05 Noviembre 2010 Seguir en 
Las manos recorren suavemente los baúles de madera tallada. Y siguen por los respaldares de cuero repujado de las sillas. Los muebles emanan un olor particular, como a cosa lujosa y antigua. El piso de ladrillo es desparejo y áspero. Una brisa fresca, envuelta en el perfume de una Santa Rita, entra como en oleadas, desde el jardín hacia la habitación. Acaso la Casa Histórica nunca fue disfrutada tan intensamente como cuando la recorrieron Víctor Continelli y Beatriz Martínez y sus compañeros, todos ellos no videntes.
Ayer llegó a Tucumán el primer contingente de afiliados con discapacidad, de PAMI, en el marco del programa de Turismo Social. Aunque apenas eran cinco pasajeros no videntes, en medio de 120 afiliados de la Capital Federal y de Santiago del Estero, en Tucumán se tomaron todos los recaudos necesarios: la Casa Histórica preparó carpetas en sistema Braille para entregarles durante la visita y desde el PAMI se organizaron actividades recreativas especiales en San Pedro de Colalao, donde se alojan, como una búsqueda del tesoro a través de sonidos.
Experiencia piloto
"Esta es la primera vez que PAMI trae un contingente de personas con discapacidad. Se trata de un viaje de una semana, con pensión completa y totalmente gratuito. Busca la integración de las personas, la inclusión y la igualdad de oportunidades para todos", explicó el gerente de la Unidad de gestión local (UGL), Eduardo Saire Galante, quien concurrió a la Casa Histórica para dar la bienvenida al contingente.
En la organización de las actividades también participó un empleado no vidente de la institución, Marcelo Torres, quien se encargó de acompañar a los turistas a todos lados.
Una visión diferente
Apenas entró al Salón de la Jura, Sonia Díaz Andrada detuvo su bastón blanco e inspiró muy profundo. "¡Qué emoción! ¡No puedo creer que estoy en la Cuna de la Independencia!", dijo en voz alta. Sonia es presidenta del centro de jubilados Claridad, de Buenos Aires. "Tenía 28 años cuando quedé ciega a causa de una meningitis que sufrí mientras trabajaba como enfermera en el servico de Neonatología del hospital Italiano", recuerda. "Y desde entonces, hace 25 años, comencé una lucha por la integración de las personas con discapacidad. Hoy, que veo con qué cariño nos recibieron en esta provincia, me siento muy feliz y emocionada", confesó con sus ojos celestes llenos de lágrimas.
Nora García respira el aire fresco del patio y busca con su bastón un banco para sentarse. "Siento una alegría muy grande de estar en este lugar histórico", reconoce la viajera que trabajó 17 años en PAMI. "Sí, es un lugar hermoso para tomar mate", agrega su compañero de viaje, Víctor Continelli. ¡Sentí qué hermoso aire! ¡Escuchá los gorriones ...!", propone.
"Soy ciego de nacimiento, pero me imagino este lugar. Por la cantidad de pájaros que escucho seguro que hay muchas plantas, ¿no?", pregunta.
"Sí, y también hay un aljibe", contesta con seguridad Beatriz Martínez. "No lo veo pero me acuerdo, porque yo visité esta Casa hace 20 años cuando todavía no era ciega", cuenta . "Y creeme -le confiesa a su pareja: ahora la disfruto más. Porque cuando uno no ve está pendiente de todos los detalles, y cuando tiene los dos ojos pasan de largo".
Ayer llegó a Tucumán el primer contingente de afiliados con discapacidad, de PAMI, en el marco del programa de Turismo Social. Aunque apenas eran cinco pasajeros no videntes, en medio de 120 afiliados de la Capital Federal y de Santiago del Estero, en Tucumán se tomaron todos los recaudos necesarios: la Casa Histórica preparó carpetas en sistema Braille para entregarles durante la visita y desde el PAMI se organizaron actividades recreativas especiales en San Pedro de Colalao, donde se alojan, como una búsqueda del tesoro a través de sonidos.
Experiencia piloto
"Esta es la primera vez que PAMI trae un contingente de personas con discapacidad. Se trata de un viaje de una semana, con pensión completa y totalmente gratuito. Busca la integración de las personas, la inclusión y la igualdad de oportunidades para todos", explicó el gerente de la Unidad de gestión local (UGL), Eduardo Saire Galante, quien concurrió a la Casa Histórica para dar la bienvenida al contingente.
En la organización de las actividades también participó un empleado no vidente de la institución, Marcelo Torres, quien se encargó de acompañar a los turistas a todos lados.
Una visión diferente
Apenas entró al Salón de la Jura, Sonia Díaz Andrada detuvo su bastón blanco e inspiró muy profundo. "¡Qué emoción! ¡No puedo creer que estoy en la Cuna de la Independencia!", dijo en voz alta. Sonia es presidenta del centro de jubilados Claridad, de Buenos Aires. "Tenía 28 años cuando quedé ciega a causa de una meningitis que sufrí mientras trabajaba como enfermera en el servico de Neonatología del hospital Italiano", recuerda. "Y desde entonces, hace 25 años, comencé una lucha por la integración de las personas con discapacidad. Hoy, que veo con qué cariño nos recibieron en esta provincia, me siento muy feliz y emocionada", confesó con sus ojos celestes llenos de lágrimas.
Nora García respira el aire fresco del patio y busca con su bastón un banco para sentarse. "Siento una alegría muy grande de estar en este lugar histórico", reconoce la viajera que trabajó 17 años en PAMI. "Sí, es un lugar hermoso para tomar mate", agrega su compañero de viaje, Víctor Continelli. ¡Sentí qué hermoso aire! ¡Escuchá los gorriones ...!", propone.
"Soy ciego de nacimiento, pero me imagino este lugar. Por la cantidad de pájaros que escucho seguro que hay muchas plantas, ¿no?", pregunta.
"Sí, y también hay un aljibe", contesta con seguridad Beatriz Martínez. "No lo veo pero me acuerdo, porque yo visité esta Casa hace 20 años cuando todavía no era ciega", cuenta . "Y creeme -le confiesa a su pareja: ahora la disfruto más. Porque cuando uno no ve está pendiente de todos los detalles, y cuando tiene los dos ojos pasan de largo".
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