De la euforia a la gran decepción
Muchos tucumanos cambiaron sus hábitos para ver a la Selección nacional. Por Gustavo Rodríguez - Redacción LA GACETA.
La Selección de Diego Maradona es capaz de hacer milagros. Hasta puede obligar a cambiar las costumbres de los tucumanos. Lástima que la pasión que genera el equipo no se traduce en buen juego dentro del campo. Y eso altera al hincha, al que, al parecer, se le está acabando la paciencia.
Desde las 21.15 las calles de la ciudad se fueron despoblando paulatinamente. Al finalizar el primer tiempo, sólo quedaban los vendedores ambulantes tratando de comercializar sus productos. "A mí no me va a salvar Maradona. Tengo que seguir trabajando", comentó Luis Medina, uno de los tantos cuentapropistas que intentaron -en vano- levantar el nivel de ventas.
En los bares y restaurantes el panorama fue distinto. "Todos llegaron 30 o 40 minutos más temprano que lo normal. Querían acomodarse frente a los televisores. Fue un sábado atípico en lo que se refiere al movimiento de público", comentó Dante Navarro, encargado de una pizzería ubicada frente a la plaza Independencia.
Marcelo Gómez coincidió con su colega. "La gente vino más temprano y se ubicó en las mesas que están cerca de los televisores para ver el partido. Como nunca se llenó ese sector del salón", advirtió el gastronómico.
El paisaje de casi todas las mesas era el mismo. El jefe de la familia clavaba sus ojos en el televisor. La señora, con cara de pocos amigas, les reclamaba a sus hijos que se quedaran quietos. "Salimos muy temprano a buscar un buen lugar. Obviamente que queríamos ver el partido de la Selección para acompañarla y apoyarla", explicó Fernando de los Ríos, un jujeño que pasea junto con su familia por la provincia.
Los tucumanos pasaron de la euforia a la decepción más profunda. Se ilusionaron con el vertiginoso arranque de los dirigidos por Maradona. Festejaron a rabiar cuando Kaká vio la tarjeta amarilla y comenzaron a tomarse la cabeza cuando Luisao marcó el primer gol. Ni hablar cuando aumentó Luis Fabiano.
"El problema no es que se perdió con Brasil, lo grave del caso es que no jugamos a nada. A este equipo le falta un estilo, porque con individualidades y con motivación no alcanza", opinó Germán López antes de que terminara el primer tiempo.
El golazo de Jesús Dátolo hizo revivir a los simpatizantes. Muchos se acomodaron en sus mesas esperando el milagro. Pero otra vez Luis Fabiano les destruyó todos los sueños.
"No hay que quejarse. Nos superaron en todo. Hay que seguir mejorando porque así no vamos a ningún lado", se resignó Luciana de Pereyra.
Desde las 21.15 las calles de la ciudad se fueron despoblando paulatinamente. Al finalizar el primer tiempo, sólo quedaban los vendedores ambulantes tratando de comercializar sus productos. "A mí no me va a salvar Maradona. Tengo que seguir trabajando", comentó Luis Medina, uno de los tantos cuentapropistas que intentaron -en vano- levantar el nivel de ventas.
En los bares y restaurantes el panorama fue distinto. "Todos llegaron 30 o 40 minutos más temprano que lo normal. Querían acomodarse frente a los televisores. Fue un sábado atípico en lo que se refiere al movimiento de público", comentó Dante Navarro, encargado de una pizzería ubicada frente a la plaza Independencia.
Marcelo Gómez coincidió con su colega. "La gente vino más temprano y se ubicó en las mesas que están cerca de los televisores para ver el partido. Como nunca se llenó ese sector del salón", advirtió el gastronómico.
El paisaje de casi todas las mesas era el mismo. El jefe de la familia clavaba sus ojos en el televisor. La señora, con cara de pocos amigas, les reclamaba a sus hijos que se quedaran quietos. "Salimos muy temprano a buscar un buen lugar. Obviamente que queríamos ver el partido de la Selección para acompañarla y apoyarla", explicó Fernando de los Ríos, un jujeño que pasea junto con su familia por la provincia.
Los tucumanos pasaron de la euforia a la decepción más profunda. Se ilusionaron con el vertiginoso arranque de los dirigidos por Maradona. Festejaron a rabiar cuando Kaká vio la tarjeta amarilla y comenzaron a tomarse la cabeza cuando Luisao marcó el primer gol. Ni hablar cuando aumentó Luis Fabiano.
"El problema no es que se perdió con Brasil, lo grave del caso es que no jugamos a nada. A este equipo le falta un estilo, porque con individualidades y con motivación no alcanza", opinó Germán López antes de que terminara el primer tiempo.
El golazo de Jesús Dátolo hizo revivir a los simpatizantes. Muchos se acomodaron en sus mesas esperando el milagro. Pero otra vez Luis Fabiano les destruyó todos los sueños.
"No hay que quejarse. Nos superaron en todo. Hay que seguir mejorando porque así no vamos a ningún lado", se resignó Luciana de Pereyra.









