05 Mayo 2009 Seguir en 
Todos los pasajeros del avión, incluidos los pilotos y las azafatas, fueron llevados a una sala apartada. Los hicieron pasar por un termoscanner, los pusieron a llenar papeles y los interrogaron sobre su estado de salud. Acababan de aterrizar en el aeropuerto internacional de Chile provenientes de México DF. Y para poder entrar al país trasandino se vieron obligados a pasar por el estricto cordón sanitario montado para evitar el ingreso de la gripe A (o porcina). Entre ellos se encontraba el subsecretario de Planificación Urbana de la Municipalidad capitalina, Luis Lobo Chaklián, quien vivió un largo periplo para volver a la provincia.
Hace dos semanas, cuando el funcionario partió hacia México para participar de un seminario, no imaginaba que el regreso iba a ser tan largo. Por la suspensión de los vuelos provenientes de ese país que decretó el Gobierno argentino, tuvo que buscar otra forma de volver. "Mi vuelo a Argentina fue cancelado. Conseguí un pasaje a Chile. Salí el viernes. Cuando llegamos al aeropuerto nos hicieron controles estrictos. Todos pasamos por el termoscanner y tuvimos que responder preguntas sobre si teníamos fiebre, tos, diarrea y dolores de cabeza o musculares. Después, nos dieron un papel con un número de teléfono para que nos comuniquemos si empezábamos a sufrir algún síntoma", relató.
Un día después de haber aterrizado en Chile, se embarcó hacia Argentina. En el aeropuerto internacional de Ezeiza también fue sometido a controles. "Tuve que tomar varios recaudos, como el uso de barbijos", recordó.
A pesar de que no presentaba ningún síntoma, le recomendaron que evitara estar en contacto con otras personas. "Salí de México hace varios días y hasta ahora no sentí nada. De todos modos, me tengo que cuidar", explicó.
Lobo Chaklián contó que en la ciudad de Morelia, donde se realizó el seminario Urbal III (a 350 kilómetros del DF), muy pocas personas se mostraban preocupadas por la expansión de la gripe. De todos modos, los participantes tenían prohibido estar a menos de un metro de distancia entre ellos. Tampoco podían saludarse con la mano y mucho menos con un beso.
"En Morelia se tomaban precauciones, pero no había temor en la población. Todo estaba muy circunscripto a la capital. De eso me di cuenta en el aeropuerto internacional Benito Juárez, en el DF. Ahí todo el mundo andaba con barbijos y se hacían muchos controles. De todos modos, la gente no parecía estar nerviosa; era como si ya estuviera acostumbrada", relató.
Hace dos semanas, cuando el funcionario partió hacia México para participar de un seminario, no imaginaba que el regreso iba a ser tan largo. Por la suspensión de los vuelos provenientes de ese país que decretó el Gobierno argentino, tuvo que buscar otra forma de volver. "Mi vuelo a Argentina fue cancelado. Conseguí un pasaje a Chile. Salí el viernes. Cuando llegamos al aeropuerto nos hicieron controles estrictos. Todos pasamos por el termoscanner y tuvimos que responder preguntas sobre si teníamos fiebre, tos, diarrea y dolores de cabeza o musculares. Después, nos dieron un papel con un número de teléfono para que nos comuniquemos si empezábamos a sufrir algún síntoma", relató.
Un día después de haber aterrizado en Chile, se embarcó hacia Argentina. En el aeropuerto internacional de Ezeiza también fue sometido a controles. "Tuve que tomar varios recaudos, como el uso de barbijos", recordó.
A pesar de que no presentaba ningún síntoma, le recomendaron que evitara estar en contacto con otras personas. "Salí de México hace varios días y hasta ahora no sentí nada. De todos modos, me tengo que cuidar", explicó.
Lobo Chaklián contó que en la ciudad de Morelia, donde se realizó el seminario Urbal III (a 350 kilómetros del DF), muy pocas personas se mostraban preocupadas por la expansión de la gripe. De todos modos, los participantes tenían prohibido estar a menos de un metro de distancia entre ellos. Tampoco podían saludarse con la mano y mucho menos con un beso.
"En Morelia se tomaban precauciones, pero no había temor en la población. Todo estaba muy circunscripto a la capital. De eso me di cuenta en el aeropuerto internacional Benito Juárez, en el DF. Ahí todo el mundo andaba con barbijos y se hacían muchos controles. De todos modos, la gente no parecía estar nerviosa; era como si ya estuviera acostumbrada", relató.










