Sonríe con timidez, sin mirar a los ojos. Y mientras se le habla, ella juega con su bebé de cuatro meses como si fuera un muñeco, haciéndolo bailar sobre sus rodillas. Teresa tiene 14 años. Quedó embarazada a los 13, cuando cursaba el 7º grado en una escuela de la periferia, y no quiso ir más a clases porque le daba vergüenza. Su madre no se había percatado de la situación hasta que la maestra la hizo llamar para decirle que la veía "muy gorda". La llevaron al hospital y descubrieron que ya estaba de seis meses.
Su cara de niña contrasta con su cuerpo, que denota más edad. El pelo negro le cubre la espalda. Siempre entretenida con su bebé, responde en forma telegráfica con voz que apenas se le escucha. "Antes de quedar embarazada faltaba mucho a la escuela. No me gusta estudiar. Me quedaba con mis amigas en la esquina o en la placita", cuenta como quien hubiera hecho una travesura. Su madre, tras largas jornadas en la cosecha de arándano, compartía muy poco tiempo con ella y sus siete hermanos. La familia tiene ahora dos bocas más para alimentar: las de los bebés de dos hijas solteras.
En un baile
En un baile, Teresa conoció al papá de su hijo, un joven de 20 años con el que salió cinco meses. Cuando se enteró de que ella estaba embarazada, desapareció. "Nunca nadie me dijo cómo tenía que cuidarme. En casa nadie habla de eso", se justifica. Su madre tuvo su primer hijo a los 16 años.
Cuando se le pregunta si alguna vez pensó en dar en adopción a su bebé, mira por primera vez a los ojos de quien la interroga y responde ofendida: "nunca daría a mi hijo". Vuelve su rostro al niño y sigue hablando mientras lo para en sus rodillas: "mi mamá me está enseñando a cuidarlo".

- ¿Y la escuela?
- "No sé, capaz que vuelvo el año que viene".
- ¿Qué te gustaría ser cuando seas grande?
- Peluquera (sonríe y vuelve a mirar a los ojos).
Un problema social
La maternidad precoz es el resultado de un círculo de exclusión, pobreza y desigualdad, en la mayoría de los casos. En general, las adolescentes que estudian y piensan en su futuro posponen la maternidad hasta cerca de los 30 años, las que no pueden proyectarse con una carrera, tienen hijos. No es sólo un problema de Tucumán. En la última década, el 25% de las jóvenes latinoamericanas han sido madres antes de los 20 años, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Iberoamericana de Juventud.
En la Maternidad "Nuestra Señora de las Mercedes", en 2007, dieron a luz 2.242 chicas de entre 13 y 19 años, que representan el 22 % del total de partos (10.194), según informó la directora del establecimiento, Rossana Chahla. La cifra va variando: hasta 2003 era del 22 %, en 2004 y 2005 bajó a cifras entre el 19 y 21 %, se mantuvo y ahora aumentó un poco.
Aunque el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable fue creado por ley en 2003, recién ahora está funcionando. "Hay que darle tiempo para ver los resultados", sostiene la médica. En las escuelas, la educación sexual es todavía una deuda, que se espera saldar a partir de 2009.
"La mayoría de las chicas no planea sus embarazos, y desertan de la escuela antes de llegar al polimodal, alrededor del 9 º año de la EGB 3. Después de ese nivel ya no siguen estudiando", señala la doctora Amalia Picasso, del consultorio de Adolescencia de la Maternidad.
En el Observatorio de la Mujer, que funciona en el hospital Centro de Salud, Susana Noé de Teitelbaum, su directora, hace una lectura particular de las 613 historias de mamás de entre 14 y 17 años, que escuchó en los dos últimos años: "aunque el papá del bebé no aparece más -y, si la relación continúa, cada uno vive en su casa-, ellas no están solas; al ser hijas de otras madres adolescentes, cuentan con abuelas jóvenes, que las ayudan en todo lo relacionado con el hijo. Además, para nuestra sorpresa, ellas están felices con su maternidad. A falta de proyectos propios y de oportunidades, el hijo las hace sentir realizadas. Ser madre es su carta de presentación. A partir del bebé, ellas se sienten alguien en la vida".









