La inflación, el enemigo temible
El oficialismo premia a los gobernadores que sobresalieron por su luchacontra el campo. La suba del costo de vida complica los arreglos con sindicatos de estatales. El desgaste de Alperovich y de Cristina Kirchner. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
17 Agosto 2008 Seguir en 
El estilo verticalista de dirección política en la Argentina de hoy liquida el federalismo, la discrepancia razonable y las reivindicaciones provinciales. Sin embargo, genera réditos para los sumisos y para quienes saltaron de bando para revistar en las filas de los adictos a la Casa Rosada Cuatro gobernadores sacaron tajada de su militancia anticampo en las últimas jornadas. Oscar Jorge (La Pampa), Sergio Urribarri (Entre Ríos), Celso Jaque (Mendoza) y Luis Beder Herrera (La Rioja). Cristina Fernández de Kirchner fue a La Pampa, donde inauguró 488 viviendas y prometió otras ocho mil. El jefe de Gabinete, Sergio Massa, anunció obras por $ 135 millones en Entre Ríos.
La propia Presidenta anudó compromisos con Jaque en tierra mendocina, en un nuevo round de su pelea con el vicepresidente, Julio César Cleto Cobos. Este construye Consenso Federal, que es su armado político propio. El peronista Jaque facturó su lealtad en $ 935 millones para emprendimientos, mientras que el riojano Beder Herrera consiguió créditos por $ 300 millones del Banco de la Nación.
José Alperovich se sumó, otra vez, a la lista de los beneficiarios de la administración federal, previa acreditación de su obediencia debida al kirchnerismo. El gobernador no defecciona jamás en este aspecto. El Banco de la Nación asistirá con $ 120 millones a los ingenios para que puedan comprar bolsas de azúcar a los cañeros con un precio de $ 70 la bolsa.
La estrategia apunta a que la actividad azucarera vuelva a ser rentable y no ocasione problemas sociales. Mercedes Marcó del Pont -presidenta del banco- invocó instrucciones cristinistas para justificar la ayuda. Massa coadyuvó para que esto fuera viable, entre bambalinas.
Del jefe de Gabinete aguarda Alperovich, además, que le dé una salida al dolor de cabeza que semanalmente le causan los jubilados transferidos en reclamo del 82% móvil. Los actos de estos han hecho confluir a activistas de diversas pertenencias políticas e ideológicas. Aunque su cuantía no es significativa, quiebra la idea de la pax alperovichista que la Casa de Gobierno pretende mantener a rajatabla La queja de los sindicatos estatales fue anestesiada con el pago de $ 200, a cuenta de futuras subas salariales, pero la militancia de los jubilados se maneja con otros criterios.
El ministro político Edmundo Jiménez recuperó el control de la situación y capitalizó el logro en la interna del gabinete. Nadie discute, empero, que Jorge Gassenbauer es el superministro y hombre de la máxima confianza de Alperovich. Jiménez se afianzó en su papel de interlocutor de los sindicatos y conoce los puntos débiles de los dirigentes que despliegan discursos altisonantes. Sólo la CGT de Jesús Pellasio altera los nervios del gobernador, para quien el sindicalista citrícola y la docente Teresa Ramayo (Sadop) encarnan actitudes contumaces. Son los cabecillas de la menguada resistencia.
Con patas cortas
Alperovich ganó días de tranquilidad. Pero esto tiene patas cortas. La inflación es un factor de desestabilización política, al que el kirchnerismo no le halla la vuelta. Deprimir artificialmente la suba de precios con el fin de pagar el menor monto posible de intereses a los tenedores de bonos ajustables por inflación resultó una bomba de tiempo, difícil de desmontar.
Astutamente, Alperovich troca su locuacidad en cerrado mutismo público, antes que opinar en contra del polémico Guillermo Moreno. Pero admitió que Tucumán debe tener su propia estadística, lo cual equivale a reconocer tácitamente que la del Indec no le sirve de nada, porque carece de credibilidad
Una inflación desbocada puede hacer añicos los precarios arreglos con los sindicatos de empleados estatales y tornar desactualizadas las previsiones presupuestarias. La puja por la distribución de recursos dentro del propio Gobierno nacional se clausura en perjuicio de las obras públicas provinciales. Y Tucumán la siente en carne propia, con la suspensión de 2.300 obreros, según las cifras de la Uocra.
El malestar del agro con el kirchnerismo empieza a tomar vuelo otra vez. Alperovich se colocó siempre en la vereda de enfrente de los sojeros, desde que el conflicto arrancó el 11 de marzo con las retenciones móviles. Las políticas del Gobierno nacional no disiparon los enojos de las organizaciones rurales y de los dirigentes más dinámicos de ese espacio . Si la protesta llegara a alcanzar virulencia, Tucumán no sería ajena a ella. El desfile de sojeros autoconvocados por Tribunales, a raíz del ataque contra el domicilio del diputado Alfredo Dato, está marcando un límite objetivo. No se puede transgredir la ley bajo ningún concepto.
Las proyecciones de futuro
La suma de rebeliones sectoriales desgastan al poder político. De esta proyección no escaparán ni Cristina ni Alperovich en 2009. No obstante, la oposición, en ambos ámbitos, está lejos aún de enhebrar acuerdos que amenacen sus hegemonías. El peronismo disidente es un potencial adversario de relieve en contra de aquellos gobernantes, pero su capacidad erosiva está condicionada por diversos factores; entre ellos, el crecimiento de la percepción de que el Gobierno hace agua.
El Movimiento Productivo Argentino (MPA) se expande liderado por Eduardo Duhalde, pero en Tucumán está en una fase muy embrionaria. Al entorno del ex gobernador se le hizo conocer el rechazo de la dirigencia al protagonismo de Julio César Aráoz en el distrito. Fernando Juri se retrasó, no obstante, en la organización del MPA. El peronismo, en forma mayoritaria, está contenido por el aparato estatal. Mientras no se desate una crisis, no se producirán quiebres. La posesión de los engranajes gubernamentales es clave para una franja de operadores habituados al uso generoso de los fondos públicos. La estructura sindical de ese signo no tiene interés en erigirse en eje de una coalición opositora.
Los radicales enfrentan un desafío mayúsculo: superar su internismo. Alperovich explota esa circunstancia. La UCR, sin embargo, sueña con mejorar la elección de octubre de 2007. Para ellos, como para el MPA, el reto pasa por capitalizar el declive de Alperovich y de Cristina.







