"Tenemos que pensar en una industria cañera, no azucarera"

El investigador santiagueño José Antonio Cerro afirma que el sector azucarero debe orientar sus estrategias hacia tres horizontes: cogeneración de energía, producción de azúcar para el mercado interno y para el mercado internacional, y producción de alcohol.

12 Octubre 2008

José Antonio Cerro dice que hoy, cuando todo el mundo habla del etanol y de las posibilidades de desarrollo a partir de este biocombustible, nadie se acuerda de que existió en la Argentina el plan Alconafta. El experto azucarero recordó que la diversificación del negocio del azúcar ya había sido impulsada hace más de 20 años y sostuvo que en la actualidad se deben volver a enfocar las estrategias en las ventajas claras que presenta la caña en términos de rendimiento y de balance energético.
De visita por Tucumán el investigador santiagueño -actualmente radicado en México- habló con LA GACETA y señaló el financiamiento como el obstáculo central para el desarrollo del negocio azucarero.

- Da la impresión de que Tucumán es como esas procesiones de las que habla García Márquez: nunca avanzan...
- Bueno, yo diría, desde la óptica del mercado azucarero, que da la sensación de que los problemas actuales son los mismos de siempre. Y no puedo menos que comparar Tucumán con México, que tiene problemas yo diría similares, pero mucho más grandes. Produce 5,5 millones de toneladas, tiene 61 ingenios. Y allá se sigue discutiendo bastante sobre cosas que hemos discutido hace mucho tiempo. Pero cuando uno habla de política azucarera, creo que debe referirse a la relación con el mercado internacional. Por mucho que haga no puede superar los límites que fija el mercado internacional. México, por ejemplo, nunca solucionó el problema con Estados Unidos, inclusive dentro del tratado de libre comercio con Estados Unidos. Actualmente, existe un doble juego en el que se plantea el yo te vendo azúcar y vos me vendés fructosa. Si analizamos el caso argentino, la cuestión internacional pasa por la relación con Brasil. La industria argentina deberá seguir toda una serie de condiciones que permitan, no el avance, sino la supervivencia del negocio azucarero.

- ¿Qué es exactamente eso, porque la comercialización del azúcar de Brasil a la Argentina está impedida por ley?
- Tenemos que utilizar nuestra capacidad exportadora como un mecanismo que nos permita mejorar lo que yo creo que es el problema central: el financiamiento de la comercialización. Y la segunda cuestión a analizar es el funcionamiento del mercado interno. Lo que voy a decir puede no gustar, pero creo que se necesita una acción conjunta de toda la industria. Suena a cartelización. Pero las acciones conjuntas se practican en otros lugares. En México y en Colombia, por ejemplo. Siguen siendo muy difíciles las relaciones entre los ingenios. Es muy difícil, en las condiciones actuales, acordar una política única. Creo que tenemos que entrar a pensar en una industria cañera y no en una industria azucarera. Lo venimos diciendo desde hace 20 años, y hoy vuelve a tener sentido: la necesidad de producir alcohol. La ley lo marca. La ley impone que en 2010 hay que usar un 5% de alcohol como aditivo. Uno lee los trabajos actuales sobre etanol, y parece que el plan Alconafta nunca hubiese existido. Hay que volver a hablar acerca de las ventajas claras que presenta la caña en términos de rendimiento, en términos de balance energético; solucionar los problemas de la parte negativa de la caña: el tratamiento de la vinaza, por ejemplo. Creo que tenemos que empezar a pensar en este sentido, con tres patitas: cogeneración de energía, producción de azúcar para el mercado interno y para el mercado internacional, y producción de alcohol. Pero para ello hay que conseguir financiamiento.

- Pero hoy eso parece una propuesta más bien teórica, porque conseguir financiamiento es una gran complicación...
- Siempre la hemos tenido. Este no es un problema nuevo. Mientras no seamos capaces de garantizarle a la industria un acceso al financiamiento permanente y aceptable va a ser muy difícil. Pero creo que esta cuestión del financiamiento viene unida a la de la comercialización. Parece repetitivo... insisto en que debemos trabajar en eso. Hay que definir de manera muy clara cuál va a ser la participación del Gobierno. Esta debe ser importante en términos de búsqueda y de implementación de mecanismos eficientes. Hay que hacer una defensa clara de las economías regionales.

- Aunque Tucumán sigue siendo azúcar, ¿qué habría que hacer para optimizar la economía provincial?
- Creo que el esquema productivo de Tucumán actualmente está mucho más diversificado que antes. Basta mencionar el limón y la soja. Pero sí es importante no olvidarnos del esquema azucarero. La industria ha jugado históricamente un rol importante, hoy es protagonista, y lo seguirá siendo, creo yo.

- No se sabe cuánta hondura tendrá la crisis financiera internacional, ¿qué avizora usted?
- La crisis puede ser desastroza, tal como avisó (Ricardo) Arriazu (lo escuchó esta semana, cuando disertó en Tucumán) Dependerá del pasaje de afectación del sector financiero a la economía real. Va a golpear de manera distinta a los países más desarrollados, que en principio serían los que más sentirían la crisis, con relación a los emergentes. La crisis es global y finalmente afectará a todos los países. Pero sí habrá una serie de elementos que van a ser cruciales. Uno de ellos es qué pasará con los precios de los productos básicos que exporta la Argentina, que fueron el elemento motor del crecimiento del país durante los últimos años. La caída de precios que se registró durante los últimos tres meses no es precisamente pequeña. Están desapareciendo elementos que condicionaron la anterior suba. Están empezando a existir nuevamente los ciclos agropecuarios. Y si continúan las condiciones proteccionistas en los países desarrollados, habrá precios muy bajos. Otro punto importante es la entrada o no de capitales. No porque no exista capacidad de inversión. El asunto es la búsqueda de proyectos de inversión, cómo se van a dar los esquemas financieros, qué cambios habrá en la arquitectura financiera internacional. Y un tercer punto en cuestión es, si esta crisis toma la gravedad que se espera, habrá una baja en la demanda real de productos. Y, un tema que a mí me interesa y que tiene que ver con Tucumán es esta supuesta contradicción mundial entre usar una determinada materia prima agrícola para producir energía o alimentos...

- ...Usted se refiere al debate sobre la producción de etanol...
- Sí. Yo encuentro muy feliz la participación que tuvo el presidente Lula (Da Silva) en la reunión de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). Lo primero que dijo fue: "señores, esto de decir que todos los problemas se deben al etanol es un disparate". Admitió que la contradicción existe, pero dijo que esta se la resuelve aumentando la producción, y hay capacidad de producir más. Y también, dijo que no se debe olvidar que necesitamos una situación agropecuaria distinta; es decir, un mercado más libre, con menos proteccionismo. Fijesé que el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) empezó en 1948. No trata el tema del sector agropecuario hasta 1986. Prácticamente, 40 años después. Y aún así las soluciones no han sido satisfactorias y se sigue sin resolver el problema, con perjuicio, fundamentalmente, para los países que elaboran y exportan productos agrícolas. Yo creo que esta contradicción puede resolverse. Además, si hacemos un análisis prospectivo sobre qué puede pasar con el petróleo, ahí la tendremos más clara. Ya no podemos demorar más la utilización de las fuentes alternativas de energía.

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