Un moderno museo alberga el legado del sabio
Las colecciones de Miguel Lillo se exhiben en salas que permiten un recorrido interactivo y que tienen un criterio netamente docente. Ubicado en corazón del Abasto, el edificio contiene la historia del patrimonio natural de la región. Tecnología de punta.
04 Mayo 2011 Seguir en 
La obra de Miguel Lillo es eterna. Sigue viviendo bajo la sombra de los árboles añosos que cobijaron sus pasos y que albergan también su tumba en la propiedad ubicada en el 251 de la calle que hoy lleva su nombre.
Antes de morir y por gestiones de Alberto Rougés y Ernesto Padilla, Lillo (1862-1931) resolvió donar sus valiosas colecciones de botánica y zoología, su biblioteca y su propiedad a la Universidad Nacional de Tucumán, con la condición de que fuesen administradas por una comisión asesora vitalicia. Luego de la muerte del sabio tucumano se integraron el Instituto Universitario y la Fundación que lleva su nombre, organismos cuya labor científica ha adquirido prestigio internacional.
En mayo del año pasado y tras cinco años de arduos trabajos se dejó inaugurado el moderno Museo Miguel Lillo de Ciencias Naturales, que cuenta con tecnología de punta y criterios de exposición novedosos y con un sentido netamente educativo.
En las salas se exhibe no sólo el legado de Lillo, sino también el patrimonio del Noroeste en materia de geología, botánica y zoología. También puede verse la famosa colección del inglés Stewart Shipton, ex administrador del ingenio La Corona (de propiedad de los reyes de Inglaterra) y primer intendente de Concepción. La colección, que está integrada por especies de animales que habitaron el suelo tucumano y que fue codiciada por el Museo Británico, fue adquirida por Alberto Rougés, primer presidente de la Fundación Lillo. También se exhibe parte de la colección entomológica y láminas ejemplares del famoso "Genera et Species Plantarum Argentinarum", en sus contenedores originales.
Así, los que visitan el museo pueden ver videos multimedia que muestran el comienzo de la vida en la Tierra, así como la evolución de las especies. Los fósiles del Herrerasaurus y el Marasuchus dan una idea de cómo era la fauna de la región hace 225 millones de años. También se exhiben ejemplares del Cuaternario, como gliptodontes, megaterios, tigres dientes de sable y una réplica del esqueleto de un dinosaurio que en vida pesó aproximadamente 70 toneladas.
"Este museo es de vanguardia en el norte argentino", destacó el arqueólogo y museólogo Eduardo Ribotta, quien estuvo a cargo del diseño y del montaje de las colecciones de las salas permanentes y es actualmente el director del museo. En tanto, el actual presidente de la Fundación Lillo, Jorge Luis Rougés, comentó que la obra demandó una inversión de 3,5 millones de pesos. "Esta obra es de todos los miembros de la gran familia lilloana y fue puesta al servicio de la comunidad", enfatizó.
Recorrido interactivo
Una de las claves del Museo Lillo es la utilización de nuevas tecnologías al servicio de un recorrido interactivo. Esto permite al visitante experimentar el entorno, sin que ello implique resignar el rigor científico. "El objetivo de este museo, realizado por tucumanos, es que la gente valore la riqueza de la fauna y la flora que tuvo la región y la importancia de preservarlas", comentó Ribotta.
El museo cuenta con mesas interactivas para que los niños puedan experimentar el aprendizaje in situ. Todos los espacios están diseñados para personas con capacidades diferentes.
Antes de morir y por gestiones de Alberto Rougés y Ernesto Padilla, Lillo (1862-1931) resolvió donar sus valiosas colecciones de botánica y zoología, su biblioteca y su propiedad a la Universidad Nacional de Tucumán, con la condición de que fuesen administradas por una comisión asesora vitalicia. Luego de la muerte del sabio tucumano se integraron el Instituto Universitario y la Fundación que lleva su nombre, organismos cuya labor científica ha adquirido prestigio internacional.
En mayo del año pasado y tras cinco años de arduos trabajos se dejó inaugurado el moderno Museo Miguel Lillo de Ciencias Naturales, que cuenta con tecnología de punta y criterios de exposición novedosos y con un sentido netamente educativo.
En las salas se exhibe no sólo el legado de Lillo, sino también el patrimonio del Noroeste en materia de geología, botánica y zoología. También puede verse la famosa colección del inglés Stewart Shipton, ex administrador del ingenio La Corona (de propiedad de los reyes de Inglaterra) y primer intendente de Concepción. La colección, que está integrada por especies de animales que habitaron el suelo tucumano y que fue codiciada por el Museo Británico, fue adquirida por Alberto Rougés, primer presidente de la Fundación Lillo. También se exhibe parte de la colección entomológica y láminas ejemplares del famoso "Genera et Species Plantarum Argentinarum", en sus contenedores originales.
Así, los que visitan el museo pueden ver videos multimedia que muestran el comienzo de la vida en la Tierra, así como la evolución de las especies. Los fósiles del Herrerasaurus y el Marasuchus dan una idea de cómo era la fauna de la región hace 225 millones de años. También se exhiben ejemplares del Cuaternario, como gliptodontes, megaterios, tigres dientes de sable y una réplica del esqueleto de un dinosaurio que en vida pesó aproximadamente 70 toneladas.
"Este museo es de vanguardia en el norte argentino", destacó el arqueólogo y museólogo Eduardo Ribotta, quien estuvo a cargo del diseño y del montaje de las colecciones de las salas permanentes y es actualmente el director del museo. En tanto, el actual presidente de la Fundación Lillo, Jorge Luis Rougés, comentó que la obra demandó una inversión de 3,5 millones de pesos. "Esta obra es de todos los miembros de la gran familia lilloana y fue puesta al servicio de la comunidad", enfatizó.
Recorrido interactivo
Una de las claves del Museo Lillo es la utilización de nuevas tecnologías al servicio de un recorrido interactivo. Esto permite al visitante experimentar el entorno, sin que ello implique resignar el rigor científico. "El objetivo de este museo, realizado por tucumanos, es que la gente valore la riqueza de la fauna y la flora que tuvo la región y la importancia de preservarlas", comentó Ribotta.
El museo cuenta con mesas interactivas para que los niños puedan experimentar el aprendizaje in situ. Todos los espacios están diseñados para personas con capacidades diferentes.











