Por dónde empezar... Por el inicio a toda orquesta de Atlético, por su debacle futbolística tocando la mitad de la canción o por ese final con carambola y sentencia de hazaña. En realidad, cualquiera sea el punto de partida, el balance será el mismo. Los "decanos" no pueden ganar, aunque el 1 a 1 de ayer se haya pintado con color de victoria. Todo tiene una explicación. Si la pelota no rueda como corresponde, será imposible hilvanar tres toques seguidos y llegar al área del contrario con cierto peligro.
Newell's vino a hacer su negocio y se fue dentro de todo satisfecho. Se paró de contra y esperó su chance. Atlético, en cambio, salió desabotonado a buscar de guapo la victoria y casi se queda sin nada. Más allá de la buena noche de la defensa, la gestión empresarial del "decano" no rinde, no desnivela en conjunto por más que invierta fortunas de sacrificio. Arrimar peligro al enemigo es más bien un deseo que una realidad. Para colmo, si sus delanteros no están finos, habrá un arquero salvador del otro costado esperando el momento para transformarse en figura. La suerte es esquiva por estos días en 25 de Mayo y Chile. Por eso, era de suponerse que el cielo iba a cambiar a un color rojo y negro. Para desgracia del visitante, Ischuk se hartó de ahogarle goles a Formica, al lungo uruguayo y a quien se animó. Salvo a Sperdutti, que consagró el 1 a 0 parcial con un disparo inatajable para "San Lucas".
El duelo se esfumaba y en las retinas de los aficionados locales sólo quedaban imágenes grabadas de una doble tapada de Peratta a Gigliotti y Escobar, y de un manotazo del uno a un frentazo tremendo de Barone. La postal era la misma de siempre: gris, oscura y con un cero bien grande de adorno al costado.
Y justo, en una de las últimas movidas desenfrenadas del dueño de casa, Emanuel bancó las piernas rosarinas en el área y cedió a Fabio a duras penas el balón. El paraguayo pifió el disparo y Pereyra, de zurda, cantó con fuerza el 1 a 1. Que pudo haberse estirado a 2 a 1 si el propio Pereya no hubiera fallado una palomita solitaria. Al final de cuentas, el resultado fue justo. El que pudo haber ganado no lo hizo y el que intentó hacerlo sigue sin tomar vuelo para asustar ni comerse a la presa.












