Llamada para cobrar

Desesperado, Boudou llamó a Alperovich en busca de apoyo político. El karma de ser kirchnerista.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 18 Enero 2010
El miércoles 13 no fue un buen día para ese marplatense que no tuvo más que sinsabores en el año del Bicentenario. Se sentó en su despacho a meditar sobre una estrategia más política que económica. Los diarios del día titulaban acerca de la decisión del juez de Nueva York, Thomas Griesa, quien dispuso un embargo sobre las cuentas del Banco Central en la Reserva Federal de EEUU. Su rival, Martín Redrado, trataba de ponerle paños fríos al asunto.

Preocupado, el ministro de Economía, Amado Boudou, el hombre en cuestión, buscó alianzas entre los gobernadores kirchneristas. "Ayudame José", le dijo del otro lado del teléfono al gobernador de Tucumán, José Alperovich. Ese mismo día, el mandatario avanzó en contra de otro amigo (Redrado) y de un político al que nunca le cayó bien: Julio Cobos. En este último caso, Alperovich lanzó críticas sin pensar que ellas pudieron volverse en su contra, como un bumerán. El radical que se convirtió al justicialismo dio un paso en falso. Sin embargo, no traicionó al kirchnerismo. Tampoco a Boudou.

Desde que arrancó el año, los funcionarios del Poder Ejecutivo intentaron, en vano, que los atienden -al menos telefónicamente- en algún despacho con decisión financiera en el Gobierno nacional. Hay premura por sostener la estabilidad financiera durante el primer trimestre del año, el más crítico al decir de los funcionarios alperovichistas. La llamada llegó de la persona menos pensada (Boudou). Y puede convertirse en una comunicación a cobrar.

Hacia fines del año pasado, el Ministerio de Economía de la provincia presentó su informe preliminar a Alperovich sobre las proyecciones financieras para 2010. "Para transitar el primer trimestre con tranquilidad, nos faltan $ 160 millones", le transmitió el ministro Jorge Jiménez al gobernador. Esa es la estrategia para hacerse de más recursos extra. La otra está vinculada con el ajuste en el gasto público que este año puede llegar a los $ 450 millones, con la disminución del 17% de las partidas presupuestarias para distintas áreas del Poder Ejecutivo, con excepción de aquellas que administran los servicios esenciales para el ciudadano.

Generalmente el encargado de atender los asuntos de provincias en el Palacio de Hacienda es el secretario del área, Juan Carlos Pezoa. Sin embargo, la obsesión de Boudou por hacerse notar es tan grande que él mismo está dispuesto a comandar la relación fiscal con las provincias. Esta semana puede haber reuniones en Buenos Aires con el fin de avanzar en los anticipos financieros que los gobernadores necesitan para atender la deuda que vence este año. En ese contexto se inscribe la demanda de dos adelantos financieros que solicitará Tucumán: uno por $ 100 millones y otro por $ 60 millones (hacia fines de febrero). Lo admitió el propio Alperovich antes de tomarse unos días de descanso en Punta del Este.

Los nervios de Boudou se desnudan en cada declaración pública que efectúa. Un día con irritación. Otro con súplicas para que se termine el calvario del Fondo del Bicentenario y sus trabas. Se menciona insistentemente a Mario Blejer como su sucesor, pero el economista cordobés no tiene interés en agarrar una brasa caliente. Ni el Banco Central ni el Ministerio de Economía. Blejer está preparando las valijas para ir, primero a Viena y, luego, a Davos, donde -a fines de mes- será el principal disertante de una cumbre sobre el "Nuevo sistema financiero internacional".

En la Casa de Gobierno tucumana no cortan los vínculos con los que están y con los que posiblemente lleguen al gabinete kirchnerista. Más allá de las minivacaciones, Alperovich tiene línea directa con la Casa Rosada, desde donde instruyen a los aliados sobre los pasos que darán para no ceder ante los avances de la oposición parlamentaria.

Mientras Boudou reza para que no haya más embargos sobre las cuentas del Banco Central y que se termine -de una vez por todas- la pesadilla del BCRA, Alperovich descansa, con la esperanza de que esos nubarrones no se formen en el horizonte tucumano. La inembargabilidad de las cuentas provinciales rige por seis meses. Luego, Dios dirá. El karma kirchnerista acosa a Alperovich.

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