Que un adolescente deje la diversión y que haya ahorrado durante un año $ 400 para pagarse un viaje desde Los Polvorines, en Buenos Aires, hasta a Tucumán, sólo para ver sonreír a un grupo de niños que viven en el campo, parece pura fantasía; pero no lo es. Cuarenta estudiantes del secundario de la Escuela Lisandro de la Torre viajaron a Tucumán y se autodesignaron padrinos de la escuela de Las Tipas, ubicada a 9 km de San Pedro de Colalao, y de la escuela de Rearte, en el mismo departamento de Trancas.
La historia solidaria de estos adolescentes comenzó en 2004 cuando, después de haber trabajado en asilos de ancianos y hospitales de Buenos Aires, decidieron crear el proyecto “Padrinazgo solidario en escuelitas rurales”, fuera de su provincia. La elección fue orientada por el profesor Rubén Tula, cuya familia es tucumana.
“Es la primera vez que vengo. Antes era muy egoísta y no me entraba en la cabeza la idea de trabajar todo el año, de recolectar ropa y cosas para chicos que ni conocía; pensaba sólo en mí y en mis necesidades. Pero veía el entusiasmo de mis compañeros y me enganché este año con el viaje. Cuando vi la sonrisa de estos niños y cómo nos abrazan y nos piden que juguemos, se me dio vuelta la cabeza; ya no soy la misma”, confesó entre lágrimas Yanet Silva, de 3º del Polimodal.
Ella y sus compañeros llegaron a Las Tipas con bolsones cargados con ropa, mercadería, calzados y alimentos no perecederos para los 21 niños que llegan a clases caminando más de cinco kilómetros por un sendero sinuoso. De hecho, ni siquiera el ómnibus de los visitantes pudo ingresar al terreno en el que se encuentra el establecimiento escolar.
“A turucuto”
“Podemos traer miles de bolsas, y no alcanzan para compensar todo lo que recibimos por parte de estos chicos”, añadió Claudio de 2º año.
La jornada del jueves rompió la rutina escolar y llenó de risas la escuelita ubicada cerca del río Las Tipas, donde en época estival, cuando hay crecidas, los niños suben a “turucuto” de sus maestras, porque de lo contrario pueden ser llevados por las aguas. Pero ni las lluvias torrenciales pueden detener a Violeta, de siete años, ni a su hermanito Marcos, de nueve. “Me gusta esta escuela, nos hacen comida y nos enseñan muchos juegos; ahora tenemos muchos juguetes que trajeron los padrinos”, dijo la niña con una sonrisa amplia.
“La causa de ausentismo en esta escuela es que los chicos no tienen calzados, ni ropa en el invierno. Sus padres son jornaleros, o reciben un plan social, por lo que enviar a sus hijos a la escuela les da la seguridad de que los chicos que tendrán un plato de comida y el tazón de leche en la mañana”, cuenta la directora, Beatriz Varela, orgullosa de que sus chicos tengan tantos padrinos que los quieran. Dijo que el dinero que envía el Gobierno para el comedor equivale a $ 1,20 por niño y por día. “Lo que nos falta lo recibimos de comerciantes amigos de la villa de San Pedro”, contó Beatriz, quien hace 21 años enseña en la escuela.
Allí, los niños de 5º y 6º grado hacen velas artesanales; dulce de cayote y golosinas regionales, que venden de vez en cuando a algún viajero que pasa por la escuela camino a Piedra Pintada, uno de los puntos que más atrae a los turistas que visitan la villa.
Anhelo
La jornada tuvo intercambio de actividades y de regalos. “Nosotros vamos a bailar salsa”, gritó una niñita de 2º grado. Los más grandecitos acompañaron a los visitantes para que conozcan Piedra Pintada, pues el proyecto incluye el estudio geográfico e histórico del lugar que visitan.
Los niños de la escuelita de Las Tipas saben que faltan muchos meses para la visita que volverán a hacer sus padrinos el año que viene, pero mientras juegan y se abrazan con ellos, sienten que crece la esperanza de que en octubre de 2009 volverán a sentir que no están tan solos.
Generosidad y emociones
Su padre tenía la costumbre de donar banderas argentinas a distintos establecimientos. Cuando el hombre falleció, su hija, la docente de Inglés Isabel Masa, decidió continuar con aquella tradición. Y lo hizo en la escuela de Las Tipas. “La primera vez que vine, en 2004, traje una bandera. Es la que ahora flamea en el mástil”, contó orgullosa la profesora de la escuela Lisandro de la Torre.

“La mayor parte de nuestros son chicos de bajos recursos. El esfuerzo y el trabajo que hacen para realizar este viaje todos los años es realmente impresionante. A ellos les faltan muchas cosas, pero logran juntar $ 400 para viajar hasta Tucumán. Eso se puede definir como verdadera vocación solidaria”, sostuvo la docente Silvia Guiragosian, profesora de la escuela Lisandro de la Torre, de la localidad bonaerense de Los Polvorines.
Adolfo era un joven alumno de la escuela Lisandro de la Torre que visitó Las Tipas en 2004. La docente Isabel Masa recordó una experiencia que protagonizó este chico y que ella, según dijo, nunca podrá olvidar. “Este adolescente se caracterizaba porque no le gustaba hacer nada; se la pasaba protestando por todo. La última noche de aquel viaje, durante un fogón, los hice jugar a un juego que se llama ‘El barco’; la idea es que digan qué dejan y qué se llevan. Cuando le tocó el turno a él dijo: ‘ traje a un Adolfo y me llevo a otro’”, recordó.
Algunos egresados de la escuela Lisandro de la Torre participaron. Siete chicos se engancharon con el viaje.“Trabajo, pero le pedí a mi jefe que me adelante una semana de vacaciones para poder venir”, contó Horacio.








