22 Julio 2011 Seguir en 
Hace 30 años, Mercedes Toledo veía las cosas con mucho más optimismo. Lógico: acababa de mudarse al departamento de la planta baja de los monoblocks que había construido el Fonavi y el barrio al que llegaba era una esperanza de progreso. Ahora, cuando sale de su casa, deja atrás las oscurecidas paredes del edificio, encuentra una pérdida de líquidos cloacales a la izquierda, bolsas de basura rotas a la derecha y, al frente, una avenida la amenaza a fuerza de velocidad y descontrol ¿Qué se hizo del vecindario que Mercedes recuerda? Ella no lo sabe, pero se anima a sugerir una explicación: se degradó junto con la Francisco de Aguirre, una avenida que parece concentrar todos los problemas que pueden llegar a afectar a un ciudadano.
Por la cantidad de accidentes que se producen, esta arteria es una de las más peligrosas de la ciudad junto con la Mate de Luna, con la Juan B. Justo, con la Benjamín Aráoz y con la Gobernador del Campo, según datos de la Municipalidad. La diferencia con algunas de estas otras avenidas es que en ella hay pocos semáforos, y eso eleva los riesgos. De todos modos, la lista de padecimientos vecinales es mucho más larga: los ladrones se hacen la fiesta con los peatones, la basura se acumula en distintos lugares, hay pérdidas de líquidos cloacales, los perros callejeros persiguen a los ciclistas, el pavimento está deteriorado y, como si fuera poco, en una zona los peatones van por la calle porque la vereda no existe.
A lo largo de los 3,4 kilómetros que hay entre Juan B. Justo y Ejército del Norte es posible diferenciar varios sectores de acuerdo con los problemas que sufren sus atribulados vecinos. Entre Juan B. Justo y Monteagudo-William Cross (a 50 metros de la casa de Mercedes) es necesario ser ágil para esquivar los líquidos cloacales que salpican los autos. Además, si uno quiere abrir un negocio debe considerar en el presupuesto el dinero suficiente como para instalar rejas en todas las aberturas. Y si pretende cruzar la calle debe hacerlo con la máxima atención: en la intersección con Monteagudo hay semáforos, pero no funcionan y da la impresión de que los conductores de autos, de colectivos, de camionetas, de motos y de carros compiten por quién comete más infracciones.
Entre Laprida y Siria se extienden hacia el norte unos enormes predios baldíos. Los terrenos parecen tapizados por la alfombra negra de cenizas que quedaron luego de las quemas de pastizales. Pero a pesar de que da la impresión de que las llamas ya barrieron con todo, se advierten varias humaredas: se trata del fuego que consumen algunos de los innumerables montículos de basura que están desperdigados por el predio.
Entre Siria y República del Líbano el tránsito se incrementa y los problemas también. Los vecinos se quejan de los vehículos abandonados sobre las aceras, de los perros callejeros y de los robos. Eso sí: hay que destacar una buena. En la esquina con República del Líbano el semáforo brinda algo de seguridad, por lo menos al momento de cruzar la calzada. Pero en cuanto se atraviesa esta calle hacia el oeste la vereda norte desaparece y es necesario seguir avanzando sobre el pavimento.
En Francisco de Aguirre y Paso de los Andes los vecinos se cansaron de las muertes que producen los accidentes de tránsito y están movilizados para obtener alguna solución. De todos modos, parecen resignados a aguardar el colectivo junto a los ríos de líquidos cloacales y de agua potable que corren desde Thames.
Al cabo de esta prolongada enumeración de padecimientos, ¿no es lógico que Mercedes Toledo luzca el aspecto agobiado de aquel que perdió las esperanzas de cambio?
Por la cantidad de accidentes que se producen, esta arteria es una de las más peligrosas de la ciudad junto con la Mate de Luna, con la Juan B. Justo, con la Benjamín Aráoz y con la Gobernador del Campo, según datos de la Municipalidad. La diferencia con algunas de estas otras avenidas es que en ella hay pocos semáforos, y eso eleva los riesgos. De todos modos, la lista de padecimientos vecinales es mucho más larga: los ladrones se hacen la fiesta con los peatones, la basura se acumula en distintos lugares, hay pérdidas de líquidos cloacales, los perros callejeros persiguen a los ciclistas, el pavimento está deteriorado y, como si fuera poco, en una zona los peatones van por la calle porque la vereda no existe.
A lo largo de los 3,4 kilómetros que hay entre Juan B. Justo y Ejército del Norte es posible diferenciar varios sectores de acuerdo con los problemas que sufren sus atribulados vecinos. Entre Juan B. Justo y Monteagudo-William Cross (a 50 metros de la casa de Mercedes) es necesario ser ágil para esquivar los líquidos cloacales que salpican los autos. Además, si uno quiere abrir un negocio debe considerar en el presupuesto el dinero suficiente como para instalar rejas en todas las aberturas. Y si pretende cruzar la calle debe hacerlo con la máxima atención: en la intersección con Monteagudo hay semáforos, pero no funcionan y da la impresión de que los conductores de autos, de colectivos, de camionetas, de motos y de carros compiten por quién comete más infracciones.
Entre Laprida y Siria se extienden hacia el norte unos enormes predios baldíos. Los terrenos parecen tapizados por la alfombra negra de cenizas que quedaron luego de las quemas de pastizales. Pero a pesar de que da la impresión de que las llamas ya barrieron con todo, se advierten varias humaredas: se trata del fuego que consumen algunos de los innumerables montículos de basura que están desperdigados por el predio.
Entre Siria y República del Líbano el tránsito se incrementa y los problemas también. Los vecinos se quejan de los vehículos abandonados sobre las aceras, de los perros callejeros y de los robos. Eso sí: hay que destacar una buena. En la esquina con República del Líbano el semáforo brinda algo de seguridad, por lo menos al momento de cruzar la calzada. Pero en cuanto se atraviesa esta calle hacia el oeste la vereda norte desaparece y es necesario seguir avanzando sobre el pavimento.
En Francisco de Aguirre y Paso de los Andes los vecinos se cansaron de las muertes que producen los accidentes de tránsito y están movilizados para obtener alguna solución. De todos modos, parecen resignados a aguardar el colectivo junto a los ríos de líquidos cloacales y de agua potable que corren desde Thames.
Al cabo de esta prolongada enumeración de padecimientos, ¿no es lógico que Mercedes Toledo luzca el aspecto agobiado de aquel que perdió las esperanzas de cambio?
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