdad? El problema no es la cantidad de amor sino que el sentimiento por cada uno de los hijos es diferente, sostienen los expertos. "Hay que abandonar ese mito de que con todos los hijos uno es igual. Es imposible", señala, tajante, la psicóloga Carmina Varela. Hay juegos de afinidades y semejanzas con los hijos que hacen que cada uno de los progenitores establezca un tipo de amor distinto con cada hijo. Y eso es normal.
La personalidad, los rasgos físicos, los intereses, el carácter, el hecho de ser el primero, el del medio o el último son razones por las que los padres se sienten más apegados a uno u otro hijo.
Según la psicóloga, esa idea de querer a todos por igual no es más que un mandato cultural, una fantasía errónea. "Está bueno que sea distinto. Hay que reconocer las diferencias y saber manejarlas para no perjudicar a nuestros hijos", sostiene. ¿Como?, se le consultó: debemos cuidarnos en el tema de las comparaciones, marcar otras cuestiones, como por ejemplo respetar las edades y prioridades, y establecer normas precisas. "No todos los hijos van a tener al mismo tiempo idénticos derechos. Conviene especificar los logros y avances que dan lugar a la ganancia de ciertos terrenos", sostiene.
Un grave error, según la especialista, es recargar mucho al más responsable de los hijos y no exigirle al más débil. Hay teorías que han probado que hasta es instintivo e inevitable preferir a uno de los hijos. Pero preferencia, que quede claro, no equivale a amor, explica la psicóloga Ester Kancyper.
Hay situaciones en la que es normal que los padres se aferren más a uno de sus hijos, por una enfermedad por ejemplo. "Es un instinto priorizar y proteger al que más necesita. No hay que sentirse culpable", apunta.
Otra cuestión que influye mucho, explica Kancyper, tiene que ver con el momento en el que llega el hijo: no es lo mismo ser padre joven que grande. Es normal que con los últimos hijos uno se sienta más seguro y pueda disfrutarlos de otra forma.
¿Se puede querer a todos los hijos por igual? Los padres contestan que sí, salvo algunos que, con honestidad brutal, reconocen que sí aman más a uno que a otros. Los hijos no dirán lo mismo que la mayoría de sus papás: "en mi casa siempre se hicieron diferencias con el más grande y el más chico; ellos se llevaban toda la atención", cuenta Lorenzo Pereyra, el esposo de Viviana. Por haber sido el hermano del medio siente que carga con el "síndrome del hijo sándwich". Ahora que es padre y aguarda la llegada del segundo bebé asegura que luchará para no repetir la historia. "Trataré de ser lo más igualitario en cuando a la atención y al cariño para los chicos", promete.
Un estudio realizado en EE.UU. y publicado recientemente en la revista "Psychology Today" reveló que sólo una cuarta parte de los padres encuestados dijo tener preferencias, sin embargo, el 75% de los hijos señalaron que sí hay diferencias.
¿Quién tiene la verdad? El problema no es la cantidad de amor sino que el sentimiento por cada uno de los hijos es diferente, sostienen los expertos. "Hay que abandonar ese mito de que con todos los hijos uno es igual. Es imposible", señala, tajante, la psicóloga Carmina Varela. Hay juegos de afinidades y semejanzas con los hijos que hacen que cada uno de los progenitores establezca un tipo de amor distinto con cada hijo. Y eso es normal.
La personalidad, los rasgos físicos, los intereses, el carácter, el hecho de ser el primero, el del medio o el último son razones por las que los padres se sienten más apegados a uno u otro hijo.
Según la psicóloga, esa idea de querer a todos por igual no es más que un mandato cultural, una fantasía errónea. "Está bueno que sea distinto. Hay que reconocer las diferencias y saber manejarlas para no perjudicar a nuestros hijos", sostiene. ¿Como?, se le consultó: debemos cuidarnos en el tema de las comparaciones, marcar otras cuestiones, como por ejemplo respetar las edades y prioridades, y establecer normas precisas. "No todos los hijos van a tener al mismo tiempo idénticos derechos. Conviene especificar los logros y avances que dan lugar a la ganancia de ciertos terrenos", sostiene.
Un grave error, según la especialista, es recargar mucho al más responsable de los hijos y no exigirle al más débil. Hay teorías que han probado que hasta es instintivo e inevitable preferir a uno de los hijos. Pero preferencia, que quede claro, no equivale a amor, explica la psicóloga Ester Kancyper.
Hay situaciones en la que es normal que los padres se aferren más a uno de sus hijos, por una enfermedad por ejemplo. "Es un instinto priorizar y proteger al que más necesita. No hay que sentirse culpable", apunta.
Otra cuestión que influye mucho, explica Kancyper, tiene que ver con el momento en el que llega el hijo: no es lo mismo ser padre joven que grande. Es normal que con los últimos hijos uno se sienta más seguro y pueda disfrutarlos de otra forma.









