Sobre la forma en que se enseñaba Geografía en los colegios de Tucumán en la segunda década del siglo XX, puede ser ilustrativa la carta que el ingeniero Antonio M. Correa -quien sería autor de la pionera "Geografía de Tucumán" en 1925- envió a su amigo José R. Fierro en 1919. En esos días, Fierro había dado una conferencia donde sostuvo la necesidad de enseñar la disciplina con métodos pedagógicos modernos.
Correa lo felicitaba porque, decía, "a este estudio le ha dado usted avances científicos, desestimando las publicaciones que, como simples noticias del almanaque o guías comerciales, corren impresos por todos los establecimientos de educación, de negocios y de recreo, sin aportar nada al estudio didáctico de la geografía, que ya es una ciencia, en el verdadero sentido de la palabra". Estaba de acuerdo con Fierro que la forma de enseñar actual debía modificarse, "en el sentido de hacerla más comprensible y sencilla, apartándose un tanto de los textos rutinarios, sin abandonar por eso su carácter científico. La geografía entra por los ojos, ayudando naturalmente la inteligencia para poder distin guir lo que corresponde como importancia y riqueza de cada región". Observaba que, "triste es decirlo, pero las guerras más cruentas o más crueles son las que enseñan mejor la geografía, porque sus detalles interesan sobremanera a los jóvenes estudiantes, como a los hombres de reflexión y de criterio formado". Correa había comprobado perfectamente esto, decía, con motivo de la contienda mundial de 1914-18.
Correa lo felicitaba porque, decía, "a este estudio le ha dado usted avances científicos, desestimando las publicaciones que, como simples noticias del almanaque o guías comerciales, corren impresos por todos los establecimientos de educación, de negocios y de recreo, sin aportar nada al estudio didáctico de la geografía, que ya es una ciencia, en el verdadero sentido de la palabra". Estaba de acuerdo con Fierro que la forma de enseñar actual debía modificarse, "en el sentido de hacerla más comprensible y sencilla, apartándose un tanto de los textos rutinarios, sin abandonar por eso su carácter científico. La geografía entra por los ojos, ayudando naturalmente la inteligencia para poder distin guir lo que corresponde como importancia y riqueza de cada región". Observaba que, "triste es decirlo, pero las guerras más cruentas o más crueles son las que enseñan mejor la geografía, porque sus detalles interesan sobremanera a los jóvenes estudiantes, como a los hombres de reflexión y de criterio formado". Correa había comprobado perfectamente esto, decía, con motivo de la contienda mundial de 1914-18.







