Ariel Ortega ha mejorado considerablemente en los dos últimos encuentros. Ese cambio no es casual; se produjo desde el momento en el que Aldo Bolado y Eduardo Corbini, la dupla técnica que dirige a Independiente Rivadavia, decidió nombrarlo capitán del equipo. Desde ese momento recuperó el nivel que lo transformó en un jugador desequilibrante.
Hasta el momento, el "Burrito" jugó ocho de los nueve encuentros que se disputaron en el certamen y anotó dos goles de penal. Al principio le costó adaptarse con sus compañeros. En los primeros cotejos casi no tocaba la pelota y por eso se lo veía molesto y muy quejoso. Casi no entraba en juego, pero después fue cobrando protagonismo dentro del campo. Ahora, en la mayoría de los ataques el balón pasa por sus pies.
Habitualmente, Ortega comienza jugando de enganche, pero en muchos partidos terminó cumpliendo el rol de media punta. Todo depende de cómo se desarrollen los encuentros. Tiene dos socios. El más importante es el volante Lionel Coudannes (reaparecerá ante Atlético después de haber cumplido una fecha de suspensión) y después está el delantero Martín Gómez. Con este último se ha formado una sociedad indestructible. Ambos se buscan permanentemente para llevar peligro al área rival.
Sobre el comportamiento del "Burrito" se habló mucho, pero lo único concreto es que nunca faltó a un entrenamiento de la "lepra". Es cierto que estuvo en una bailanta y que se subió al escenario a cantar con un grupo, pero lo acompañaban varios de los integrantes del plantel y jamás se comprobó que haya estado alcoholizado. Con los hinchas mendocinos siempre se mostró muy respetuoso. Tampoco está realizando el tratamiento en Chile, porque no está obligado a hacerlo, según dice en el contrato.
Hasta el momento, en ningún estadio que visitó fue maltratado por los simpatizantes del equipo local. Nadie puede afirmar qué pasará en Tucumán. Pero no hay dudas de que es un jugador que se agranda en los momentos más difíciles y, por las dudas, es mejor no provocarlo.









