"Tucumán es una ciudad muy potente"

El ex alcalde de Barcelona dijo que generar conciencia colectiva es complejo y que una salida es crear símbolos comunes y compartirlos. Según Pasqual Maragall, la polución es uno de los grandes problemas ambientales. "Las urbes tienen mucho que decir sobre la felicidad de su gente", señaló.

CONFERENCIA. El encuentro de representantes de ciudades de América latina y Europa generó gran expectativa. LA GACETA / JOSE NUNO
CONFERENCIA. El encuentro de representantes de ciudades de América latina y Europa generó gran expectativa. LA GACETA / JOSE NUNO
25 Noviembre 2009
Su mirada desnuda optimismo. Es simpático y le encanta trenzar humor inteligente con ironía. No es mezquino a la hora de desparramar sus conocimientos, que son demasiados. Pasqual Maragall sabe mucho sobre grandes urbes. A pocas horas de haber llegado a Tucumán, desde España, se refiere a nuestra capital y arriesga: "veo una ciudad potentísima, vibrante y con mucha personalidad".
Fue alcalde de Barcelona durante 15 años y presidente de la la Generalitat de Catalunya (Gobierno catalán) otros tres. Para los españoles se ha convertido en un personaje entrañable. No es para menos. Fue uno de los autores más importantes del cambio de rostro de Barcelona, que logró colocarla entre las ciudades más hermosas del mundo.
Por estos días, Maragall, de 68 años, pasea por las calles tucumanas, ya que fue invitado por la Municipalidad de la capital para participar de un encuentro internacional entre representantes de ciudades de América Latina y Europa. Las jornadas se realizan en el marco de la aplicación del programa que integra la municipalidad capitalina "Urbal III: La intermunicipalidad como herramienta para la Gestión Integral de Residuos y para la Cohesión Social y Territorial".
No es fácil seguirle el ritmo. Luego de concluir su exposición y una breve conferencia de prensa, para continuar contestando preguntas, invita a acompañarlo. Responde a las consultas mientras camina por los pasillos del hotel. "Tucumán tiene algo común con Barcelona. Ambas no son ciudades capitales, por lo tanto no representan a la Nación sino a la ciudad. Eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero prefiero hablar de las ventajas. Las capitales suelen tener concentración de poder; en cambio, la singularidad de cada una de las localidades es que el poder local tiene una proximidad y una relación con el pueblo que es más auténtica y que hay que aprovecharla", resalta.

Un pretexto

Sin detener la marcha, Maragall invita a continuar la entrevista por el ascensor, ya que debe ir hasta la planta baja. Descender ocho pisos no es tiempo suficiente para hablar de su amada Barcelona. "¿Qué cosas fueron fundamentales para cambiarle la cara a la ciudad?", se le consulta. "Las ciudades que no son capitales deben buscar excusas o pretextos para ser capitales por un día o por un tiempo y en ese espacio acumular fuerzas para que a partir de ahí puedan proyectarse al mundo entero", detalla. Se refiere a los Juegos Olímpicos 1992, que se desarrollaron mientras él era alcalde y que lograron una transformación histórica de la urbe.
"¿Es posible hacer partícipe a la población de estos cambios?", se le pregunta. "Generar una conciencia colectiva es complicado. Pero una buena fórmula es crear símbolos comunes y compartirlos. No es sólo una cuestión de dinero y de poderes, sino también de sentimientos", explica este licenciado en Derecho y Ciencias Económicas.
Su tonada española, con esa zeta que no para de sonar, se acentúa mientras sigue recorriendo el hotel. Cuando se le pregunta sobre los principales problemas ambientales que tienen las ciudades responde sin vueltas que es la polución.
Sentado ante el público, previo a presentar sus ponencias, anota algunos conceptos antes de que se borren de su memoria. En 2007, Maragall hizo público que padece Alzehimer, pero resulta difícil encontrar la enfermedad en él. "Las ciudades tienen mucho que decir sobre la felicidad e infelicidad de sus habitantes. A veces, faltan elementos comunes que les permitan vibrar", resalta, envuelto en un impecable traje claro. Según su perspectiva, la macrocefalia (tendencia a la concentración del poder político) convierte a las ciudades en muy difíciles de gobernar. Y por ello, hay que mirar las urbes desde abajo, para ver desde el fondo a su gente.

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