Zambas y chacareras para ahuyentar el frío

El Atahualpa dio para todo. Los jujeños de Coroico alegraron la noche con sayas. Lo de Abel Pintos fue desconcertante y Jorge Rojas apeló a sus baladas románticas.

JORGE ROJAS. El público no quería dejarlo ir en la trasnoche del domingo.
JORGE ROJAS. El público no quería dejarlo ir en la trasnoche del domingo.
17 Agosto 2010
Fueron sólo tres temas, pero bastaron para que a más de un jujeño se le conmoviera el alma. Es que Coroico suena a Quebrada de Humahuaca, carnaval, talco, coca y vasos llenos de líquidos oscuros y potentes (¿vino mezclado con fernet?). En Central Córdoba hacía mucho frío, pero la saya bien fiestera y el diablo carnavalero en el escenario fueron una especie de bálsamo: arroparon al público con el recuerdo de las madrugadas de aire seco de Maimará y de Humahuaca, y entibiaron la noche.
La última jornada del XV Atahualpa tuvo de todo: mucho frío, algo de melancolía, algún desconcierto y, sobre todo, fiesta, esa fiesta festivalera que empuja a aplaudir lo que haya en el escenario, toque quien toque o lo haga como lo haga.
Es posible que gran parte del público (salvo los jujeños, que eran muchos) no haya sabido quiénes eran esos tipos abrigados con chulos que interpretaban música boliviana arreglada como para sonar en un boliche. Pero hay que decirlo: Coroico sabe cómo meter fiesta y en menos de media hora calentaron el ambiente para que los Manseros Santiagueños recibieran una ovación al subir al escenario.
Los Manseros cumplieron al pie de la letra con el ritual festivalero: temas que todo el mundo conoce y canta ("Perfume de carnaval", "Telesita, la manga mota", "Entre a mi pago sin golpear"), chistes salpicados entre canción y canción, y algunos aros. Esta combinación efectiva los obligó a regalar tres bises. El público los despidió a aplauso pelado.
Lo que vino después fue algo desconcertante: Abel Pintos copó el escenario a fuerza de guitarras con distorsión y con un despliegue escénico digno de un soft rocker. Y lo único que logró fue dividir al público (arriba de 13.000 personas). Mientras las jóvenes y las adolescentes le aplaudían obstinadamente cada gesto, los mayores (hombres y mujeres) le transmitieron indiferencia. Especialmente cuando presentó tres canciones de su nuevo disco, "Revolución". Es lógico: sería necio negar que el folclore evoluciona y que se fusiona con otros estilos musicales, pero un recital al estilo de Axel en el medio del Atahualpa queda -como mínimo- un poco descolgado.

El recuerdo

Carlos Sánchez aportó su presencia para que Los Surcos (el grupo que apadrina) se luzcan con "Zamba para olvidar". De todos modos, él también tuvo mérito: de la mano de "Luna Tucumana" llenó el escenario con el recuerdo del conjunto que él integró, el más importante que entregó Tucumán al folclore argentino: Los Tucu Tucu.
Un breve intervalo para ajustar el sonido y llegó lo que la mayoría esperaba: Jorge Rojas. El ex integrante de Los Nocheros recurrió al manual del ritual festivalero: hizo un enganchado de sus temas románticos, sacudió con un par de chacareras potentes y los artistas que lo acompañaron montaron un buen espectáculo de zapateo y danza. Obviamente, el público no quería dejarlo marchar y debió hacer dos bises.
Al final, Los Tekis volvieron al camino que había trazado Coroico al principio de la noche: carnavalitos, sayas y mucha fiesta para sacudirse el frío con el recuerdo del carnaval, de la coca y del vino oscuro y potente.

Quejas por un procedimiento del Ipla

Rubén Urueña, presidente del club Central Córdoba y organizador del Atahualpa, anticipó que hoy realizará una denuncia penal por extorsión en contra de funcionarios del Ipla. El directivo indicó que la institución paga un canon anual para expender bebidas alcohólicas, y que quisieron cobrarle un plus por cada boca de expendio. "Entraron de prepo, como hacen siempre, e hicieron un acta ilegible con la que pretenden demostrar que una mujer compraba bebidas para un menor. Así no se puede trabajar", se quejó.

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