15 Marzo 2010 Seguir en 
Dar o no dar limosna. Un amargo debate interno viven muchas personas cada vez que un niño se les acerca a pedirles una moneda.
"La actividad de los chicos en la calle se mantiene gracias a un intercambio con el medio social. Ellos piden porque saben que alguien les va a dar", reconoce la subdirectora de Niñez y Adolescencia, Ana Véliz. Como ejemplo, cuenta que en 2008 se hizo una experiencia con los chicos que limpiaba los vidrios de los autos en la plazoleta Mitre. "Los comerciantes de la zona por una razón u otra -a veces por miedo a que los chicos les hagan daño- los ayudaban con el agua para limpiar. Entonces, cada vez había más chicos. Era peligroso para ellos, porque se metían entre los autos y hasta se bañaban en la fuente. Cuando los operadores comenzaron a trabajar con los comerciantes, el número de chichos se redujo, cuenta Véliz.
Riesgos
"De la misma manera hay chicos que se suben a los colectivos a mendigar o a vender tarjetitas porque se lo permiten. Los que suben en la Terminal se van al interior, lo que es riesgoso para los chicos. Entiendo que haya una cuestión de sensibilidad social, pero lo ideal es que no se le entregue la moneda, porque en tanto se sostenga desde el medio social, el trabajo infantil va a seguir", advierte.
"No siempre el dinero que consiguen los niños es para comer o ayudar en sus casas. Muchas veces es para sus propios gastos, para ir al ciber, para comprarse zapatillas -no cualquiera sino las mejores que pueden-, y sus padres lo saben y lo aprueban. Los chicos son muy consumistas. Y a pesar de que algunos grupos están sostenidos con becas, no logramos que abandonen la calle. Esto se entiende porque llevan cuatro o cinco generaciones en la mendicidad. Es como si sus prioridades pasaran por otro lado. Por sacar créditos para comprar televisores y celulares, cuando viven de un plan", observa Véliz.
"Cuando se les habla a las madres para pedirles que no manden a sus hijos a la calle, ellas piden un plan social antes de que el chico participe en cualquier actividad. Es muy difícil luchar contra este sistema de intercambio", reconoce. Pero entiende que la erradicación del trabajo infantil implica una tarea comunitaria.
"Necesitamos que la gente llame al número 102 cuando vea un niño en la calle o drogándose. Puede ser que el móvil no esté cerca (hay una sola trafic), pero va a llegar", afirma la directora de Niñez y Adolescencia, Fátima Forte.
"La actividad de los chicos en la calle se mantiene gracias a un intercambio con el medio social. Ellos piden porque saben que alguien les va a dar", reconoce la subdirectora de Niñez y Adolescencia, Ana Véliz. Como ejemplo, cuenta que en 2008 se hizo una experiencia con los chicos que limpiaba los vidrios de los autos en la plazoleta Mitre. "Los comerciantes de la zona por una razón u otra -a veces por miedo a que los chicos les hagan daño- los ayudaban con el agua para limpiar. Entonces, cada vez había más chicos. Era peligroso para ellos, porque se metían entre los autos y hasta se bañaban en la fuente. Cuando los operadores comenzaron a trabajar con los comerciantes, el número de chichos se redujo, cuenta Véliz.
Riesgos
"De la misma manera hay chicos que se suben a los colectivos a mendigar o a vender tarjetitas porque se lo permiten. Los que suben en la Terminal se van al interior, lo que es riesgoso para los chicos. Entiendo que haya una cuestión de sensibilidad social, pero lo ideal es que no se le entregue la moneda, porque en tanto se sostenga desde el medio social, el trabajo infantil va a seguir", advierte.
"No siempre el dinero que consiguen los niños es para comer o ayudar en sus casas. Muchas veces es para sus propios gastos, para ir al ciber, para comprarse zapatillas -no cualquiera sino las mejores que pueden-, y sus padres lo saben y lo aprueban. Los chicos son muy consumistas. Y a pesar de que algunos grupos están sostenidos con becas, no logramos que abandonen la calle. Esto se entiende porque llevan cuatro o cinco generaciones en la mendicidad. Es como si sus prioridades pasaran por otro lado. Por sacar créditos para comprar televisores y celulares, cuando viven de un plan", observa Véliz.
"Cuando se les habla a las madres para pedirles que no manden a sus hijos a la calle, ellas piden un plan social antes de que el chico participe en cualquier actividad. Es muy difícil luchar contra este sistema de intercambio", reconoce. Pero entiende que la erradicación del trabajo infantil implica una tarea comunitaria.
"Necesitamos que la gente llame al número 102 cuando vea un niño en la calle o drogándose. Puede ser que el móvil no esté cerca (hay una sola trafic), pero va a llegar", afirma la directora de Niñez y Adolescencia, Fátima Forte.








