14 Octubre 2008 Seguir en 
Su mirada es tan penetrante y filosa como sus palabras. Y los tucumanos lo pudieron comprobar ese soleado agosto de 1993. Sin esquivar la polémica, quien hoy es flamante ganador del Premio Nobel, Paul Krugman, presentó en el Congreso Internacional de Econometría que se realizó aquel año en Tucumán, una conferencia sobre la convertibilidad que levantó gran polvareda. Por aquellos días, el plan económico implementado por Domingo Cavallo tenía una legión de seguidores, incluyendo economistas de reconocida trayectoria. Nadie se atrevía a cuestionar la eficacia del llamado "milagro económico argentino". Sin embargo Krugman, como si hubiera sido un profeta en el desierto, no tuvo reparos en asegurar que la rigidez del sistema cambiario podía conducir al país hacia la recesión más extrema. "La convertibilidad no puede sostenerse más de cuatro años. Invariablemente tendrán que devaluar. Y les aconsejo que sea pronto, de lo contrario las consecuencias serán más dolorosas", dijo a los periodistas que lo entrevistaron, en un español forzado. La sentencia cayó como un balde de agua fría en el mundo económico vernáculo y en una sociedad demasiado golpeada por la inflación y por las sucesivas crisis. Krugman fue criticado, atacado y calificado de alarmista por muchos de sus colegas. Pero hoy, 15 años después, todos le dan la razón.










