16 Septiembre 2009 Seguir en 
La animación argentina está pasando por un buen momento y todo indica que puede mejorar aún más. "Internet facilitó todo, y hasta los canales de música recurren ahora a esta estética", dice el dibujante Sebastián Ramseg, director de animación del filme "Boogie, el aceitoso", que se estrenará el 8 de octubre en todo el país.
Su colega y amigo Salvador Sanz coincide con su análisis, y hace su aporte. "Hasta los 80, hacer animación era muy complejo. Ahora, con un scanner y una buena PC podés resolver todo con más facilidad... bueno, y talento, por supuesto", dice quien dirigió el corto "Gorgonas", que recibió premios en varios festivales europeos.
Invitados por los historietistas tucumanos de Dibutopía, los dos artistas porteños mostraron sus trabajos y ofrecieron charlas y talleres en la provincia en los últimos días.
"Además, a partir del 98, con 'Toy Story', empezó a cambiar la valoración del público, que consideraba que la animación era para chicos", señala Sebastián, quien tras haber terminado con ese ambicioso proyecto de animar las viñetas de Roberto Fontanarrosa, está desesperado por volver a dibujar en papel.
De todos modos, los dos creen que las realizaciones argentinas todavía no impactan del mismo modo que las norteamericanas, por ejemplo. "Trabajé en 'Mercano el marciano', que ganó varios premios internacionales pero acá no le dieron mucha bolilla, y fue muy bueno el trabajo", ejemplifica Salvador, que editó en nuestro país, España y Estados Unidos un libro con su trabajo "Legión".
También hay grandes diferencias entre las producciones que están marcadas por los recursos económicos con los que se trabajan. En "Gorgonas", Salvador trabajó durante casi dos años con amigos, sin presupuesto. "Además, cuando lo hicimos no había tantos programas de computación como ahora, y si no hay un sueldo para pagarle a la gente te tenés que manejar con tiempos mucho más largos, porque todo es de onda", explica el artista, que publica su tira ("Nocturno") cada mes en la revista "Fierro", y que pronto editará todo ese material en un libro que lanzará una importante editorial.
Con lo mejor
Diferente es la experiencia de Sebastián en "Boogie...". "Se compró un programa para realizar las animaciones de ultima generación; trabajaron muchos ilustradores y así y todo, fue un proceso bastante largo y complejo", comenta.
Los dos explican con pasión cómo es el trabajo que se inicia tras escoger la obra y tener el guión en la mano. "Al personaje hay que dibujarlo en un giro completo, para tener todas las vistas. Se hace el story board, que cuenta la película hasta el final, para medir los tiempos, las voces, la música... Y después se empieza a dibujar para que todo coincida y haya coherencia", explica Sebastián.
"Aunque ahora haya mucha tecnología de apoyo, hay que seguir dibujando y armando todo a mano, aunque las máquinas redujeron bastante la cantidad de gente que trabaja en cada película", dice Salvador, no muy alegre por esa situación.
Su colega y amigo Salvador Sanz coincide con su análisis, y hace su aporte. "Hasta los 80, hacer animación era muy complejo. Ahora, con un scanner y una buena PC podés resolver todo con más facilidad... bueno, y talento, por supuesto", dice quien dirigió el corto "Gorgonas", que recibió premios en varios festivales europeos.
Invitados por los historietistas tucumanos de Dibutopía, los dos artistas porteños mostraron sus trabajos y ofrecieron charlas y talleres en la provincia en los últimos días.
"Además, a partir del 98, con 'Toy Story', empezó a cambiar la valoración del público, que consideraba que la animación era para chicos", señala Sebastián, quien tras haber terminado con ese ambicioso proyecto de animar las viñetas de Roberto Fontanarrosa, está desesperado por volver a dibujar en papel.
De todos modos, los dos creen que las realizaciones argentinas todavía no impactan del mismo modo que las norteamericanas, por ejemplo. "Trabajé en 'Mercano el marciano', que ganó varios premios internacionales pero acá no le dieron mucha bolilla, y fue muy bueno el trabajo", ejemplifica Salvador, que editó en nuestro país, España y Estados Unidos un libro con su trabajo "Legión".
También hay grandes diferencias entre las producciones que están marcadas por los recursos económicos con los que se trabajan. En "Gorgonas", Salvador trabajó durante casi dos años con amigos, sin presupuesto. "Además, cuando lo hicimos no había tantos programas de computación como ahora, y si no hay un sueldo para pagarle a la gente te tenés que manejar con tiempos mucho más largos, porque todo es de onda", explica el artista, que publica su tira ("Nocturno") cada mes en la revista "Fierro", y que pronto editará todo ese material en un libro que lanzará una importante editorial.
Con lo mejor
Diferente es la experiencia de Sebastián en "Boogie...". "Se compró un programa para realizar las animaciones de ultima generación; trabajaron muchos ilustradores y así y todo, fue un proceso bastante largo y complejo", comenta.
Los dos explican con pasión cómo es el trabajo que se inicia tras escoger la obra y tener el guión en la mano. "Al personaje hay que dibujarlo en un giro completo, para tener todas las vistas. Se hace el story board, que cuenta la película hasta el final, para medir los tiempos, las voces, la música... Y después se empieza a dibujar para que todo coincida y haya coherencia", explica Sebastián.
"Aunque ahora haya mucha tecnología de apoyo, hay que seguir dibujando y armando todo a mano, aunque las máquinas redujeron bastante la cantidad de gente que trabaja en cada película", dice Salvador, no muy alegre por esa situación.
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