11 Marzo 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Unos pocos compases lo delatan. Astor Piazzolla dejó un sello inconfundible en la música con su nuevo tango que aún hoy, al cumplirse los 90 años de su nacimiento, revoluciona la música ciudadana rioplatense.
"El tango diría que es casi como el jazz, tiene misterio, profundidad, dramatismo. Es religioso, puede ser romántico y puede alcanzar una agresividad que el folclore nunca podría tener, salvo la chacarera. Cuando empezamos con el octeto, por ejemplo, parecíamos salidos de un grupo de combate. ¡Éramos ocho guerrilleros subidos al escenario!", describió el propio Piazzolla. "Yo ?rompía? el bandoneón todas las noches y el gordo Leopoldo Federico también. Cada uno, en lugar de un instrumento, tenía una bazooka", recordó.
"Adiós Nonino", "Libertango", "Balada para un loco y "Fuga y misterio" son algunas de sus grandes composiciones, que permitieron a la música ciudadana cruzar las fronteras del estilo y se convirtieron en himnos.
Piazzolla nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata. Cuatro años después se radicó junto a su familia en Nueva York. Fue allí donde la nostalgia tanguera de su padre se combinó con el jazz que flotaba en los sótanos de la Gran Manzana y los estudios de la música clásica que décadas después explotarían en su revolucionario nuevo tango. Su padre le regaló a los seis años su primer bandoneón y en poco tiempo se enamoró del instrumento.
"Cuando fui a París dos cosas me abrieron literalmente la cabeza: una, estudiar con la Boulanger, haber encontrado en ella la confirmación de un camino a seguir; la otra, escuchar a Gerry Mulligan y su grupo, esto me volvió completamente loco, percibí la felicidad que había en ese escenario", apuntó Piazzolla en una entrevista.
El maestro murió el 4 de julio en 1992 en Buenos Aires, luego de una larga enfermedad (DPA-Especial)
"El tango diría que es casi como el jazz, tiene misterio, profundidad, dramatismo. Es religioso, puede ser romántico y puede alcanzar una agresividad que el folclore nunca podría tener, salvo la chacarera. Cuando empezamos con el octeto, por ejemplo, parecíamos salidos de un grupo de combate. ¡Éramos ocho guerrilleros subidos al escenario!", describió el propio Piazzolla. "Yo ?rompía? el bandoneón todas las noches y el gordo Leopoldo Federico también. Cada uno, en lugar de un instrumento, tenía una bazooka", recordó.
"Adiós Nonino", "Libertango", "Balada para un loco y "Fuga y misterio" son algunas de sus grandes composiciones, que permitieron a la música ciudadana cruzar las fronteras del estilo y se convirtieron en himnos.
Piazzolla nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata. Cuatro años después se radicó junto a su familia en Nueva York. Fue allí donde la nostalgia tanguera de su padre se combinó con el jazz que flotaba en los sótanos de la Gran Manzana y los estudios de la música clásica que décadas después explotarían en su revolucionario nuevo tango. Su padre le regaló a los seis años su primer bandoneón y en poco tiempo se enamoró del instrumento.
"Cuando fui a París dos cosas me abrieron literalmente la cabeza: una, estudiar con la Boulanger, haber encontrado en ella la confirmación de un camino a seguir; la otra, escuchar a Gerry Mulligan y su grupo, esto me volvió completamente loco, percibí la felicidad que había en ese escenario", apuntó Piazzolla en una entrevista.
El maestro murió el 4 de julio en 1992 en Buenos Aires, luego de una larga enfermedad (DPA-Especial)







