Esta entrevista, obviamente, no es real. Pudo haber ocurrido en 1914, cuando el sabio y científico tucumano Miguel Ignacio Lillo fue designado doctor honoris causa por el Museo de La Plata. O, más atrás en el tiempo, en 1885, cuando fue nombrado ayudante en la Oficina Química Provincial. Pero como nunca se produjo el encuentro cara a cara, LA GACETA intentó imaginar cómo hubiera sido una entrevista con el destacado personaje. Para eso se realizó una cuidadosa selección de textos de distintos temas que figuran en las pocas cartas y manuscritos de Lillo que se conservan en distintas instituciones, sobre todo, en la Fundación que lleva su nombre. El resultado es un reportaje que pinta en cuerpo y alma al sabio tucumano, del cual se cumplen hoy 80 años de su fallecimiento.
- Usted pertenece a una generación que ha dado al país muchos sabios, pensadores y científicos. ¿A qué se debe esta realidad?
- No lo sé. Todo está en la vida que a uno le toca vivir. La mía es bastante particular, por cierto. Parece que nací en 1864, pero no estoy bien seguro porque no tengo fe de bautismo. Eso sí: no soy descendiente de próceres. Al contrario; mi abuelo era un pobre español que vino a América a pelear en el ejército del rey de España en las luchas por la Independencia. Fue tomado prisionero en el sitio de Montevideo y enviado a esta tierra donde fundó la familia Lillo.
- ¿Cómo fue su infancia?
- No conocí a mis padres, pues murieron antes de que yo cumpliera los tres años. Fui criado por dos tías; gente muy pobre pero honrada. Tenían la pequeña propiedad donde vivo actualmente y con su trabajo en randas y telas rústicas me dieron de comer, me vistieron y, sobre todo, subsanaron los gastos de mi educación.
- ¿Cuándo nació su pasión por las ciencias naturales?
- Justamente en mi infancia, porque me he criado en el campo, en medio de matorrales y bosques. Las lecturas infantiles de viajes y las novelas como las de Julio Verne también me ayudaron. Pero mi iniciación en la Historia Natural de la Argentina la hice con la conocida obra de Napp, "La República Argentina".
- Además de las Ciencias Naturales usted también incursionó en la Química...
- En 1885 fui nombrado ayudante de la Oficina Química Provincial. Cuatro años después ocupé el cargo de subdirector y en 1892 me nombraron director. Esta oficina fue fundada por el reputado químico Federico Schickendantz, a quien debo la iniciación en esta ciencia. Él también me enseñó la técnica de preparar los herbarios, arte en el que era muy hábil.
- Y además enseñó Física...
- Profundicé en lo que me fue posible esa ciencia. Desempeñé muchas veces en forma interina la cátedra de Física en el Colegio Nacional. Pero no pude conseguirla en propiedad dado el sistema de proveer cátedras no por concurso, sino por recomendaciones políticas. Ocho veces he solicitado una cátedra y otras tantas me fueron negadas justamente por esa misma razón.
- ¿Cómo comenzó su meticulosa tarea de coleccionista?
- Las primeras colecciones de plantas las hice tomando como modelo un hermoso herbario de plantas europeas que poseía el Colegio Nacional desde la presidencia de Sarmiento. Ese valioso herbario, que tenía como 4.000 especies perfectamente clasificadas, fue tirado a la basura sin contemplación para poder utilizar el armario en el que estaba guardada.
- ¿Recibió alguna ayuda por parte del Estado para poder hacer sus estudios?
- Jamás he recibido ayuda oficial para mis estudios botánicos, salvo la beca para estudiar en el Colegio Nacional. Pero estoy muy agradecido a mis conciudadanos, porque nunca me han molestado ni se han burlado de mis aficiones. Por el contrario, he podido conservar sin ninguna dificultad mi empleo en la Oficina Química. A pesar de todos los embates políticos, conmigo siempre se ha tenido consideración y respeto. Verdaderamente no puedo quejarme.
- ¿Tampoco recibió ayuda monetaria?
- Nunca he recibido ni aceptado ningún tipo de auxilio económico. Lo que más me ha perjudicado fue cuando en 1899 fui obligado a renunciar a las dos cátedras que tenía en el Colegio Nacional por incompatibilidad de cargos, según una disposición oficial.
- Usted dejó una vasta biblioteca. ¿Cómo fue su génesis?
- La primera obra importante que adquirí fue "Genera Plantarum", de Benthan et Hoker. En la actualidad creo poseer en mi herbario alrededor de 10.000 especies de plantas con unos 100.000 ejemplares.
- ¿Cómo ve a las nuevas generaciones?
- Veo poca afición al estudio. Los alumnos lo que quieren es pasar los exámenes y nada más.
- Usted pertenece a una generación que ha dado al país muchos sabios, pensadores y científicos. ¿A qué se debe esta realidad?
- No lo sé. Todo está en la vida que a uno le toca vivir. La mía es bastante particular, por cierto. Parece que nací en 1864, pero no estoy bien seguro porque no tengo fe de bautismo. Eso sí: no soy descendiente de próceres. Al contrario; mi abuelo era un pobre español que vino a América a pelear en el ejército del rey de España en las luchas por la Independencia. Fue tomado prisionero en el sitio de Montevideo y enviado a esta tierra donde fundó la familia Lillo.
- ¿Cómo fue su infancia?
- No conocí a mis padres, pues murieron antes de que yo cumpliera los tres años. Fui criado por dos tías; gente muy pobre pero honrada. Tenían la pequeña propiedad donde vivo actualmente y con su trabajo en randas y telas rústicas me dieron de comer, me vistieron y, sobre todo, subsanaron los gastos de mi educación.
- ¿Cuándo nació su pasión por las ciencias naturales?
- Justamente en mi infancia, porque me he criado en el campo, en medio de matorrales y bosques. Las lecturas infantiles de viajes y las novelas como las de Julio Verne también me ayudaron. Pero mi iniciación en la Historia Natural de la Argentina la hice con la conocida obra de Napp, "La República Argentina".
- Además de las Ciencias Naturales usted también incursionó en la Química...
- En 1885 fui nombrado ayudante de la Oficina Química Provincial. Cuatro años después ocupé el cargo de subdirector y en 1892 me nombraron director. Esta oficina fue fundada por el reputado químico Federico Schickendantz, a quien debo la iniciación en esta ciencia. Él también me enseñó la técnica de preparar los herbarios, arte en el que era muy hábil.
- Y además enseñó Física...
- Profundicé en lo que me fue posible esa ciencia. Desempeñé muchas veces en forma interina la cátedra de Física en el Colegio Nacional. Pero no pude conseguirla en propiedad dado el sistema de proveer cátedras no por concurso, sino por recomendaciones políticas. Ocho veces he solicitado una cátedra y otras tantas me fueron negadas justamente por esa misma razón.
- ¿Cómo comenzó su meticulosa tarea de coleccionista?
- Las primeras colecciones de plantas las hice tomando como modelo un hermoso herbario de plantas europeas que poseía el Colegio Nacional desde la presidencia de Sarmiento. Ese valioso herbario, que tenía como 4.000 especies perfectamente clasificadas, fue tirado a la basura sin contemplación para poder utilizar el armario en el que estaba guardada.
- ¿Recibió alguna ayuda por parte del Estado para poder hacer sus estudios?
- Jamás he recibido ayuda oficial para mis estudios botánicos, salvo la beca para estudiar en el Colegio Nacional. Pero estoy muy agradecido a mis conciudadanos, porque nunca me han molestado ni se han burlado de mis aficiones. Por el contrario, he podido conservar sin ninguna dificultad mi empleo en la Oficina Química. A pesar de todos los embates políticos, conmigo siempre se ha tenido consideración y respeto. Verdaderamente no puedo quejarme.
- ¿Tampoco recibió ayuda monetaria?
- Nunca he recibido ni aceptado ningún tipo de auxilio económico. Lo que más me ha perjudicado fue cuando en 1899 fui obligado a renunciar a las dos cátedras que tenía en el Colegio Nacional por incompatibilidad de cargos, según una disposición oficial.
- Usted dejó una vasta biblioteca. ¿Cómo fue su génesis?
- La primera obra importante que adquirí fue "Genera Plantarum", de Benthan et Hoker. En la actualidad creo poseer en mi herbario alrededor de 10.000 especies de plantas con unos 100.000 ejemplares.
- ¿Cómo ve a las nuevas generaciones?
- Veo poca afición al estudio. Los alumnos lo que quieren es pasar los exámenes y nada más.










