Hay que reconstruir la escuela, que es la última trinchera

Por Teresita Carabajal -Redacción LA GACETA.

14 Noviembre 2008

 

El debate sobre la escuela secundaria que necesita el país recién ha comenzado. En la jornada de ayer, en la que se discutió el documento preliminar que envió la Nación a las provincias resultó interesante la opinión de los estudiantes -compartida también por los docentes- sobre la necesidad de contar con esos espacios y momentos de reflexión, como un ejercicio democratizador. Los jóvenes dicen que necesitan oportunidades para repensar su educación, pues a ellos está dirigida. Más allá de discutir nuevas teorías, del diagnóstico serio que plantea el documento y de la urgencia por universalizar el nivel medio, hay que reconocer que los cambios implican procesos; y que estos llevan su tiempo; pero en algún punto hay que comenzar a superar la “tragedia educativa” que tan bien describió Guillermo Jaim Etcheverry, que plantea que la escuela es la última trinchera para reconstruir un modelo cultural que -todos coinciden- está en crisis. Afirma Jaim Etcheverry que el fracaso escolar no es el fracaso del sistema educativo, sino de un modelo cultural y de un sistema de valores que si bien ensalzan las virtudes de la educación y del conocimiento, erigen como ejemplos de vida y de conducta modelos opuestos. Desde esta perspectiva, se destaca la visión de que la escuela es la que debe contribuir a crear conciencia linguística, histórica y moral. Y en esta demanda es clave el rol del docente. Pero, lamentablemente, la sociedad y los gobiernos le han quitado autoridad al privilegiar otros valores por sobre el conocimiento. Por eso, se insiste en que la educación es una responsabilidad de todos. Los especialistas afirman que hay que volver a apostar a esa relación que se construye en la intimidad del aula entre el maestro y el alumno. Para ello, es necesario reconstruir vínculos entre la familia y la escuela. Un alumno decía en medio del debate que cuando su padre comenzó a interesarse por sus estudios sus notas subieron. “Antes -confesó- me sentía solo y perdido”.

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