La autocrítica estaciona en doble fila

07 Junio 2011
Hay muchos argumentos para promover una intervención en Santa Fe al 500: jerarquizar una zona de la ciudad y hacer más amigable la experiencia del ciudadano y del turista son algunos de ellos. Y todo eso está muy bien; se impone la necesidad de actuar urbanísticamente para apuntalar el desarrollo comercial. Pero lo grave es que entre esos argumentos también se encuentra la necesidad de ordenar la circulación de vehículos. Porque indigna ver autos estacionados en doble fila mientras sus dueños cenan tranquilamente en algún restaurante. Por eso, y antes que nada, quizás haya que hacer una autocrítica ciudadana. Parece que estamos obsesionados por llegar en auto hasta la puerta de la oficina o del bar al que vamos. Para muchos, no cuenta la opción de caminar algunas cuadras (en defensa de los infractores de Santa Fe al 500, hay que reconocer que hay pocas guarderías en la zona). De todos modos, este aspecto de la idiosincrasia, combinada con la falta de controles (de día son eventuales y de noche, no existen) desordenan y alteran una zona a la que el consumidor acude en busca de una experiencia agradable.

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