Antes y después, la fiesta fue un "golazo"
Aunque faltaron sus goles, el adiós del ídolo "xeneize" de La Bombonera fue emocionante desde el primer minuto. Con lágrimas en los ojos enfrentó la despedida del estadio que lo vio crecer como goleador y como persona. Con Diego Maradona en los palcos, el "Titán" recibió todo tipo de regalos que incluyeron desde una capa de superhéroe hasta el mismísimo arco de espaldas a la "12", en el que se cansó de hacer goles.
13 Junio 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Fue un partido de casi cuatro horas para Martín Palermo. En los 90 minutos, el gol nunca llegó pero la emoción se estiró desde que ingresó a La Bombonera, hasta que se fue. Justamente, el plato fuerte de la despedida fue el último. Un sinfín de regalos, recuerdos, sorpresas e imágenes terminaron de despedirlo de "su" casa, aunque el propio "Titán" aclaró que jugará ante Gimnasia. "Soy un profesional, me debo al club y quiero estar en la despedida de mi amigo futbolístico (Guillermo Barros Schelotto", avisó el goleador.
Su arribo al estadio fue caótico. Alrededor de 3.000 personas se apostaron en el hotel donde el equipo concentró previo al encuentro con Banfield. Cuando el artillero salió junto al plantel para emprender camino a La Boca, los hinchas acompañaron en caravana. La historia del empate frente al "taladro" ya es conocida y realmente aportó poco para el relato del adiós del ídolo. Aunque el brazalete que llevaron sus 10 compañeros en el brazo, con la leyenda "Palermo se va", es un dato de color. Sumado a la ya anunciada camiseta especial que utilizó y que tenía un nueve dorado, diferente a los dorsales del resto.
Luego del pitazo final, Mario Pergolini tomó la posta que dejaron los relatores. Con Diego Maradona en los palcos y Alfio Basile saludándolo en la cancha, arrancó la fiesta. Micrófono en mano, Pergolini guió al "Titán" por las distintas estaciones de su festejo. Atento, el rubio observó los videos que le prepararon con algunos de sus goles, las palabras de su padre, madre, hijos, hermano y dos de sus grandes amigos: Guillermo Barros Schelotto y Carlos Bianchi. El "Melli" dijo que fue el mejor goleador de toda la historia "xeneize", y el DT le advirtió sobre su próxima profesión: ex futbolista. Una fundación que él apadrina le obsequió una capa de superhéroe que usó durante casi toda la ceremonia. También, el "Loco" habló y agradeció por todo. Si bien se notaba que había pensado qué iba a decir, no llevó consigo un discurso. Mirando hacia las tribunas intentó expresarse sin quebrarse. No pudo.
Y así, Martín, se despidió del estadio que lo vio hacer desde las locuras más grandes hasta los goles más impresionantes. (Especial)
Su arribo al estadio fue caótico. Alrededor de 3.000 personas se apostaron en el hotel donde el equipo concentró previo al encuentro con Banfield. Cuando el artillero salió junto al plantel para emprender camino a La Boca, los hinchas acompañaron en caravana. La historia del empate frente al "taladro" ya es conocida y realmente aportó poco para el relato del adiós del ídolo. Aunque el brazalete que llevaron sus 10 compañeros en el brazo, con la leyenda "Palermo se va", es un dato de color. Sumado a la ya anunciada camiseta especial que utilizó y que tenía un nueve dorado, diferente a los dorsales del resto.
Luego del pitazo final, Mario Pergolini tomó la posta que dejaron los relatores. Con Diego Maradona en los palcos y Alfio Basile saludándolo en la cancha, arrancó la fiesta. Micrófono en mano, Pergolini guió al "Titán" por las distintas estaciones de su festejo. Atento, el rubio observó los videos que le prepararon con algunos de sus goles, las palabras de su padre, madre, hijos, hermano y dos de sus grandes amigos: Guillermo Barros Schelotto y Carlos Bianchi. El "Melli" dijo que fue el mejor goleador de toda la historia "xeneize", y el DT le advirtió sobre su próxima profesión: ex futbolista. Una fundación que él apadrina le obsequió una capa de superhéroe que usó durante casi toda la ceremonia. También, el "Loco" habló y agradeció por todo. Si bien se notaba que había pensado qué iba a decir, no llevó consigo un discurso. Mirando hacia las tribunas intentó expresarse sin quebrarse. No pudo.
Y así, Martín, se despidió del estadio que lo vio hacer desde las locuras más grandes hasta los goles más impresionantes. (Especial)
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