LA GACETA ofrece el discurso completo del filósofo

20 Abril 2011
Las escuelas son los lugares más civilizados. En este mundo de rapiña, de enfrentamiento, de incomprensión y de abusos, las escuelas son los lugares donde se conserva el espíritu de la civilización. Son los lugares donde se distribuye humanidad y donde se la posibilita. Aquí está la esperanza que tenemos. Conforme me voy haciendo más viejo, siento más la importancia de la educación como el signo de que no todo está perdido, de que todavía hay cosas importantes qué hacer por vosotros, que sois los ciudadanos del mundo que viene y del mundo que nosotros tenemos que intentar que sea mejor.

La educación es la base y el fundamento de la democracia. Los dos grandes enemigos de la democracia en todas partes son la miseria y la ignorancia. Todo el que lucha contra esos dos peligros está luchando a favor de la democracia. En las escuelas se lucha contra la ignorancia natural que tenemos todos: al principio, lo normal es no saber y lo normal también es ayudarnos los unos a los otros para llegar a saber.

Por eso pienso en la suerte que tenéis todos vosotros de estar en una escuela, aprendiendo. Tenéis que pensar que desgraciadamente en el mundo hay millones de chicos que nunca ven acercarse a un adulto más que con malas intenciones. Para hacerles daño, para humillarles, para obligarles a trabajar y a traer un sueldo. Vosotros sois privilegiados porque tenéis adultos que se acercan con buenas intenciones para ayudarlos a saber y ser libres. Porque el hombre se libera por la vía del conocimiento y de las palabras. Por lo tanto en este momento ustedes tienen, por ustedes mismos y por los que no poseen las mismas posibilidades, la responsabilidad de aprovechar la educación.

La enseñanza siempre es una preocupación pública porque de cómo será la educación depende cómo será el país y nuestra vida en el futuro y el futuro de las personas que amamos. La escuela es siempre un lugar de privilegio, de riqueza, y me alegro mucho de estar con los que están estudiando y contagiarme de su espíritu.

La filosofía es una palabra que asusta un poco, pero no se trata de otra cosa que de una reflexión no sobre aquellas cosas que vamos a hacer o que necesitamos, sino sobre lo que somos nosotros. Las preguntas de la filosofía versan sobre cosas que no son instrumentales. Si vosotros os preguntáis ahora qué hora es tal vez obedece a que tenéis una cita o queréis ver un programa de televisión. La pregunta "qué hora es" importa por lo que tenéis pensado hacer? Pero, si en vez de preguntar "¿qué hora es?" os preguntáis "¿qué es el tiempo?", esa pregunta no tiene nada que ver con una cosa concreta que vayáis a hacer inmediatamente. Si os preguntáis "¿qué es el tiempo?" es porque queréis saber qué sois vosotros. Es decir, qué significa ser humano en este mundo donde el tiempo pasa, donde ocurren cosas buenas o malas y está la muerte.

La filosofía se pregunta por esas cosas que no se pueden resolver porque no son problemas instrumentales. Son cuestiones que afectan a lo que nosotros somos; la importancia de la educación y de la introducción a la filosofía en la escuela es que la filosofía nace en el mismo lugar y momento que la democracia. Democracia y filosofía nacen a la vez y significan lo mismo: en ambos casos, la responsabilidad de lo que se va a hacer, de lo que se va a poner en común, de lo que se va a pensar depende del individuo.

Por eso es importante porque vosotros os forméis para ser ciudadanos responsables del funcionamiento de la democracia, es imprescindible que conozcáis algo de la filosofía que ha nacido con ella. Naturalmente es importante que la filosofía que vayáis a ver esté a la altura de vuestras preguntas. Porque los niños se hacen preguntas cuyas respuestas nos acompañan para siempre: "¿por qué no se caen las estrellas?", "¿por qué el mar no se sale de sus límites?". Todos somos de niños filósofos espontáneos. De hecho, a Sócrates, el primer filósofo, sus adversarios le reprochaban que una persona mayor, un viejo, siga haciendo las preguntas que se hacían los niños. Las preguntas que se hace un filósofo no están relacionadas con las ganancias de un negocio, con el dinero ni con el poder político, sino con qué somos y qué podemos esperar de nosotros.

Esas preguntas son las que se hacen los niños cuando han venido al mundo. "¿Cómo es este mundo en el que vivo y cómo soy yo en él?", preguntan los chicos. Por lo tanto, la historia de la Filosofía es de los que se atrevieron a hacerse preguntas más allá de la infancia. Platón en algún momento dice que la filosofía es jugar en serio. Jugar como los niños cuando uno ya es mayor? Las grandes preguntas se han mantenido abiertas a veces pagando el precio de la cárcel y de la violencia. Porque los filósofos conservaban vivo el espíritu del niño que pregunta, del que quiere saber más y no se conforma con la primera respuesta que le dan. Ese es el papel de la filosofía dentro de la escuela: es la tradición de la gente que se niega a crecer si crecer es acostumbrarse a la rutina, a ganar dinero, a enfrentarse unos con otros. Esta es la historia del pensamiento y nuestra historia.

Me parece muy interesante que, al nivel adecuado, la filosofía esté presente en la escuela. Pero lo importante es que vosotros comprendáis el valor de la educación, de que no hay que hacer esto por rutina y obligación, sino porque es el fundamento mismo del espíritu democrático, porque vosotros un día serráis los gobernantes. En una democracia, los ciudadanos son los que gobiernan, los que mandan son los que nosotros les hemos mandado mandar. En realidad, la soberanía está en nosotros. Que haya buenos ciudadanos es el único camino para que haya mejores gobernantes.

En una democracia toda educación es de príncipes, de aquellos que van a mandar, que van a tener la responsabilidad de dirigir el destino de su comunidad. Todos ustedes pueden sentirse lejos de estas cosas pero aquí estáis preparándose para ser dueños de vuestros futuros. Ningún esfuerzo económico ni social es suficiente o superfluo cuando se trata de educación.

Yo no he querido ser en mi vida nada más que un maestro. El mundo está lleno de genios pero faltan maestros. Solamente un maestro. Ustedes tienen que agradecer a los que, a veces mal reconocidos, dedican su vida y sus esfuerzos a que ustedes sean libres para gobernar con justicia vuestro país.

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