15 Marzo 2010 Seguir en 
Las mañanas mojadas suelen complicar la circulación en el centro de la capital. Caminar con paraguas por las veredas angostas, que en horarios pico están atestadas de transeúntes, es la más minúscula de las molestias. Cada vez que llueve, el transporte se paraliza. Los taxis no paran o pasan todos ocupados y los colectivos van repletos. Las baldosas sueltas, los automovilistas desconsiderados que salpican agua y la congestión vehicular se suman a los inconvenientes. LA GACETA te invita a dejar aquí tu relato al respecto. ¿Cómo fue, esta mañana, tu camino al trabajo? Una selección de los mejores comentarios puede después ser publicada en el diario impreso. LA GACETA ©
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