El Lejano Oeste se reedita en la periferia

El asesinato de Villa 9 de Julio muestra que pocas cosas han cambiado con el paso de los años. No se habla de mafias. Las barras bravas actúan sin temor a la ley. Por Roberto Delgado -Prosecretario de Redacción

14 Octubre 2008
Una terrible mezcla de impunidad, mafia, barras bravas y la dura vida en la periferia ha salido a luz en este grave episodio, que no sólo muestra que los componentes de este cóctel violento siguen tan activos como siempre, sino que ponen en duda que realmente la seguridad haya mejorado con el paso del tiempo.De mafias, en Tucumán no se habla. En los años 80 y 90, tras el violento incidente entre los Ale y los Gardelitos (que dejó dos muertos y una fuerte rivalidad), la cuestión se fue apagando, con pocas voces de queja pública. Una de ellas, a mediados de los 90, fue la del entonces gobernador Antonio Bussi, quien puso una topadora en la plaza Independencia, para denunciar al "mafioso" -así dijo- y dejar mal parados ante la opinión pública a los ejércitos de remiseros que en aquellos tiempos sitiaban el centro tucumano. También esos incidentes con remises quedaron en el olvido.
Los apellidos de los involucrados en aquel lejano tiroteo de los 80 siguieron dando vuelta por la sociedad tucumana, cada uno vinculado a diferentes actividades. Los Gardelitos siguen apareciendo de vez en cuando en las crónicas policiales; en cambio, los Ale -aun cuando la sola mención del nombre genera temeroso respeto- se han blanqueado, pese a que también tuvieron rivalidades con otras familias -como la de los decanos González-Acevedo-. La Justicia no parece tener mayores causas en su contra.
En cuanto a las barras bravas, su actividad aparece siempre larvada por detrás del funcionamiento de los clubes de fútbol. Cualquier hincha conoce los manejos de entradas; los traslados de simpatizantes y vínculos con dirigentes, y siempre por detrás, larvado, está el mito de negocios turbios. Las barras viven en un micromundo que raras veces genera noticias "blandas" -como el asado que los santos de "La banda del camión" compartieron con los hinchas de River, "Los borrachos del tablón". Por lo general, cuando las barras tienen notoriedad, es por episodios violentos. En este sentido, la rivalidad brutal entre las barras decana y santa ha sido constante, con incidentes terribles, como la muerte del chico Caro, en 2001. No se conoce que la Justicia, ni la Policía, ni el Comité de Seguridad Deportiva -en el que debería intervenir el subsecretario de Seguridad Ciudadana, César Nieva- hayan impedido que individuos pesados y bajo causas judiciales -de una u otra barra- hayan tenido limitaciones para seguir actuando en las canchas y en lugares vinculados con la pasión del fútbol. En cambio, sí se ha impedido en el sur que ingresen en los estadios a cuatro hinchas de Concepción Fútbol Club.
El lugar donde se cometió esta nueva tragedia es Villa 9 de Julio, zona considerada roja, a la que temen ir los taxistas y a la que no se aconseja ir de paseo. A pesar de la inyección de pavimento y cordón cuneta, de la duplicación del personal policial en los últimos cinco años y de los planes de seguridad, la vida en zonas como esta no ha cambiado (baste mencionar el incidente de bandas de barrio "El Sifón" en San Juan y Bulnes el viernes, en el que resultaron baleados dos inocentes). La tarea de los policías sigue limitándose a actuar ante hechos consumados y a permanecer en silencio ante cuestiones confusas. En este caso hay confusión, porque se dan vínculos poco claros entre barrabravas y sectores del poder -incluso uno de los detenidos es un policía, hermano de uno de los barrabravas condenados por la muerte del hincha decano-.
¿En qué ha cambiado Tucumán desde las balaceras de los años 80? ¿Qué estrategia de prevención policial se ha montado? ¿Cómo se hará para mejorar la convivencia en los sectores alejados del centro? La periferia sigue siendo el Lejano Oeste, y mientras su dura vida no salga de sus fronteras barriales, a las autoridades no les interesa cambiar las cosas. Ni siquiera ante tragedias como la de ayer.

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