De Tucumán a la ONU, en Nairobi
La estudiante de Arquitectura de la UNT, representa a los jóvenes de América Latina en un consejo de Naciones Unidas, para el medioambiente. Lucha para que una reforma fiscal global incida en bajar los costos de los productos naturales y saludables. "Los que están hechos a base de agroquímicos resultan más baratos", dice
06 Marzo 2011 Seguir en 
Nairobi, Kenia, este de África. Cientos de representantes de todo el mundo se congregan en la sede de la ONU. Los claustros son gigantescos, un tanto sombríos y están equipados con pantallas, micrófonos, parlantes y todo tipo de dispositivos tecnológicos. Los traductores no dan abasto en su tarea de llevar a los oídos de los asistentes las exposiciones en su propio idioma.
Es el "26° período de sesiones del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma)/Foro Ambiental Mundial a Nivel Ministerial". Un poco largo el nombre, sí; por eso, para simplificar el asunto, lo llaman GC/GMEF. En inglés, siempre en inglés. Allí, los distintos estamentos -la sociedad civil, los gobiernos y la juventud- debaten las problemáticas ambientales de sus regiones, que luego serán expuestas en los plenarios.
Allí, en medio de charlas, papeles y estadísticas está Florencia Caminos, una joven tucumana que, junto a un venezolano, representan a toda América Latina como miembros del Consejo Asesor Juvenil Tunza (TYAC, por sus siglas en inglés), otro organismo de la ONU que tiene por objetivo llevar la opinión y las propuestas de la juventud del mundo en las negociaciones ambientales. Para las seis regiones donde tiene presencia el Pnuma -África, Asia y el Pacífico, América Latina y el Caribe, América del Norte, y Asia Occidental- hay en total 14 consejeros juveniles. Este es el segundo período en que la tucumana, de 24 años, fue seleccionada para participar.
Florencia se encuentra en Grenoble, Francia, con una beca para terminar sus estudios de Arquitectura. Llegó hace sólo tres semanas y volvió a subirse al avión para llegar al país africano, donde asistió a las reuniones que tuvieron lugar entre el 21 y el 24 de febrero. De vuelta en Francia y videochat mediante, le contó a LA GACETA algunos detalles de los debates.
- GC/GMEF, PNUMA, TYAC, ONU... ¿No son muchos siglas?
- (Risas) ¡Y faltan un montón! A cada instancia de las reuniones se las denomina con siglas, y también a las instancias previas. Hay consultas regionales, foros, reuniones de ministros... justamente, la posición de América Latina es pedir que haya lineamientos mucho más claros para que las consultas e inquietudes lleguen verdaderamente a quienes tienen que llegar; es decir, las personas que tienen capacidad de decidir. Lo que se ve es que el mecanismo es demasiado vertical y se pide que sea más real conciso y claro.
- ¿Qué decisiones se tomaron?
- En realidad, el objetivo del último encuentro fue mostrar las propuestas de la región de la que procedemos e intentar construir consensos rumbo al Foro Global de Ministros de Medio Ambiente, el "Río+20", que se celebrará el año que viene en Río de Janeiro. Allí se evaluará lo que se hizo durante los últimos 20 años en cuanto a desarrollo sustentable, es decir, para que el progreso económico, social y ambiental se desarrollen paralelamente. En esa cumbre están puestas todas las esperanzas.
- ¿Y fue mucho lo que se logró en este tiempo?
- Hace 20 años que existe el PNUMA y, en realidad, las cosas están cada vez peor. Se fue recortando mucho el presupuesto del programa, por lo que las actividades están muy limitadas. Para darte una idea, el PNUMA funciona con U$S 90 millones, mientras que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) funciona con U$S 4.800 millones. Es mucha la diferencia.
- ¿Cuál fue la posición de los jóvenes en el foro?
- En las negociaciones de Economía verde pedimos que se realice una reforma fiscal que incentive el consumo de los productos ecológicos. Por ejemplo, hoy en día sale mucho más caro comer artículos naturales y saludables que consumir los que se producen utilizando agroquímicos. También pedimos que se eduque a los jóvenes en la gestión y manejo de sus recursos naturales, siempre adaptándose a las características y recursos de cada lugar; y, por último, la creación de una mayor cantidad de puestos de trabajo saludables para el medio ambiente, a través de convenios entre los organismos educativos de empleo, cursos con organizaciones, universidades y estados. Y, por supuesto, el pago de salarios mínimos que cubran las necesidades básicas.
- ¿Cómo ves a Tucumán en cuanto a política ambiental?
- En parte bien, en parte mal. Bien, porque se está promoviendo en los más chicos, desde la escuela, la conciencia ambiental. Los proyectos de ciencias, por ejemplo, se vinculan mucho al cuidado del medioambiente. Mal, porque está faltando inversión y alguien que organice y guíe actividades juveniles que promuevan un cambio de actitud, la formulación de proyectos e intercambio con otros jóvenes. Mal, también, porque parece que nunca se va a terminar la contaminación ambiental con la lluvia negra del invierno por la quema de caña y por la contaminación al río Salí...
- No se habló del río Salí en la reunión de la ONU, ¿o sí?
- (Carcajadas) No, lamentablemente, no. Es muy duro, se ve que muchos de los que participan no salen ni a la esquina. Es una especie de burbuja y muchas veces no tienen idea de lo que pasa alrededor. Como yo me hospedé en casa de una amiga, tuve la oportunidad de ver la realidad de Nairobi, una ciudad con una calidad ambiental y de vida pésimas, la pobreza, el transporte... Sin embargo, casi nadie se entera y, desde que está ahí la base de la ONU, nada pudo hacer para mejorar las condiciones.
- ¿Creés en este mecanismo?
- Creo en el cambio, si no, no estaría trabajando para esto. Pero mi visión -que coincide con la de los otros jóvenes-, es que no está hecha la estructura para que podamos trabajar mejor. Cada vez sacan más fondos de las cuestiones ambientales y los asignan a otros proyectos. Está costando muchísimo trabajar porque reducen los porcentajes para las actividades juveniles y además no contratan gente para que atienda nuestras necesidades. Pero creo en el cambio... creo que en algún momento las cosas van a cambiar.
Es el "26° período de sesiones del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma)/Foro Ambiental Mundial a Nivel Ministerial". Un poco largo el nombre, sí; por eso, para simplificar el asunto, lo llaman GC/GMEF. En inglés, siempre en inglés. Allí, los distintos estamentos -la sociedad civil, los gobiernos y la juventud- debaten las problemáticas ambientales de sus regiones, que luego serán expuestas en los plenarios.
Allí, en medio de charlas, papeles y estadísticas está Florencia Caminos, una joven tucumana que, junto a un venezolano, representan a toda América Latina como miembros del Consejo Asesor Juvenil Tunza (TYAC, por sus siglas en inglés), otro organismo de la ONU que tiene por objetivo llevar la opinión y las propuestas de la juventud del mundo en las negociaciones ambientales. Para las seis regiones donde tiene presencia el Pnuma -África, Asia y el Pacífico, América Latina y el Caribe, América del Norte, y Asia Occidental- hay en total 14 consejeros juveniles. Este es el segundo período en que la tucumana, de 24 años, fue seleccionada para participar.
Florencia se encuentra en Grenoble, Francia, con una beca para terminar sus estudios de Arquitectura. Llegó hace sólo tres semanas y volvió a subirse al avión para llegar al país africano, donde asistió a las reuniones que tuvieron lugar entre el 21 y el 24 de febrero. De vuelta en Francia y videochat mediante, le contó a LA GACETA algunos detalles de los debates.
- GC/GMEF, PNUMA, TYAC, ONU... ¿No son muchos siglas?
- (Risas) ¡Y faltan un montón! A cada instancia de las reuniones se las denomina con siglas, y también a las instancias previas. Hay consultas regionales, foros, reuniones de ministros... justamente, la posición de América Latina es pedir que haya lineamientos mucho más claros para que las consultas e inquietudes lleguen verdaderamente a quienes tienen que llegar; es decir, las personas que tienen capacidad de decidir. Lo que se ve es que el mecanismo es demasiado vertical y se pide que sea más real conciso y claro.
- ¿Qué decisiones se tomaron?
- En realidad, el objetivo del último encuentro fue mostrar las propuestas de la región de la que procedemos e intentar construir consensos rumbo al Foro Global de Ministros de Medio Ambiente, el "Río+20", que se celebrará el año que viene en Río de Janeiro. Allí se evaluará lo que se hizo durante los últimos 20 años en cuanto a desarrollo sustentable, es decir, para que el progreso económico, social y ambiental se desarrollen paralelamente. En esa cumbre están puestas todas las esperanzas.
- ¿Y fue mucho lo que se logró en este tiempo?
- Hace 20 años que existe el PNUMA y, en realidad, las cosas están cada vez peor. Se fue recortando mucho el presupuesto del programa, por lo que las actividades están muy limitadas. Para darte una idea, el PNUMA funciona con U$S 90 millones, mientras que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) funciona con U$S 4.800 millones. Es mucha la diferencia.
- ¿Cuál fue la posición de los jóvenes en el foro?
- En las negociaciones de Economía verde pedimos que se realice una reforma fiscal que incentive el consumo de los productos ecológicos. Por ejemplo, hoy en día sale mucho más caro comer artículos naturales y saludables que consumir los que se producen utilizando agroquímicos. También pedimos que se eduque a los jóvenes en la gestión y manejo de sus recursos naturales, siempre adaptándose a las características y recursos de cada lugar; y, por último, la creación de una mayor cantidad de puestos de trabajo saludables para el medio ambiente, a través de convenios entre los organismos educativos de empleo, cursos con organizaciones, universidades y estados. Y, por supuesto, el pago de salarios mínimos que cubran las necesidades básicas.
- ¿Cómo ves a Tucumán en cuanto a política ambiental?
- En parte bien, en parte mal. Bien, porque se está promoviendo en los más chicos, desde la escuela, la conciencia ambiental. Los proyectos de ciencias, por ejemplo, se vinculan mucho al cuidado del medioambiente. Mal, porque está faltando inversión y alguien que organice y guíe actividades juveniles que promuevan un cambio de actitud, la formulación de proyectos e intercambio con otros jóvenes. Mal, también, porque parece que nunca se va a terminar la contaminación ambiental con la lluvia negra del invierno por la quema de caña y por la contaminación al río Salí...
- No se habló del río Salí en la reunión de la ONU, ¿o sí?
- (Carcajadas) No, lamentablemente, no. Es muy duro, se ve que muchos de los que participan no salen ni a la esquina. Es una especie de burbuja y muchas veces no tienen idea de lo que pasa alrededor. Como yo me hospedé en casa de una amiga, tuve la oportunidad de ver la realidad de Nairobi, una ciudad con una calidad ambiental y de vida pésimas, la pobreza, el transporte... Sin embargo, casi nadie se entera y, desde que está ahí la base de la ONU, nada pudo hacer para mejorar las condiciones.
- ¿Creés en este mecanismo?
- Creo en el cambio, si no, no estaría trabajando para esto. Pero mi visión -que coincide con la de los otros jóvenes-, es que no está hecha la estructura para que podamos trabajar mejor. Cada vez sacan más fondos de las cuestiones ambientales y los asignan a otros proyectos. Está costando muchísimo trabajar porque reducen los porcentajes para las actividades juveniles y además no contratan gente para que atienda nuestras necesidades. Pero creo en el cambio... creo que en algún momento las cosas van a cambiar.
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