Se pondrían en marcha planes de tratamiento dentro del penal

"No es lo mismo ser adicto y tener la posibilidad de un proyecto de vida, que estar encerrado allí", aseguró el coordinador del PUNA.

08 Octubre 2009
"La cárcel debe cumplir con el fin constitucional establecido: debe resocializar al preso, ser sana, ser limpia. Por eso, los internos que sufran de adicción a las drogas deben recibir tratamientos específicos para su problemática. Esta una valla que hoy no tiene solución, porque no tenemos dónde internarlos; ni dentro ni fuera del penal", afirmó Luis Lezana Flores, secretario de la sala II de la Cámara Penal.
El funcionario judicial llevó adelante los estudios realizados el año pasado en Villa Urquiza, bajo la supervisión de los vocales Alberto Piedrabuena y Emilio Herrera Molina (entonces presidente de la sala). Desde que tomó contacto por internos adictos, el letrado afirma que busca soluciones, pero no las encuentra. "Ojalá que dentro del penal se pueda crear una anexo específico para esta clase de internos. Es muy importante señalar que no cualquier psiquiatra o psicólogo puede trabajar con esta clase de pacientes: debe ser alguien especializado en esa rama", señaló Lezana Flores.
En ese sentido, el psicólogo Fernando Parolo, coordinador del área de prevención Programa Universitario contra las Adicciones (PUNA), dijo que es posible trabajar en Villa Urquiza, pero aclaró que se trata de una tarea compleja. "En este tipo de casos hay dos variables. Una es el consumo, y la otra la privación de la libertad. No es lo mismo ser adicto y tener la posibilidad de un proyecto de vida que estar encerrado allí", fundamentó el psicólogo.

Capacitación

Parolo explicó que un grupo de especialistas del PUNA se entrevistó con el director del penal de Villa Urquiza, Roberto Guyot, para comenzar a trabajar en la cárcel. "Aún no se llegó a algo concreto en ese sentido. Sin embargo, varios guardiacárceles fueron a capacitare en los talleres que dictamos en el barrio Villa Urquiza sobre adicciones", remarcó.
El próximo paso, dijo Parolo, es trabajar dentro del penal. "Pero se trata de una labor complicada. Requiere un equipo especializado; lo bueno es que la gente del penitenciario está muy dispuesta a trabajar", agregó.
En ese sentido, expresó que existen diferentes tipos de programas que pueden ser puestos en práctica. "Hay planes que se aplican en otros países, como los 'pabellones libres de droga'. Con estos trabajos se conforma una comunidad terapéutica en determinados sectores, en la que intervienen operadores, trabajadores sociales y otros profesionales", detalló.
Finalmente, el especialista aclaró que no todos los consumidores de estupefaciententes tienen una relación compulsiva de necesidad para con la sustancia. "Salvo por el hecho de estar privados de libertad, la situación es igual al exterior. Hay gente que usa, abusa y es adicta a las drogas. No todo el que consume es adicto; por eso, lo primero que habría que hacer es detectar a estos pacientes y separarlos de quienes tienen otras problemáticas. Hay muchos que usan las drogas como una especie de calmante para paliar la sensación de encierro", finalizó.
Los dos magistrados que componen la sala también se mostraron contrariados pues en Villa Urquiza los adictos no reciben un tratamiento adecuado. "El caso de Pablo Amín (condenado por este tribunal a prisión perpetua por el crimen de María Marta Arias) marcó las deficiencias del sistema para dar respuestas a este tipo de situaciones. El penal tiene solo un médico psiquiatra (Ana Carina Cejas) y está de licencia por maternidad. Hay como un síndrome contra la persona en conflicto con la sociedad; una especie de resistencia a atenderlos. Si el que está en el medio libre tiene problemas para acceder al sistema de salud, imaginemos cómo debe ser para el preso cuando necesita ser asistido por un odontólogo, un radiólogo o un bioquímico", dijo Piedrabuena.


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