A los 13 años, le roba a su padre para drogarse

Las madres de los consumidores de "paco" dicen que hacen denuncias constantemente, pero que nadie les da la importancia suficiente.

DESOLACION. Un joven en bicicleta recorre las polvorientas calles de la Costanera. En casi todas las cuadras se ve a chicos fumando “paco”.  LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
DESOLACION. Un joven en bicicleta recorre las polvorientas calles de la Costanera. En casi todas las cuadras se ve a chicos fumando “paco”. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
03 Enero 2009

Con sólo 13 años empezó a robar el poco dinero que su padre ganaba como albañil. También rompió alcancías en las que su madre ahorraba para comprar comida. Tiempo después, cuando su familia lo descubrió, comenzó a llevarse a escondidas todo tipo de objetos de la casa: ollas, cubiertos, adornos y ropa. Entonces, su mamá lo siguió y vio que todo lo cambiaba por "paco". La historia empeoró cuando ya no quedaba nada en su vivienda porque los vendedores de la droga lo obligaban a robar todo lo que encontraran en las casas del barrio.
José (nombre ficticio) terminó tras las rejas por tentativa de robo. Pero su historia se repite en muchas casas de la Costanera, donde se ha generalizado el uso del "paco". Según denuncian, los "transas" (así llaman a los que comercializan droga) obligan a los consumidores a desmantelar viviendas.
En ambas márgenes del río Salí, según denuncian las madres, hay lugares en los que se canjean objetos robados por "paco", que es el desecho de los distintos procedimientos para obtener el clorhidrato de cocaína. En estos sitios reciben cualquier mercancía: desde zapatillas y celulares hasta muebles y electrodomésticos.
"El ?paco? es tan adictivo que los chicos no pueden parar de consumirlo. Cuando ya no les queda nada para canjear por droga, no les importa robarle a su propia familia o al vecino", explica Luisa, cuyo hijo de 17 años es adicto.
María, otra madre, relató que los "transas" también usan a los adictos para desvalijar inmuebles. "A mí me robaron todo de la casa. Cada vez que salía a hacer algún trámite o una compra al centro aprovechaban para sacarme de todo. Me cansé de hacer denuncias en la Policía y no obtuve respuestas", detalló la mujer, que vive en la Costanera, del lado de la capital. En el margen del río, del extremo ubicado en la Banda del Río Salí, también hubo familias que sufrieron muchos robos. "Cada vendedor tiene una zona y les van indicando a los adictos cuáles casas pueden saquear. Aquí nadie se puede descuidar; a mí, una vez hasta me sacaron una chapa que estaba floja en el techo", remarca una vecina que prefiere no identificarse. La mujer, que tiene un hijo adicto al ?paco", comenta que siempre que ve a los "transas" los enfrenta. "Son la desgracia de este barrio. Les pido por favor que no les den más droga. Los chicos se desesperan por esa basura y la única forma de conseguirla es entregando todo lo que tienen y robando a los vecinos. Ni siquiera asaltan porque no pueden caminar mucho, están destruidos por el ?paco?, y además ya nadie entra en este barrio", relata, mientras no puede esconder la bronca, que le estalla en lágrimas.
Muchas familias han encontrado en la venta de la droga un método para subsistir, cuentan las madres. Según los expertos, los traficantes de cocaína buscan este tipo de contactos para la comercialización del "paco" porque comparten códigos con los clientes y están en el mismo ámbito: la villa.

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