01 Diciembre 2008 Seguir en 
Con un dólar en la mano cualquier cosa podía pasar para ellos. Sumar dinero era la meta para ellas y de esa forma llegar a la barra y obtener un trago gratis. En el camino, cualquiera de los dos podía invertir su dinero en besos, en una invitación a salir o en dejar su número de teléfono o dirección de mail.
La consigna se realizó en un boliche de Marco Avellaneda al 1.000. Sebastián Alperovich, el propietario de la disco, confiesa que la idea fue copiada de locales de Buenos Aires. “La noche cambió. Es más corta y hay un nuevo concepto sobre cómo generar más diversión. Cuando los jóvenes van hoy a un boliche preguntan qué hay. Están cansados de bailar porque sí. Quieren algo extra”, detalla Sebastián.








