"Paso día y noche en los pasillos del hospital"
Un concepcionense contó a LA GACETA su afligente historia: no puede ver a su mujer, que sufre gripe A, ni al bebé que acaba de nacer. Una veintena de personas, muchas del interior, padece todo tipo de incomodidades. Pero lo peor es no estar en contacto con sus parientes.
17 Julio 2009 Seguir en 
"En unos cuantos días yo también voy a terminar ahí adentro", afirma Alberto Gómez con voz débil y tono de resignación. Las ojeras que decoran su rostro delatan cansancio. Sus ojos, que miran fijamente la puerta de vidrio que tiene enfrente, revelan angustia. Detrás de esa puerta custodiada por un policía con barbijo, en alguna cama, está su esposa, a la que no ve desde hace ocho días. La mujer sufre neumonía y presenta todos los síntomas de gripe A. El matrimonio es de Concepción y desde que ella está internada, él duerme todas las noches en algún banco de los pasillos del hospital Centro de Salud, envuelto en una frazada insuficiente para abrigarlo del aire helado de la madrugada.
Como él, muchos familiares de los enfermos alojados en una sala destinada a problemas respiratorios, aguardan los partes médicos con la misma desesperación con la que un sediento imagina un vaso con agua fresca en medio del desierto. Aunque es imposible decir quién está más angustiado, el alma de Gómez se estruja a cada minuto que pasa. Cuando ingresó al hospital, su esposa estaba embarazada de siete meses. Ayer al mediodía le avisaron que a las siete de la mañana la habían sometido a una cesárea y que el bebé había sido derivado de urgencia a la Maternidad.
"¿Se imagina cómo estoy? No sé lo que está pasando con ella ni con mi bebé, porque todavía no me dieron el parte médico. Hace más de una semana que paso día y noche en los pasillos del hospital sin saber cuál es la situación de mi familia", relató el hombre apoyado en una columna del hospital.
El calvario de este matrimonio comenzó en Concepción. A ella le dio tos y le empezó a subir la temperatura. Fue internada en el hospital de esa ciudad, pero el cuadro se agravó. Debido a que estaba embarazada, la derivaron al hospital Centro de Salud. "Desde que entró acá no volví a saber nada más de ella salvo lo que dicen los médicos en el único informe que brindan por día. Mis otros hijos, que viven en el sur, vienen a verme cuando pueden. Pero estoy solo la mayor parte del tiempo. Lo único que hago es pensar en ella y rezar para que se cure", reveló Gómez.
Unidos por la angustia
El angustiado marido no es el único que pasa las horas en los pasillos del hospital. Ayer al mediodía, en los alrededores de la sala para pacientes con afecciones respiratorias, había más de 20 personas. Algunas se cubrían con barbijos. A todos los unía el hecho de tener algún familiar internado.
"Mi mamá está muy grave. Es una mujer de 61 años que padece neumonía y problemas renales. Para colmo, todavía no sabemos si también tiene gripe A. Todo empezó como un cuadro gripal que, de golpe, derivó en la neumonía. Lo que más me desespera es no poder verla", afirmó Nilda Acevedo.
A pocos metros de ella, Tomás Cortez se quejaba. Anoche se había quedado en el hospital. "Cerraron todos los baños. Para hacer nuestras necesidades teníamos que salir a la calle, dar la vuelta a la manzana y pedir permiso en la guardia ¿Usted se da una idea de lo que es esto? Tenemos a nuestros parientes internados muy graves y nosotros estamos acá, tirados y abandonados", exclamó.
Más allá de las incomodidades que soportan, lo que tortura a estos tucumanos es saber que, detrás de una puerta de vidrio inexpugnable, sus seres queridos se debaten entre la vida y la muerte, en muchos casos, por culpa de un virus que parece omnipotente.
Como él, muchos familiares de los enfermos alojados en una sala destinada a problemas respiratorios, aguardan los partes médicos con la misma desesperación con la que un sediento imagina un vaso con agua fresca en medio del desierto. Aunque es imposible decir quién está más angustiado, el alma de Gómez se estruja a cada minuto que pasa. Cuando ingresó al hospital, su esposa estaba embarazada de siete meses. Ayer al mediodía le avisaron que a las siete de la mañana la habían sometido a una cesárea y que el bebé había sido derivado de urgencia a la Maternidad.
"¿Se imagina cómo estoy? No sé lo que está pasando con ella ni con mi bebé, porque todavía no me dieron el parte médico. Hace más de una semana que paso día y noche en los pasillos del hospital sin saber cuál es la situación de mi familia", relató el hombre apoyado en una columna del hospital.
El calvario de este matrimonio comenzó en Concepción. A ella le dio tos y le empezó a subir la temperatura. Fue internada en el hospital de esa ciudad, pero el cuadro se agravó. Debido a que estaba embarazada, la derivaron al hospital Centro de Salud. "Desde que entró acá no volví a saber nada más de ella salvo lo que dicen los médicos en el único informe que brindan por día. Mis otros hijos, que viven en el sur, vienen a verme cuando pueden. Pero estoy solo la mayor parte del tiempo. Lo único que hago es pensar en ella y rezar para que se cure", reveló Gómez.
Unidos por la angustia
El angustiado marido no es el único que pasa las horas en los pasillos del hospital. Ayer al mediodía, en los alrededores de la sala para pacientes con afecciones respiratorias, había más de 20 personas. Algunas se cubrían con barbijos. A todos los unía el hecho de tener algún familiar internado.
"Mi mamá está muy grave. Es una mujer de 61 años que padece neumonía y problemas renales. Para colmo, todavía no sabemos si también tiene gripe A. Todo empezó como un cuadro gripal que, de golpe, derivó en la neumonía. Lo que más me desespera es no poder verla", afirmó Nilda Acevedo.
A pocos metros de ella, Tomás Cortez se quejaba. Anoche se había quedado en el hospital. "Cerraron todos los baños. Para hacer nuestras necesidades teníamos que salir a la calle, dar la vuelta a la manzana y pedir permiso en la guardia ¿Usted se da una idea de lo que es esto? Tenemos a nuestros parientes internados muy graves y nosotros estamos acá, tirados y abandonados", exclamó.
Más allá de las incomodidades que soportan, lo que tortura a estos tucumanos es saber que, detrás de una puerta de vidrio inexpugnable, sus seres queridos se debaten entre la vida y la muerte, en muchos casos, por culpa de un virus que parece omnipotente.







