Los vecinos del barrio de Lastenia, donde una nena de siete años fue secuestrada y brutalmente violada por un depravado, están aterrados. Por eso, decenas de personas realizaron ayer una manifestación pacífica, que concluyó en la comisaría. "Es bueno que la comunidad colabore. No nos podemos quedar encerrados en la casa; los vecinos tenemos que estar juntos", expresó, preocupado, Ramón Díaz.
El jueves a las 19, B. había salido de su casa junto con su hermana, de 11 años. A una cuadra de allí, un hombre que iba en una bicicleta negra interceptó a las niñas. Les dijo que conocía a su padre y que se llamaba "Daniel". "Tengo juguetes para darte, así le regalás a tu hermanita cuando haga la comunión", le dijo el depravado a B. La menor, inocentemente, subió a la bicicleta del individuo. Aún no pudo establecerse adónde fue llevada la nena. Fue hallada casi 12 horas después junto al puente Lucas Córdoba. Estaba maniatada con trenzas de zapatillas, y había sido golpeada y violada. Aún continúa en el Hospital de Niños, internada en una sala de Terapia Intermedia.
Los investigadores saben que cada hora que pasa beneficia al delincuente. Con el paso de los días encontrar pistas que permitan identificarlo se volverá más difícil. Por eso están trabajando en el caso varios fiscales (Carlos Albaca, Alejandro Noguera, Adriana Giannoni, María de las Mercedes Carrizo y Guillermo Herrera), además de distintas dependencias policiales. Ya cuentan con un perfil psicológico del agresor, confeccionado sobre la base de los testimonios de las anteriores víctimas. A esta altura de la pesquisa, ya casi nadie duda de que todos los ataques fueron perpetrados por el mismo sujeto. Para ello, es probable que se concreten comparaciones genéticas y que se trabaje con el testimonio de quienes vieron al violador antes de las agresiones. En los próximos días probablemente lleguen a Tucumán especialistas de Córdoba para colaborar con la investigación. Los hombres tienen experiencia en casos de violadores seriales, ya que fueron quienes siguieron y lograron identificar a un depravado que violó a más de 60 mujeres en esa provincia. Los policías ya habían sido contactados por la Justicia de Tucumán y elaboraron el perfil psicológico del delincuente.
"Ella está evolucionando bien. Ya puede conversar, al menos. Nosotros tratamos de no tocar el tema, porque todavía está conmocionada", expresó el abuelo paterno de la nena. Los familiares de B. confían en que el caso va a esclarecerse. "Los investigadores nos dijeron que están haciendo todo lo posible. Mi hijo todavía está nervioso por todo lo que pasó, pero los acompaña cada vez que puede en los rastrillajes, y me dijo que se está trabajando a full", manifestó el hombre. También aseguró que no bajará los brazos hasta poder encontrar al depravado que atacó a su nieta. "Con la ayuda de Dios vamos a seguir luchando para dar con este tipo. No voy a parar hasta dar con él. Lo que hizo es de cobardes; por eso no le tengo miedo. Ojalá podamos encontrarlo pronto", dijo. Luego añadió: "esta clase de gente no se cura más. Seguramente, después de que lo atrapen va a salir y va a volver a hacer lo mismo. Estos degenerados solamente viven para hacerles daño a personas inocentes". El abuelo de la nena también agradeció a sus vecinos de Lastenia por los datos que proporcionaron a los investigadores. "La gente del barrio está con mucho miedo. Pero tenemos que agradecerles porque desde el primer momento nos ayudaron. Preguntan todo el tiempo por mi beba", destacó.
Petitorio
"Estamos muy preocupados. Queremos que haya más agentes en las calles y que la Municipalidad ilumine la zona", explicó Díaz, amigo de la madre de B. "Realmente tenemos miedo de que este tipo vuelva. Para colmo, nuestros hijos caminan casi 14 cuadras para llegar a la escuela. Por las descripciones de los testigos, creemos que el tipo no es de acá", manifestó Díaz. "Este es un barrio en el que hay muchos chicos. Quedamos asustados por lo que le pasó a esa nena", aseguró Carmen, otra vecina de Lastenia. Allí, las calles quedaron desiertas. Las puertas, con llave. Y los padres, temerosos por el violador suelto, obligan a sus hijos a jugar dentro de la casa.








