28 Noviembre 2009 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El 10 de noviembre, el oficialismo no dio quórum para tratar en comisión dos proyectos para el establecimiento del matrimonio gay en la Argentina, pese a que contaban con un respaldo transversal de la Cámara de Diputados.
La decisión política, como todas bajo el kirchnerismo, partió de la Rosada y significó una tregua con la Iglesia para no enturbiar este viaje de la jefa de Estado a Ciudad del Vaticano.
Ese tipo de leyes, junto con la legalización del aborto -a la que Cristina Kirchner nunca suscribió-, enervan a la Santa Sede y a sus representantes de los episcopados. Si en Diputados los proyectos de la filokirchnerista Vilma Ibarra y la socialista Silvia Augsburger prosperaban, Cristina hubiese corrido el riesgo de que Benedicto XVI hiciera algún planteo que opacara una celebración histórica y alimentara el aura de conflictividad que rodea a los K. La Iglesia volvió a bajar en los últimos meses mensajes de fuerte contenido político como las advertencias sobre la exclusión y la conflictividad social. Esos diagnósticos molestan a la Rosada. Y más allá de la tregua, los recelos permanecerán hasta el final del mandato de Cristina Fernández de Kirchner.
La decisión política, como todas bajo el kirchnerismo, partió de la Rosada y significó una tregua con la Iglesia para no enturbiar este viaje de la jefa de Estado a Ciudad del Vaticano.
Ese tipo de leyes, junto con la legalización del aborto -a la que Cristina Kirchner nunca suscribió-, enervan a la Santa Sede y a sus representantes de los episcopados. Si en Diputados los proyectos de la filokirchnerista Vilma Ibarra y la socialista Silvia Augsburger prosperaban, Cristina hubiese corrido el riesgo de que Benedicto XVI hiciera algún planteo que opacara una celebración histórica y alimentara el aura de conflictividad que rodea a los K. La Iglesia volvió a bajar en los últimos meses mensajes de fuerte contenido político como las advertencias sobre la exclusión y la conflictividad social. Esos diagnósticos molestan a la Rosada. Y más allá de la tregua, los recelos permanecerán hasta el final del mandato de Cristina Fernández de Kirchner.









