La final que realmente importa en Bella Vista se jugará el viernes

Los niños disputan un Mundialito que aún no se definió. RECORRIENDO TUCUMAN

ENLOQUECIDO. El electricista Ramón Gómez gritó con toda el alma el gol que le dio el triunfo a España.
ENLOQUECIDO. El electricista Ramón Gómez gritó con toda el alma el gol que le dio el triunfo a España.
12 Julio 2010
Andrés Iniesta le pone el broche de oro al Mundial y España festeja con toda la furia de los primerizos en esto de ser campeones. Pero para los chicos de Bella Vista la competencia no se termina. Si bien este es el primer torneo internacional que muchos de ellos viven con plena conciencia, la final que realmente les interesa es la que se jugará el viernes. Ese día se definirá el Mundialito del que participan equipos de los barrios de la ciudad (representan a países que jugaron en Sudáfrica). Por eso, el partido entre "La roja" y Holanda los inspira para competir y les abre el apetito de gloria.

Alrededor de la camioneta de LA GACETA del Mundial se arremolinan niños con remeras de muchos colores. En sus espaldas se leen los nombres de distintos países. Salvo aquellos que representan a Holanda, el resto hincha por España.

En el Mundialito de Bella Vista hay jugadores, técnicos/as, opiniones y sueños para tirar para arriba. Agustín Carrizo tiene nueve años, vive en el barrio Los Pinos y en su espalda está el mismo número 11 que luce Arjen Robben. "Yo juego como Robben en mi equipo", lanza con desenfado. "Hincho por Holanda, porque a mi me tocó ese equipo y porque juegan bien", explica con la sencillez de su pensamiento de niño.

Franco Latorre hace saltar sus ocho años reclamando que alguien escuche lo que tiene para decir. "Yo juego de siete y quiero ser como Higuaín", se apura a explicar el pequeño del barrio Independencia, que representa a Nigeria. A Nicolás Nieva se le plantea un dilema. Sus compañeros del equipo de Camerún sostienen que es el mejor defensor, pero él quiere ser goleador, como Palermo ¿Y cómo se logra eso? "Cabeceo bien", asegura, para dejar en claro que tiene potencia ofensiva. Cuando le toca el turno de hablar, el resto se calla. Eduardo Nicolás Villalobo les saca una cabeza a la mayoría de los chicos. Tiene 11 años y es el arquero de Serbia. Los demás toman la palabra para asegurar que -como si fuera el IkerCasillas de Bella Vista- nadie le puede hacer goles. "Yo me la banco con cualquier pelota: liviana, pesada, Jabulani, cualquiera", se enorgullece.

Los españoles y los holandeses logran una hazaña quizás más difícil que la de llegar a la final del Mundial: captar la atención de varias decenas de niños a los que les atrae mucho más una pelota de verdad que la que miran correr por televisión.

El 0 a 0 hipnotiza, las amarillas innumerables indignan, la frustración se contagia y la garra inspira. La final está para cualquiera; los dos se la merecen. Pero Iniesta hace estallar un grito colectivo alrededor de la camioneta. Los chicos celebran; España es el campeón. Pero el viernes será el día de la verdad: habrá que ver quién se queda con la gloria en Bella Vista, la que a ellos realmente les importa.

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