Los microclimas tucumanos

A un año de las elecciones, los actores económicos temen que el Estado busque financiarse con más presión fiscal. El consumo y los aumentos.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 29 Julio 2010
Microclimas. Esa es una de las características de Tucumán. Se da a niveles políticos donde los dirigentes viven la realidad electoral de querer trascender en los cargos y de sostenerse para no caer en el llano, en el ostracismo político, y también en el económico. Lo de ayer fue una clara demostración que se puede convivir en Tucumán con esos microclimas.

Frío
En un sector de esta ciudad, un grupo de concejales le dio un terrible golpe al bolsillo del ciudadano. Con peleas y discusiones que sólo quedarán para el recuerdo, aprobaron un aumento a $ 2 en el precio del cospel. Si usted tiene que venir al centro a trabajar deberá gastar $ 8 diarios que, mensualizado, se va a $ 180. Más traumático es para aquel que vive en otras zonas del Gran San Miguel de Tucumán, donde el boleto seguramente costará cerca de $ 2,50.

La inflación hace estragos en la sociedad, más si no se tiene un abono para costearse el transporte.

Tibio
En otro lado de la ciudad, los industriales hacen evaluaciones acerca del impacto que dejaron las heladas en la productividad de la actividad. Si bien la cercanía del gobernador José Alperovich con la Casa Rosada evitó una hecatombe en los ingenios, las citrícolas y otras compañías, la solución dada por el ministro de Planificación, Julio de Vido, no es más que una curita para una herida mucho mayor: la falta de gas es estructural, al decir del ex secretario de Energía de la Nación, Jorge Lapeña. De Vido, frente a estos presagios, sólo atinó a negar la crisis. Los industriales radicados en Tucumán están preocupados por el futuro. Sucede que de sostenerse los problemas energéticos, crecerán aún más los costos de producción y, lo que es peor, no habrá energía suficiente para mantener en funcionamiento las fábricas.

Caliente
En el microcentro, los comerciantes están más que preocupados. Si bien las ventas se sostienen en muchos rubros, hay enojo por aquel impuesto encubierto que deben pagar toda vez que le cae una inspección impositiva: las multas. Según algunos hombres de negocio, la situación es bastante complicada y traumática cada vez que un inspector de Rentas o de la AFIP intenta hacer una determinación de oficio. "Por más que tengas la contabilidad al día, siempre encuentran algo", se escuchó refunfuñar a un comerciante con muchos años de experiencia. Según esas voces, con la aplicación de las multas -más allá del efecto no discutido que puede tener ese sistema de penalización en aquellos que no cumplen con el fisco regularmente- el Estado sólo intenta disimular el fuerte crecimiento del gasto público. Este cuadro puede agravarse si es que el Gobierno decide darle otra vuelta de tuerca al nivel de erogaciones antes de las elecciones.

Templado
En la Casa de Gobierno se regula la temperatura social. Los funcionarios saben que, de una u otra manera, pagarán el costo de los aumentos en tarifas y servicios. Se suben al tren kirchnerista de la redistribución del ingreso y hasta el gobernador manda señales de previsibilidad financiera a los empresarios con mayor peso en la cadena comercial. Ayer, por caso, reunió en su despacho a ejecutivos de grandes cadenas comerciales y de financieras regionales para transmitirle que su gestión seguirá inyectando a razón de $ 650 millones mensuales al circuito comercial para sostener el nivel de consumo en Tucumán. Fue música para los oídos de los empresarios.

Una más: Alperovich anunció que el desempleo es cosa del pasado y que el principal aglomerado urbano de la provincia está al borde de tener eso que los políticos llaman pleno empleo y lo que los economistas afirman que es el desempleo natural de una economía en crecimiento sostenido (una tasa cercana al 4%).

La realidad marca que la reducción de ese indicador -que puede ser acompañado en breve por una merma en los niveles de pobreza y de indigencia- es producto de la aplicación de regímenes de subsidios estatales con plazo fijo a seis meses. Después,...Dios proveerá. La fiebre electoral no debe obnubilar las acciones de gobierno. Falta mucho para la contienda, aunque el calor de los discursos políticos puede contribuir al enfriamiento de la economía. Eso es lo que hay que evitar para no repetir ese cíclico cambio de humor de la economía que se evidencia con más desempleo y más pobreza.

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