17 Agosto 2008 Seguir en 
Para quienes hacen historia en el siglo XXI, la historia es más compleja que la que supieron ofrecernos los manuales tradicionales; las gestas heroicas ya no son explicadas como el arranque de un individuo, sino como procesos políticos que ocurrieron en un contexto determinado.
Esa es la perspectiva que elige la magister en Ciencias Políticas y profesora de Historia (siglo XIX) Irene García de Saltor para analizar la figura de José de San Martín.
- ¿Cómo se inserta el pensamiento sanmartiniano en una perspectiva americanista?
- Las miradas historiográficas actuales ayudan a abrevar de esa interpretación americanista. Porque desde el vamos, la Revolución se empieza a ver no como una revolución de un país, o de otro, divididos como se presentan en la actualidad. Se miran como Revoluciones atlánticas. Hay un movimiento de ideas y situaciones revolucionarias que envuelve el Atlántico. Se mira con una mirada general, y no con la mirada particularista de naciones fragmentadas que aparece a fines del siglo XIX. En los comienzos del siglo XIX, esto se mira como América. Por eso es que los movimientos revolucionarios aparecen como simultáneos en lo que puede acotarse como Iberoamérica, y se producen en las capitales de los virreinatos. Pero como se producen por una coyuntura que es la caída de la monarquía, se pierde ese principio de legitimidad, y hay que buscar otro principio de legitimidad. El 25 de mayo de 1810, desde Buenos Aires, desde el Cabildo de Buenos Aires se conforma una autoridad provisoria, con el depósito de la soberanía de Fernando VII. Pero no hay al inicio un proyecto consensuado de lo que después, al calor de los acontecimientos, se irá definiendo como una Revolución de la Independencia. Y es en 1812 cuando viene una serie de jóvenes que han compartido en Europa carrera militar, reuniones en logias, un ideario americanista de independencia.Llegan al Río de la Plata San Martín, Alvear, y otros. Y le van a dar a esa revolución que comenzó en el Cabildo, siendo municipal, un espacio americano, tendiente a la independencia y a una Constitución. Ahí ya es un programa a realizar, que se concreta desde distintos ámbitos de América latina. Todos ellos tienen la visión de poner al servicio de la revolución las armas, y -muy importante- la asociación política, con un criterio moderno.
- ¿Hay que separar al San Martín político del San Martín militar?
- Por esos años, es la guerra el “gran tema” de la revolución, y no lo es tanto la cuestión política, que, por otra parte, es fragmentaria. Por eso, hay dos estrategias: la de las armas y la de la política. El San Martín joven es el que elige como política la lucha por la Independencia, y por la conformación de una Constitución. Porque mientras era un general que estaba preparando el Ejército de los Andes, también estaba alentando la reunión del Congreso General Constituyente en Tucumán, para que declarara la Independencia.
- ¿Cómo mirar esa época, en el marco de los Bicentenarios?
- La historia ha llevado a la fragmentación de las naciones. Y hoy se busca “la América” en el contexto de las naciones. Ese concepto se nutre de la necesidad de cooperación que se produce entre los países de la región. Hoy vemos cómo todos los países de la región se necesitan entre sí, para hacer frente a sus producciones, a los mercados. Hay una demanda creciente de que se supere la estrechez de los límites nacionales, sin que por ello desaparezcan las identidades propias.
Esa es la perspectiva que elige la magister en Ciencias Políticas y profesora de Historia (siglo XIX) Irene García de Saltor para analizar la figura de José de San Martín.
- ¿Cómo se inserta el pensamiento sanmartiniano en una perspectiva americanista?
- Las miradas historiográficas actuales ayudan a abrevar de esa interpretación americanista. Porque desde el vamos, la Revolución se empieza a ver no como una revolución de un país, o de otro, divididos como se presentan en la actualidad. Se miran como Revoluciones atlánticas. Hay un movimiento de ideas y situaciones revolucionarias que envuelve el Atlántico. Se mira con una mirada general, y no con la mirada particularista de naciones fragmentadas que aparece a fines del siglo XIX. En los comienzos del siglo XIX, esto se mira como América. Por eso es que los movimientos revolucionarios aparecen como simultáneos en lo que puede acotarse como Iberoamérica, y se producen en las capitales de los virreinatos. Pero como se producen por una coyuntura que es la caída de la monarquía, se pierde ese principio de legitimidad, y hay que buscar otro principio de legitimidad. El 25 de mayo de 1810, desde Buenos Aires, desde el Cabildo de Buenos Aires se conforma una autoridad provisoria, con el depósito de la soberanía de Fernando VII. Pero no hay al inicio un proyecto consensuado de lo que después, al calor de los acontecimientos, se irá definiendo como una Revolución de la Independencia. Y es en 1812 cuando viene una serie de jóvenes que han compartido en Europa carrera militar, reuniones en logias, un ideario americanista de independencia.Llegan al Río de la Plata San Martín, Alvear, y otros. Y le van a dar a esa revolución que comenzó en el Cabildo, siendo municipal, un espacio americano, tendiente a la independencia y a una Constitución. Ahí ya es un programa a realizar, que se concreta desde distintos ámbitos de América latina. Todos ellos tienen la visión de poner al servicio de la revolución las armas, y -muy importante- la asociación política, con un criterio moderno.
- ¿Hay que separar al San Martín político del San Martín militar?
- Por esos años, es la guerra el “gran tema” de la revolución, y no lo es tanto la cuestión política, que, por otra parte, es fragmentaria. Por eso, hay dos estrategias: la de las armas y la de la política. El San Martín joven es el que elige como política la lucha por la Independencia, y por la conformación de una Constitución. Porque mientras era un general que estaba preparando el Ejército de los Andes, también estaba alentando la reunión del Congreso General Constituyente en Tucumán, para que declarara la Independencia.
- ¿Cómo mirar esa época, en el marco de los Bicentenarios?
- La historia ha llevado a la fragmentación de las naciones. Y hoy se busca “la América” en el contexto de las naciones. Ese concepto se nutre de la necesidad de cooperación que se produce entre los países de la región. Hoy vemos cómo todos los países de la región se necesitan entre sí, para hacer frente a sus producciones, a los mercados. Hay una demanda creciente de que se supere la estrechez de los límites nacionales, sin que por ello desaparezcan las identidades propias.









