No tiene prejuicios contra la televisión ni pronuncia frases elocuentes al momento de definir su trabajo. Curioso es este actor Julio Chávez, porque con toda su capacidad interpretativa, su trayectoria y su labor docente, y el reconocimiento unánime de la crítica, se limita a señalar, casi con sencillez, que su propósito es conquistar al público; hacerlo recorrer un viaje. Por eso, se ve así mismo como un relator, y de este modo advierte que, en sus orígenes, el teatro se trataba de eso, de relatar historias a través de distintas figuras como el chamán o el juglar.
Con la multipremiada obra “Yo soy mi propia mujer” actuará en el teatro Alberdi el sábado y domingo; y está contento porque es la primera vez que visitará esta provincia. “Me dijeron que es un teatro muy lindo”, dijo el protagonista de “Un oso rojo” a LA GACETA en una entrevista telefónica, mientras se encontraba de gira en Rosario.
- Teatro, televisión o cine.
- Las tres cosas. No tengo prejuicio contra la televisión y no le hago asco. Creo que hay que hacer vivo lo que tenés que hacer, y el mejor actor es el que puede resolver su trabajo, sea en cualquier medio. Mirá, creo que Ricardo Darín se desarrolló y aprendió mucho del buen oficio en la televisión. Digo que cada pescadito se nutra de las aguas que le tocan, y en ese sentido, no distingo aguas buenas ni malas; lo que para unos es vida, para otros es muerte.
- Querés emocionar al público .
-Mi trabajo como actor es cómo puedo hacer para que el espectador reciba a este personaje. Uno asume el riesgo de meterse en el objeto en el escenario. Lo que quiero es conquistar al público, y la conquista máxima es que cuando se cierre el telón, lo ayudaste a hacer un viaje. Puede emocionarse o reírse, tal vez, pero lo fundamental es que haya hecho el viaje.
- ¿Necesitás identificarte con el personaje?
- Necesito la decisión de tomar el riesgo de intentar comprenderlo, no de identificarme con él. En “Un oso rojo”, no tenía ninguna simpatía con el rol, y por suerte tomé el arrojo de acercarme a esa naturaleza; no tengo nada que ver con el personaje, pero me preocupé de ver su humanidad, y eso me toca. “Nada de lo humano me es ajeno”, decía Walt Whitman, y para nosotros, los actores, debe ser así. Debemos hacer un verdadero ejercicio, porque hay que lidiar con la moral y la ética; pero.no somos enjuiciadores, somos relatores. Hay que dejar que el espectador haga su crítica.
-¿Y la gente no te confunde con los roles que interpretaste?
- No soy mediático ni nada de eso, y por eso la gente no se confunde; no me ocupo de esconder nada, y nadie se mete conmigo. No me ha tocado ni el mundo del champagne ni el de la resaca.
06 Octubre 2008 Seguir en 
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