Una americana adoptada por Tucumán que sigue armando ese "puzzle" que es Argentina

Hace 40 años, la investigadora analizó el escenario del azúcar en el Tucumán del siglo XIX y produjo una obra que hoy es un clásico del tema en el mundo académico

INQUISITIVA. En 40 años, Donna Guy ha investigado múltiples facetas de la Argentina de los siglos XIX y XX.
INQUISITIVA. En 40 años, Donna Guy ha investigado múltiples facetas de la Argentina de los siglos XIX y XX.
05 Septiembre 2010
En los tardíos años 60, Donna Guy era una inquieta alumna de la Universidad de Indiana (Estados Unidos)  a la que su profesor, James Scobie, un estudioso de la Argentina, le había sugerido que estudiara ese país al que 40 años después ella define como "un puzzle (rompecabezas) que no se entendía bien", y cuyo armado sigue siendo para ella un desafío. Así, en 1968, una entonces joven Donna Guy llegó a Tucumán, y se sumergió en el mundo social, económico y político del azúcar. Producto de esas investigaciones resultaron su trabajo "Política azucarera argentina. Tucumán y la Generación del 80" (que acaba de ser reeditado) y una relación intelectual y afectiva con muchos tucumanos que se ha consolidado con el paso de los años. 
Ese trabajo, afirman los estudiosos de la historia del azúcar, han marcado un hito en los estudios del tema. Sin embargo, con el paso de los años, la producción teórica de Guy se diversificó, y temas como prostitución, sexualidad y beneficencia en la Argentina la mostraron interesada en las cuestiones de género. Pero ella dice que en sus investigacioones no hay rupturas. Que se trata siempre de lo mismo, de cómo "entendiendo al otro podemos conocernos a nosotros mismos".
- ¿Pudo entender por qué Tucumán, que fue una promesa de industrialización a fines del siglo XIX, no profundizó ese camino?
- En el auge de la industria azucarera tucumana fue cuando los precios empezaron a bajar enormemente en el mercado internacional. Y los otros países tenían su manera de defenderse a través de tarifas y de subsidios. La industria azucarera de 1870 se organizó para abastecer al mercado interno, y no se pensaba en el mercado internacional. Cuando la industria llegó a la superproducción, justo cuando los precios estaban en baja en el medio internacional, no se pudo colocar el azúcar en el exterior; y casi no hay industria azucarera que sobreviva con el consumo interno. Pero sin esta industria no había posibilidades de trabajo para la gente, no sólo en Tucuman, sino en en todo el NOA. Por eso, esto fue una cuestión no sólo económica, sino también política; fue una manera de unir el país a través de oportunidades de trabajo en el interior, para que la gente se quedara en sus regiones, y no emigrara a Buenos Aires. Y esto funcionó hasta mediados del siglo XX.
- ¿Cómo analiza, desde el siglo XXI, esa etapa de la Argentina?
- Creo que Tucumán se ha diversificado bastante en los últimos años, por necesidad. Y eso ocurre también en los Estados Unidos, donde hubo industrias del hierro, del acero, que ya no funcionan más; y tuvimos que inventar otro tipo de tareas, otras tecnologías, para reemplazar a las viejas industrias. Cada país tiene que pensar en esto. Si no, llegamos a la crisis que enfrenta Estados Unidos, provocada por depender demasiado del consumo, y no de la producción. Yo creo que ningún país puede sobrevivir por mucho tiempo apoyado en el consumo, porque sin trabajo, la gente no puede consumir. Hace más de 20 años que discutimos en el mundo académico que es imposible vivir de una economía basada en el consumo. En los años 80 del siglo XX, con el librecambismo, solamente pensaron en bajar las tarifas, y  que eso resolviera todo. Sin embargo, ahora hay ricos más ricos y pobres más pobres.
- ¿Usted piensa que debe haber una mayor presencia del Estado?
-Creo que se necesitan estrategias mixtas, que cuenten tanto con la intervención del estado, que garantice ciertos frenos;  pero, al mismo tiempo nos hace falta la oportunidad de invertir, de inventar. Y en eso, las universidades tienen un rol fundamental, porque deben estimular la creatividad. Los jóvenes no pueden repetir los esquemas que desarrollaron sus padres, porque el mundo ha cambiado.
- ¿Cómo llegó del azúcar a los estudios de género?
- Mientras estudiaba los temas relativos al azúcar me di cuenta de que la mujer estaba muy afectada, porque acompañaba a su marido a la zafra, pero ella también tenía que trabajar, lavando, cocinando, o trabajando en los cañaverales, aún cuando era sólo el marido el que recibía el pago. También hubo estadísticas que mostraron la existencia de peonaje, forzado o no, de la mujer, y de demanda de mano obra doméstica, en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Yo estaba escribiendo en una revista académica; y alguien , muy importante, escribió un artículo sobre el tema, en el que no mencionaba a la mujer. Entonces, le señalé que no estaba presente la cuestión de género en el peonaje.  Volví a Tucumán, busqué fuentes, y publiqué en los años 80 un trabajo que al comienzo nadie quería publicar, y con el que gané un premio. El peonaje obliga a la persona a realizar un trabajo de alguna manera forzado; a la mujer, en la actividad doméstica; y al varón, en la hacienda. 
- ¿Cómo impacta, en términos de relaciones de poder, la inserción de la mujer en el mercado laboral?
- Por un lado, ya no alcanza con un ingreso en la familia; y las mujeres, a partir del año 26 del siglo XX, tienen derecho de recibir sus propios sueldos; ya no se lo tienen que entregar al marido.  Y eso le da poder a la mujer. El feminismo norteamericano opina que el trabajo es la forma de liberar a la mujer. No todo el mundo está de acuerdo, pero es la idea  preponderante. Ahora, aquí en la Argentina la cosa es diferente, porque la familia tiene más peso. Sin embargo, en la Argentina hay un fenómeno, el del servicio doméstico, que les ha permitido a muchas mujeres, no sólo a las de clase de alta, sino también a las de clase media, salir de la casa para estudiar o trabajar.  En los Estados Unidos, ese servicio es cubierto por inmigrantes. Pero a las feministas se nos plantea un desafío; que si queremos acabar con esas diferencias de clase, tenemos que aceptar más responsabilidades dentro de la casa; por eso, tenemos más líos con los hombres de la casa para compartir las tareas del hogar. La diferencia entre Estados Unidos y la Argentina es que mientras en Estados Unidos se discute más en el seno de la casa cómo resolver esas situaciones, en la Argentina la discusión se da más en el plano de las leyes. En Estados Unidos, yo conozco feministas que  exigido contratos con sus parejas acerca de quién lava los platos y quién tira la basura. De todos modos, yo creo que, más que las leyes, el ingreso de la mujer a la educación es lo más importante.
- Usted ha estudiado también la prostitución y la beneficencia en la  Argentina....  
- En Argentina, podemos preguntarnos cuándo se invento la clase media; y no hay una respuesta; porque durante muchos años esas clases medias en expansión imitaban a las clases altas; y, para diferenciarse de la mujer trabajadora, tenían que buscar "un otro". Y ese otro fue la prostituta, por lo general, la inmigrante; era el modo de manifestar el temor que generaba la migración internacional. 
- ¿Y la beneficencia? ¿Por qué le interesó?
- Porque los chicos de la calle también son "el otro". Siempre el hilo común es el otro; a través del otro llegamos a conocer quiénes somos; esa es mi metodología. Empecé a mirar a los grupos de mujeres de beneficencia que obraron en favor de los niños de la calle; y a las feministas, que obraron en favor de cualquier madre y de cualquier niño. Las mujeres de beneficencia se dieron cuenta de que no todas las madres podían y querían cuidar a sus hijos, de modo que formaron entidades y orfanatos para proteger a esos chicos; ese fue el primer nivel de las políticas sociales en la Argentina. Podemos ver la formación del Estado de bienestar a través de las políticas de la niñez. La beneficencia, hasta los años 50, siempre recibió aportes del Estado. Hasta fines de los años 40 hubo más de 3.000 obras de beneficencia subvencionadas por el gobierno nacional. Y de eso no se habla, proque en Argentina, cuando se habla de política, se habla de los hombres, de las figuras, de los partidos políticos; pero hay temas que son políticos, y que no aparecen como tales ...Entonces, me dediqué a mirar el valor social del niño, que en la Argentina siempre tuvo su base social en la familia. Es el valor del niño biológico. Siempre hay buena voluntad para el chico que tiene un padre. Pero el chico de la calle es visto como un peligro. 

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