Pensar en la aplicación de multas

Un problema cultural y un síntoma de las ciudades con índices de deserción escolar grande. Por Alfredo Toscano - ex subsecretario de Servicios Públicos.

MONEDA CORRIENTE. Vandalismo y basura se apropian durante los fines de semana del lago San Miguel. LA GACETA / FRANCO VERA
MONEDA CORRIENTE. Vandalismo y basura se apropian durante los fines de semana del lago San Miguel. LA GACETA / FRANCO VERA
20 Diciembre 2009
Desde siempre, el espacio público no tiene dueño, según la concepción de la mayoría. Es necesario impulsar la creación de un  Manual de Convivencia Ciudadana, en el que participen todos los sectores de la comunidad, de los tres poderes, colegios de profesionales y las ONG. Este manual debería abarcar los temas comunes a todos los ciudadanos: plazas, parques, sendas peatonales, alumbrado, rotura de mobiliario urbano. También el uso de baños públicos, de lagos, de fuentes, del mobiliario de los CAP y de hospitales públicos, etcétera.
Lamentablemente, en la mayoría de las ciudades del país todos los espacios comunes o públicos sufren ataques constantes de los mismos usuarios. Nuestra ciudad no escapa a esa regla general. Debemos dejar en claro que ni la Policía ni la Municipalidad por sí solas podrán combatirlo. La solución debe venir de una conjunción de factores y de una diversidad de medidas.
Hay cosas que se vinieron haciendo y que ayudan. Por ejemplo, la instalación de cámaras que ahuyentan a los vándalos (la plaza Independencia tiene en sus esquinas no sólo las que instaló el municipio sino también la de los canales de televisión). Es clave la presencia de policías y placeros, especialmente de noche. Los placeros deben tener comunicación al instante con la Policía para que su labor sea respetada. A esto se deben sumar campañas de concientización de usuarios sobre el uso de los espacios verdes. Sin esto, las medidas no tendrán efectividad.
En los últimos seis años se avanzó bastante. Se mejoraron los parques, la iluminación, el mobiliario urbano. Volvieron las flores a las rotondas, plazas y parques y hubo programas de forestación.
La gran materia pendiente es la educación de los usuarios y el recambio de las áreas de juegos infantiles de todos los espacios verdes. Estos deben cumplir con las medidas de seguridad que prevé la legislación nacional y deben cumplir con las normas IRAM.
Se debe cercar con rejas de muy baja altura el césped, a fin de preservarlo. También colocar señales con indicaciones precisas sobre las cosas que se pueden hacer y las que no están permitidas.
Las plazas son lugares de encuentro y deben seguir siéndolo. Históricamente fue así. Aquí debemos diferenciar bien lo que son las plazas dentro de las cuatro avenidas y las que están en los barrios. Son realidades distintas. En esta época de receso escolar y vacaciones, las plazas de barrios se llenan de vida, de juegos, de actos cívicos. El cuidado y esmero que brindan los frentistas en los barrios es de mayor compromiso que el que existe dentro de las cuatro avenidas.
El vandalismo es un problema cultural y es un síntoma de las ciudades con índices de deserción escolar grande y con índices elevados de desocupación. Una cosa es usar los espacios verdes para esparcimiento, rélax, o como lugar de descanso o lectura, o de encuentro de la familia, y otra muy diferente cuando los usan quienes deambulan sin destino, quienes no van a divertirse sino a destruir las plazas.
Los espacios verdes destruidos son el reflejo de la permanencia de personas sin ocupación y sin contención. Se debería pensar en una legislación que multe a los que dañan los espacios públicos, como se sancionó años atrás en la Capital Federal a los peatones. No es una medida fácil de aplicar, pero se la debería practicar. Habría que fijar multas que obliguen a los infractores a reparar el daño. Si son empleados del Estado, se debería hacer un descuento de haberes.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios