"No somos todos iguales", se defienden

Se quejan de los maltratos y de las amenazas.

ESTRESANTE. Varitas dicen que tratar con los infractores no es una tarea fácil. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
ESTRESANTE. Varitas dicen que tratar con los infractores no es una tarea fácil. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
25 Enero 2010
Los suelen meter en la misma bolsa. Y muchos de ellos sufren porque no quieren estar en esa bolsa de basura, como la llaman. Sufren maltratos, amenazas, presión e incomprensión.

"No somos todos iguales. Pero ya hubo demasiadas denuncias de corrupción y uno queda marcado aunque quiera hacer lo justo. A veces, te insultan hasta que te sacan de quicio. El tucumano no respeta al inspector, hace lo que quiere. Usted no se da cuenta del nivel de estrés que uno carga", se desahoga Manuel Ibáñez, varita de una esquina céntrica.

No es fácil tratar con los infractores, asegura Ibáñez. Primero aclara que nunca participó de un acto de corrupción y luego detalla que para que haya cohecho se necesitan dos personas, alguien que ofrezca y alguien que reciba. O alguien que exija y otro que dé. "Cuando me hablan de coimas yo dijo: el deber del ciudadano es denunciar una conducta indebida. El problema es que muchas personas no delatan estos actos porque saben que tuvieron que ver en la conducta indebida", dispara.

De rosa se tiñó la Dirección de Tránsito con el objetivo de limpiar la imagen de los inspectores: se eligió ese color para que sean conciliadoras, pero que busquen hacer cumplir la ley con firmeza. Sin embargo, las agentes también sienten los efectos de la mirada social y aseguran que su labor en la calle muchas veces se ve amenazada por la violencia que manifiestan los conductores.

"El tucumano no quiere cumplir la ley y menos le gusta que lo obliguen. Es común que te digan: ’por favor, vea, no quise hacerlo’. Si no le perdonás las súplicas se convierten en insultos cuando no llegan a hechos violentos", recalca Gabriela, quien debe controlar las infracciones en una esquina céntrica que, pese a estar semaforizada, registra un sinfín de transgresiones a las normas de tránsito.

"La normativa está hecha para cumplirse. Aquí el malo de la película, lamentablemente, es el que tiene que hacerla cumplir", agregó la inspectora.

Intentos infructuosos

La llegada de las mujeres no fue la única estrategia para reducir la corrupción. Desde hace un tiempo funciona un sistema a partir del cual los inspectores cobran una especie de comisión por las actas que labran de cada infracción. Esta medida tampoco logró cambiar la imagen de la repartición. La Policía Vial de Tucumán es la más nueva en lo que se refiere a controles de tránsito. Uno de los aspectos en los que insistieron sus autoridades fue en imponer una imagen de agentes incorruptibles. Sin embargo, no ha sido fácil -y todavía no es posible- conseguir el respeto de los conductores. "El tucumano siempre desconfía del policía de tránsito. Es normal que te traten mal, que te insulten y si es posible ni siquiera paran cuando hay un control o se escapan al verte", contó Miguel, un policía que suele hacer operativos en las rutas.

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