La cabeza de Marco Avellaneda
Versiones sobre lo ocurrido con el sangriento trofeo. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.
26 Noviembre 2009 Seguir en 
El jefe de la Liga del Norte contra Rosas, doctor Marco Manuel de Avellaneda, fue degollado en 1841 en Metán, por orden de Manuel Oribe. Este dispuso que la cabeza se expusiera en la plaza de Tucumán sobre una pica, para escarmiento. Luego la cabeza fue retirada en secreto por doña Fortunata García de García, y sepultada.
Sobre este episodio no hay documentos, sino una perdurable tradición. Por lo tanto, existen múltiples versiones. Juan M. Méndez Avellaneda las recopila en su libro "Alejandro Heredia I. Marco Avellaneda II". Según Ramos Mejía, el oriental Alegre habría traído la cabeza desde Metán en una caja. Estuvo expuesta varios días en la hoy plaza Independencia.
Escribe Adolfo Saldías que doña Fortunata hospedaba en su casa al coronel Carvallo, oriental, oficial de Oribe. Un día le rogó que retirara la cabeza de la pica. Carvallo accedió, la hizo sacar y se la entregó. Doña Fortunata la hizo enterrar, según Groussac, en la Capilla de Jesús (hoy Colegio de las Esclavas).
Versiones recogidas por Ernesto Padilla incluyen otras variantes. Unos dicen que la sacó la misma Fortunata, con sus dos hijas; que la escondió en su casa, y luego la inhumó en el cementerio del Señor de la Paciencia (hoy Buen Pastor). Otros afirman que el primer escondite fue detrás del altar mayor de San Francisco. Y hay quienes aseguran que allí estuvo varios años, hasta que la entregaron a la familia Avellaneda.
En cuanto a documentos, sólo se conoce una mención sugestiva. En LA GACETA del 16 de agosto de 1940, se cita el párrafo de una carta de Nicolás Avellaneda a Próspero García, del 16 de septiembre de 1869. Al final, le encarga dar "mis afectuosos recuerdos a misia Fortunata, tan querida para nosotros". En 1888, Marco Avellaneda (h), en carta a su hermano Eudoro, anunciaba que llevarían a la Recoleta "al sepulcro de nuestro padre, su cabeza, que es lo único que conservamos de sus restos".
Sobre este episodio no hay documentos, sino una perdurable tradición. Por lo tanto, existen múltiples versiones. Juan M. Méndez Avellaneda las recopila en su libro "Alejandro Heredia I. Marco Avellaneda II". Según Ramos Mejía, el oriental Alegre habría traído la cabeza desde Metán en una caja. Estuvo expuesta varios días en la hoy plaza Independencia.
Escribe Adolfo Saldías que doña Fortunata hospedaba en su casa al coronel Carvallo, oriental, oficial de Oribe. Un día le rogó que retirara la cabeza de la pica. Carvallo accedió, la hizo sacar y se la entregó. Doña Fortunata la hizo enterrar, según Groussac, en la Capilla de Jesús (hoy Colegio de las Esclavas).
Versiones recogidas por Ernesto Padilla incluyen otras variantes. Unos dicen que la sacó la misma Fortunata, con sus dos hijas; que la escondió en su casa, y luego la inhumó en el cementerio del Señor de la Paciencia (hoy Buen Pastor). Otros afirman que el primer escondite fue detrás del altar mayor de San Francisco. Y hay quienes aseguran que allí estuvo varios años, hasta que la entregaron a la familia Avellaneda.
En cuanto a documentos, sólo se conoce una mención sugestiva. En LA GACETA del 16 de agosto de 1940, se cita el párrafo de una carta de Nicolás Avellaneda a Próspero García, del 16 de septiembre de 1869. Al final, le encarga dar "mis afectuosos recuerdos a misia Fortunata, tan querida para nosotros". En 1888, Marco Avellaneda (h), en carta a su hermano Eudoro, anunciaba que llevarían a la Recoleta "al sepulcro de nuestro padre, su cabeza, que es lo único que conservamos de sus restos".







