La megafiesta del reggaeton empezó al mediodía

La previa estuvo marcada por la alegría y la impaciencia de los fanáticos. Remeras y vinchas para todos.

A LOS GRITOS. El entusiasmo se mantuvo en alto durante todo el show.
A LOS GRITOS. El entusiasmo se mantuvo en alto durante todo el show.
26 Mayo 2010
La ansiedad hizo madrugar a cientos de fanáticos, que pasado el mediodía empezaron a formar la fila para ingresar a la cancha de Atlético. Cuando se abrieron las puertas, a las 18.30, ya eran miles los que aguardaban impacientemente encontrar el mejor lugar para ver el show.
El perfume se mezcló en las veredas con el humo de los choripanes. El frío todavía no dolía, como cuando el recital terminó, pero el fervor del público le puso calor a la tarde. Las canciones de Wisin & Yandel se escuchaban en teléfonos celulares y en las gargantas de muchos chicos. Solos, o acompañados por padres o hermanos mayores, fueron ellos los dueños de la fiesta del reggaeton en Tucumán.
Afuera del estadio los vendedores ambulantes hicieron su agosto. Vinchas a $ 5, remeras a $ 30 o $ 40, y pósters a $ 10 formaron parte de la colorida oferta del merchandising no oficial del dúo puertorriqueño.
Las canciones se sucedían en las distintas filas. La de la popular fue la más bullanguera y colorida. Allí, las vinchas y remeras se cruzaron con las banderas que flameaban. Fue el precalentamiento para los gritos, que durante el show fueron ensordecedores.
Durante las casi dos horas de espera adentro del club, los cánticos se repitieron y el único puesto de venta de remeras (a $ 20) se quedó sin mercadería media horas antes del inicio del show. Lo mismo les pasó a los vendedores de gaseosas, panchitos y empanadas, aunque los que ofrecían pochoclo tardaron más en colocar su mercancía.
Sin sobresaltos
Todo se desarrolló en orden. La Policía se limitó a orientar al público y a cortar el tránsito a dos cuadras del estadio. No hubo corridas ni problemas. Lo mismo ocurrió a la salida, con la excepción del momento en el que el dúo abordó su camioneta y partió. Unos 300 chicos corrieron hacia ese lugar, peor sólo pudieron ver que alguien (tal vez Wisin o Yandel) saludaba desde una ventanilla. Las vallas y el control policial le permitieron a los artistas salir sin problemas por 25 de Mayo hacia Bolivia. La camioneta salió como había llegado: precedida por dos motos policiales con las balizas y las sirenas encendidas.
La caminata por los corredores armados por la Policía fue tranquila, hasta que empezaron a aparecer los primeros taxis libres. Todos se agolpaban para conseguir uno, mientras muchos más prefirieron caminar hasta la avenida Sarmiento y conseguir allí en qué regresar a casa. A esa altura la mayoría había tomado conciencia de que Puerto Rico, a pesar de todo, sigue estando lejos y que en esta época hace frío en Tucumán.

Todo estuvo  bajo control
El operativo de seguridad, integrado por 300 policías, se desplegó muy temprano en los alrededores del club. Más de un centenar de vigilantes, entre uniformados y agentes de seguridad privada, custodiaron el interior del estadio. Todo estuvo bien organizado. Antes del show se repitieron los mensajes acerca de cómo evacuar el predio en caso de urgencia, y cómo salir al final del espectáculo.

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