Se viene el año de la austeridad forzosa

Alperovich tendrá un 2010 duro, con el imperativo de bajar gastos y de seducir políticamente a la clase media.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 31 Diciembre 2009
Se cierra un año complicado para la gestión del gobernador José Alperovich. Tal vez el más difícil de los seis que lleva al frente del Poder Ejecutivo. Las elecciones de fines de junio han marcado un antes y un después en la estructura alperovichista. La derrota kirchnerista sensibilizó al oficialismo. El gobernador debió salir a testear las lealtades políticas y a redistribuir cuotas de poder acotado para tranquilizar los ánimos de la dirigencia. En este 2009 que se va, Alperovich se recibió de "niño mimado" del matrimonio presidencial. Nunca antes de lo vio como ultrakirchnerista tanto como ahora. Y le está costando una elevada exposición mediática que puede derruir su imagen más pronto que tarde, incluso antes de que defina si su futuro político estará en Tucumán o en la Capital Federal.
En los papeles, el kirchnerismo lo maltrató desde el punto de vista financiero. Tucumán recibió $ 198 millones menos de lo presupuestado por las transferencias de coparticipación, una cifra equivalente a una planilla salarial mensual de los 80.000 estatales. Más allá de ese escenario fiscal, ha quedado claro que Tucumán no es Jujuy. Cerró el año con un déficit presupuestario cercano a los $ 12 millones, pero con los sueldos al día. Alperovich supo decir que durante su gestión los sueldos no serían tema de preocupación. La situación cambió poco antes de que la economía pasara del crecimiento a la recesión. Párrafo aparte el caso sobre si la Casa Rosada giró discrecionalmente más recursos a la provincia que a otros distritos. Eso resulta difícil establecerlo. No se mide en términos financieros, sino con el fiel de la política.
Se viene el año de la austeridad del peso o del peso de la austeridad. 2010 será así porque el Gobierno nacional no girará más plata de la pautada durante la primera mitad de ese año. Está decidido a guardar plata para la feroz campaña preelectoral que se viene. Y eso replicará en Tucumán.


El semestre del ajuste
El primer semestre será duro, de ajuste presupuestario que, en algunos casos, superará el 17% proyectado por el ministro de Economía, Jorge Jiménez. Alperovich ya ha dado instrucciones para aplicar la restricción. Es posible que se observe un escenario de ministros sin caja o con el dinero justo para atender las necesidades de sus áreas. Más que siempre, el gobernador se sentará en la caja y digitará el destino de las partidas.
El ajuste no merodeará sólo en la Casa de Gobierno. Saldrá de gira por el interior para evitar la proliferación de nombramientos en los municipios y en las comunas rurales. El tema ha dejado este año una huella que al Ejecutivo le encendió una luz de alerta. Hace pocos meses, una intendencia de primera categoría ha recibido la "visita" de los inspectores de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Las inspecciones de ese organismo a instituciones públicas no son habituales. Sucede que en esa intendencia fiscalizada se constató la existencia de empleados en negro (algunos hablan de 200 casos) y que le costó una multa no inferior a los $ 80.000, una cifra que bien podría haberse destinado a soluciones alimentarias o habitacionales o a financiar mínimamente alguna obra vecinal. Ese no fue el único caso amargo, tanto como el limón. Las denuncias se repitieron en otras jurisdicciones, pero con menos trascendencia. Eso es el peso de la austeridad.


Semestre preelectoral
Apenas concluya junio de 2010, el aparato alperovichista volverá a ponerse en movimiento para revalidar los títulos en 2011, con o sin el líder político en las boletas provinciales. El segundo semestre puede considerarse como el período de los conflictos internos en el gabinete, por los posicionamientos hacia las elecciones de dentro de dos años. Hay funcionarios que aspiran a conseguir el manejo de los planes sociales para poder exhibirse en la vitrina electoral. También están aquellos que quieren escalar. Habrá dirigentes territoriales que querrán ser intendentes o legisladores, en desmedro de los que hoy ocupan esos cargos y que rezan la fe alperovichista. "No es descabellado pensar que se robarán las cintas para cortarlas junto con el gobernador cuando se habiliten obras en sus distritos", graficó un hombre cercano al mandatario.
Durante este tiempo de la austeridad, el Gobierno deberá replantear su política de inversión para atender la fuerte demanda de obras públicas, actividad que se acelera toda vez que se avecina un proceso electoral. Desde el Ejecutivo señalan que se intentará mantener el ritmo de los trabajos para que no decaiga más la popularidad del gobernador en el electorado.
2010 también será el año de la reconstrucción de la imagen del mandatario en la clase media. Alperovich saber -no sólo por las encuestas que les acerca el analista Hugo Haime- que esa franja social es la que más le dio la espalda. Y argumentos no le faltan para no acompañar a la gestión, ya que fue el sector que más soportó las subas de servicios y de impuestos. El año de la recesión le deja la posta al año de la austeridad forzosa.

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