30 Julio 2010 Seguir en 
"Trabajan en malas condiciones y tienen muchas responsabilidades sobre sus hombros. A raíz del conflicto de la salud, los residentes son usados como mano de obra barata para cubrir el déficit de atención". El cuadro fue descripto por Daniela Pérez, jefa de la residencia de Gastroenterología del hospital Padilla. Los médicos residentes de ese centro eviaron sendas notas al director del hospital, Roberto Rodríguez Rey, y a las autoridades del Siprosa, mediante las que expusieron las precarias condiciones en las que prestan servicio. Concretamente, alrededor de 200 profesionales afirman que cobran en tiempo, que no cuentan con el resguardo de una obra social ni de una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART).
Pérez explicó que los nuevos residentes comenzaron a trabajar en junio y que terminarán sus funciones en mayo de 2011. Para pasar de nivel (son tres años de residencia básica y otros tres, de postbásica o especialización), promocionan y rinden un examen. Mientras tanto, en el Siprosa se produce un impasse administrativo o "corte de cargo", por lo que se demora el pago en el nuevo nivel, detalló la profesional. "Los chicos están desde junio sin cobrar y hoy (por ayer) les informaron que nunca ingresó el expediente. Es decir, el cobro se demoraría hasta octubre. El problema es administrativo, pero depende de una decisión política", especificó la médica.
Situación de riesgo
El residente Franco Lafuente contó que el detonante del conflicto fue un accidente. "Un concurrente médico, que está especializándose pero que no cumple un régimen, se pinchó con una aguja mientras trataba a un paciente con HIV. Ahora tendrá que tomar medicación especial durante mucho tiempo; consultó y le respondieron que no se la cubrirán. Eso nos motivó a los residentes a tomar conciencia del riesgo en el que trabajamos", precisó. Especificó que si hasta el jueves próximo no tienen una respuesta, podrían realizar un quite de colaboración, que se sumará al que ya realizan los trabajadores autoconvocados.
"Hoy (por ayer) murió un paciente en Traumatología y los familiares quisieron linchar a un residente, que está en primer año. El chico no tiene ni siquiera el nombramiento; si hay algún problema judicial, él ni siquiera está en el sistema", añadió Juan Manuel Núñez, que cursa los últimos años del ciclo. Recordó que cuando cumplía el primer año le pagaron nueve meses después de comenzar a realizar sus tareas. "Estos trámites deberían ser expeditivos. Sabemos que llevan su tiempo pero trabajamos para el Estado en un ambiente de riesgo, y prácticamente en negro", repudió Núñez.
"Nos usan"
"Estoy cursando la semana 30 del embarazo y no tengo obra social. Viajo todos los días desde Famaillá para cumplir con mi trabajo y ya no tengo a quién pedirle prestado dinero. Es una falta de respeto", se quejó Miriam Juárez. "Soy sostén de mi familia. Tuve que ir al médico y, si bien no me negaron la chequera, para octubre, en la fecha del parto, no tendré cobertura", lamentó Juárez, residente del servicio de Anatomía Patológica del Padilla. Manifestó que cumple nueve horas de trabajo diarias. "No sabemos ni cuánto cobramos. El Gobierno nos usa, porque generó trabajadores médicos de primera y de segunda mano. Pero no respetan ni a unos ni a otros. Gracias a nosotros no se resiente tanto la atención por el paro de los autoconvocados. Estamos en la trinchera y trabajamos en muy malas condiciones", cerró.
LA GACETA intentó comunicarse con el director del Hospital Padilla, pero el teléfono celular permaneció apagado durante toda la tarde de ayer.
Pérez explicó que los nuevos residentes comenzaron a trabajar en junio y que terminarán sus funciones en mayo de 2011. Para pasar de nivel (son tres años de residencia básica y otros tres, de postbásica o especialización), promocionan y rinden un examen. Mientras tanto, en el Siprosa se produce un impasse administrativo o "corte de cargo", por lo que se demora el pago en el nuevo nivel, detalló la profesional. "Los chicos están desde junio sin cobrar y hoy (por ayer) les informaron que nunca ingresó el expediente. Es decir, el cobro se demoraría hasta octubre. El problema es administrativo, pero depende de una decisión política", especificó la médica.
Situación de riesgo
El residente Franco Lafuente contó que el detonante del conflicto fue un accidente. "Un concurrente médico, que está especializándose pero que no cumple un régimen, se pinchó con una aguja mientras trataba a un paciente con HIV. Ahora tendrá que tomar medicación especial durante mucho tiempo; consultó y le respondieron que no se la cubrirán. Eso nos motivó a los residentes a tomar conciencia del riesgo en el que trabajamos", precisó. Especificó que si hasta el jueves próximo no tienen una respuesta, podrían realizar un quite de colaboración, que se sumará al que ya realizan los trabajadores autoconvocados.
"Hoy (por ayer) murió un paciente en Traumatología y los familiares quisieron linchar a un residente, que está en primer año. El chico no tiene ni siquiera el nombramiento; si hay algún problema judicial, él ni siquiera está en el sistema", añadió Juan Manuel Núñez, que cursa los últimos años del ciclo. Recordó que cuando cumplía el primer año le pagaron nueve meses después de comenzar a realizar sus tareas. "Estos trámites deberían ser expeditivos. Sabemos que llevan su tiempo pero trabajamos para el Estado en un ambiente de riesgo, y prácticamente en negro", repudió Núñez.
"Nos usan"
"Estoy cursando la semana 30 del embarazo y no tengo obra social. Viajo todos los días desde Famaillá para cumplir con mi trabajo y ya no tengo a quién pedirle prestado dinero. Es una falta de respeto", se quejó Miriam Juárez. "Soy sostén de mi familia. Tuve que ir al médico y, si bien no me negaron la chequera, para octubre, en la fecha del parto, no tendré cobertura", lamentó Juárez, residente del servicio de Anatomía Patológica del Padilla. Manifestó que cumple nueve horas de trabajo diarias. "No sabemos ni cuánto cobramos. El Gobierno nos usa, porque generó trabajadores médicos de primera y de segunda mano. Pero no respetan ni a unos ni a otros. Gracias a nosotros no se resiente tanto la atención por el paro de los autoconvocados. Estamos en la trinchera y trabajamos en muy malas condiciones", cerró.
LA GACETA intentó comunicarse con el director del Hospital Padilla, pero el teléfono celular permaneció apagado durante toda la tarde de ayer.
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