30 Mayo 2011 Seguir en 
Dos veces al año organizan las visitas a La Ciénaga. La primera se da a fines de mayo, cuando terminan las clases, y la segunda, en septiembre, cuando empieza el ciclo lectivo de alta montaña. El profesor de Educación Física Tomás Osvaldo Barrera y el ingeniero Daniel Gramajo se encargan de preparar la colecta de donaciones.
Esta vez lograron reunir una generosa carga de alimentos no perecederos (arroz, aceite, fideos, polenta, entre otros), ropa de invierno, zapatillas y útiles escolares. La campaña de recolección de donaciones fue organizada por el Colegio San Francisco, Padre Roque Correa, y la Fundación Independiente Viamonte. "Todo esto lo hacemos a pulmón", dice Barrera, mientras un grupo de jóvenes sube las pesadas bolsas en dos camionetas. En otro vehículo (una combi) se hará el viaje hasta la avenida de los Franciscanos en Tafí del Valle, donde comenzará la caminata.
De regreso a la capital tucumana, "el profe" Barrera está exultante. Todo salió como estaba planeado, sin contratiempos. "Hace seis años que vamos a visitarlos -resalta Barrera- y, mientras me dé el cuero, y aunque esté solo, voy a seguir yendo".
Fieles al desafío
Cada año se renuevan los aventureros que se animan a la extensa caminata. Las mulas que disponen los lugareños sólo llevan la carga para las donaciones. Sin embargo, algunos siguen fieles al desafío de la montaña y vuelven a emprender el viaje.
Germán Arce (ex alumnos) explica su satisfacción por la misión cumplida. "Es una experiencia encantadora -resalta-, no sólo por la belleza del paisaje, sino también por la satisfacción de serles útiles a estas personas que devuelven mucho cariño, con la inocencia que caracteriza a los lugareños".
Esta vez lograron reunir una generosa carga de alimentos no perecederos (arroz, aceite, fideos, polenta, entre otros), ropa de invierno, zapatillas y útiles escolares. La campaña de recolección de donaciones fue organizada por el Colegio San Francisco, Padre Roque Correa, y la Fundación Independiente Viamonte. "Todo esto lo hacemos a pulmón", dice Barrera, mientras un grupo de jóvenes sube las pesadas bolsas en dos camionetas. En otro vehículo (una combi) se hará el viaje hasta la avenida de los Franciscanos en Tafí del Valle, donde comenzará la caminata.
De regreso a la capital tucumana, "el profe" Barrera está exultante. Todo salió como estaba planeado, sin contratiempos. "Hace seis años que vamos a visitarlos -resalta Barrera- y, mientras me dé el cuero, y aunque esté solo, voy a seguir yendo".
Fieles al desafío
Cada año se renuevan los aventureros que se animan a la extensa caminata. Las mulas que disponen los lugareños sólo llevan la carga para las donaciones. Sin embargo, algunos siguen fieles al desafío de la montaña y vuelven a emprender el viaje.
Germán Arce (ex alumnos) explica su satisfacción por la misión cumplida. "Es una experiencia encantadora -resalta-, no sólo por la belleza del paisaje, sino también por la satisfacción de serles útiles a estas personas que devuelven mucho cariño, con la inocencia que caracteriza a los lugareños".









