Cómo ir a fondo sin usar las recetas que fallaron contra el campo

Inseguridad e inflación encabezan la lista de preocupaciones de los argentinos. El caso de Aerolíneas puede derivar en una nueva derrota legislativa de Cristina de Kirchner. Por Hugo E. Grimaldi - Agencia DyN.

17 Agosto 2008
BBUENOS AIRES.- Los mismos procedimientos llevan a los mismos resultados y está probado que esta ley de hierro de la ciencia funciona igual para la política. Por ejemplo, hoy la inflación y la inseguridad están a la cabeza de todas las encuestas que miden las preocupaciones de los argentinos y para intentar un abordaje que modere ambas calamidades las autoridades vuelven a apelar, antes que a la franqueza y a la acción, al disimulo y a la retórica como regla y también a algunas cortinas de humo informativas, tal como ocurre con el caso de Aerolíneas Argentinas, que se dirige a un nuevo callejón sin salida que podría poner a Cristina Fernández al borde de una segunda derrota legislativa.
En este juego de hipocresías, que muchos en el Gobierno se empeñan en mantener, aunque el grueso de estas muletillas fueron las que lo llevaron al abismo en la pelea contra el campo, ya los tiempos se han desbordado y es poco lo que puede hacer ahora la Presidenta sin pagar un costo político bien alto por tantos errores, dilaciones y, sobre todo, por las excusas que suelen buscar culpables escondidos en la desestabilización, un atajo que la opinión pública detesta.
Por el lado inflacionario, aunque deba hacerlo para cerrar un frente bien conflictivo, salir del problema será todo un incordio para el Gobierno, después de haber invertido más de un año y medio en destrozar la credibilidad del Indec, con la confección de un Indice de Precios al Consumidor de múltiple engaño, mediante el cual se orquestó una monumental estafa destinada a los bonistas, se pretendió decir que muchos pobres ya no lo son y se convalidó la erosión de los salarios, más allá de haberse montado una fenomenal burla hacia los consumidores, proceso que el ex presidente Raúl Alfonsín calificó, sin ahorrar adjetivos ni énfasis, como absolutamente inmoral.
Como subproducto de todo este desaguisado, se quiso esconder el desbarajuste de los precios detrás de la necesidad de darle transparencia al instituto, algo que debe hacerse, pero en paralelo con un plan antiinflacionario que, antes de ser calificado como ortodoxo o heterodoxo, sea “comprado”, por su consistencia, por la población.
Para ello, no son pocos los que afirman que a este fin de semana largo la Presidenta lo está dedicando en la intimidad familiar, en su casa de El Calafate, a pulir una serie de cambios que incluyen la mudanza de dependencia del Indec hacia la Jefatura de Gabinete, pero sin desplazar a Guillermo Moreno al frente de la secretaría de Comercio Interior. Igualmente, no hay nada seguro al respecto, ya que esta sería la pretensión de Sergio Massa, a quien Néstor Kirchner no le quiere dar muchas alas y al respecto, no ha sido para nada ingenua la defensa que hizo de Moreno y del Indec el ministro Julio De Vido.
Algunos, más osados, especulan que Cristina también haría uso de una bala de plata, con el nombramiento al frente del Palacio de Hacienda de un notorio economista que refresque las expectativas, aunque habrá que ver quien se anima, no tanto porque las variables están desacomodadas, aunque con posibilidades ciertas de reencauce, sino porque por debajo de él quedaría Moreno y, por encima, siempre estará el ex presidente, de quien su antecesor, Eduardo Duhalde acaba de decir, con modales y alegorías poco felices, que padece graves problemas psicológicos.
También habría que observar qué posibilidades ciertas tendría un eventual reemplazante de Carlos Fernández para salirse de los márgenes del llamado modelo económico, ya que se trata de algo bien primitivo y cerrado que impide márgenes de maniobra en relación a lo que el mundo demanda de la Argentina, sobre todo en materia de renegociación de deuda, con acciones que ayuden a restaurar la confianza de afuera y de adentro. Al respecto, las visiones de las dos calificadoras de riesgo que la última semana castigaron al país, tuvieron un denominador común: la oscuridad que ellos perciben en materia de decisión política.
Es interesante reparar en que una de ellas, Moody’s, nunca dijo que la Argentina no podría pagar su deuda, sino que sus analistas señalaron que no saben si el país quiere pagarla, toda una duda que apunta a las ideologías, antes que a la caja. En ese sentido, la decisión de salir a recomprar bonos resultó una apropiada práctica de mercado, que los más fieles al kirchnerismo aceptaron apretándose la nariz, en una situación que fue interpretada por estos, apoyados en su permanente visión conspirativa, como una pulseada contra Moody’s y contra Standard & Poor’s, a favor de lo que dijo la Presidenta sobre un comentario que le hizo el economista Aldo Ferrer, en relación a que a las calificadoras se les pasó la crisis hipotecaria de los Estados Unidos por las orejas.
Lo cierto es que la decisión de compra a precios cada vez más altos, único motivo por el que los precios se recuperaron, buscó antes que otra cosa dar una señal positiva sobre la vocación de cumplir con las obligaciones, al menos por un rato, hasta que Moreno demolió la estrategia con la difusión del índice de precios de julio, un dirigista e increíble 0,4%.
Igualmente, el malestar contra los bonos argentinos ya estaba instalado desde antes de que ambas calificadoras le bajaran el pulgar a la Argentina, ya que habían sido mayoría, la semana previa, los que cobraron en dólares los cupones de los Boden (U$S 2.800 millones) y los escabulleron en el exterior o el colchón, proceso que muchos banqueros están notando, aún como incipiente goteo, en algunas cuentas de ahorro.
En cuanto a la falta de seguridad, y por el lado del caso de los tres empresarios asesinados durante la semana en General Rodríguez, como si algo faltara, la situación le ha puesto una luz de alarma bien roja a la población, ya que todo indica que se ha tratado efectivamente de un ajuste de cuentas, pero con un trasfondo de bandas de sicarios contratadas por el submundo de la droga, que han trabajado hasta ahora con total impunidad.
¿Cuál fue la reacción de las autoridades? En línea con la política del yo no fui, Daniel Scioli habló de crimen mafioso, como si eso fuera un episodio que no le atañe, algo que le tiraron en su territorio para hacer temblar aún más la pobre gestión de la seguridad provincial. Como no eran otros muertos más, baleados a mansalva en las puertas de sus casas para robarles al auto, crímenes de los cuáles hay varios por semana en el Conurbano, el gobernador creyó que podía devolverle la gentileza a la Nación, sacándose de encima el problema, con la excusa de las mafias.
Por su parte, el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, se puso a teorizar sobre si la Argentina es un país de paso o de consumo de drogas, un tema enlazado con su pelea por la despenalización de los consumidores, pero sin ir a fondo sobre si los asesinos están vinculados a resabios de las FARC colombianas, a protectores venezolanos o a carteles de México que han comenzado a operar en el país, como nuevo territorio a repartirse.
En cuanto a Aerolíneas, es más lo que se esconde que lo que se dice y la oposición ha olfateado que la idea del oficialismo es hacer pasar el proyecto de ley tal como está, sin cambiar una coma, tal como sucedió con la Resolución 125. Los diputados opositores sostienen que los gremios y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, están cubriéndose mutuamente para tapar sus acciones y omisiones en tiempos de Marsans, las que llevaron a desestabilizar del todo a la compañía aérea. Al respecto, el anuncio de un acto de los gremios contra el proyecto opositor fue convenientemente difundido el viernes último desde la Casa Rosada.
La situación tiene además un costado diplomático muy sensible, ya que la Presidenta deberá viajar a España en la segunda quincena de octubre, tras dos difirimientos anteriores, y las cosas no están bien para ella por ahora, ya que desde allí se demoniza no a Moreno, sino a Jaime, de quien se dice que su continuidad es una catástrofe para el sector aerocomercial.
También se acusa al secretario, sin pelos en la lengua, de haber llevado a la Presidenta al escenario de la reestatización, con la excusa de que el pago de sueldos se había demorado cinco días: en otras oportunidades hubo más demora y este retraso puntual tuvo que ver con el bloqueo que hizo Jaime de las líneas de crédito de Marsans en el Nación y el Galicia para preparar el ambiente, dijeron fuentes diplomáticas.
En medio del agosto europeo, casi sin habitantes en La Moncloa, el interlocutor aseguró que en noviembre último, cuando José Luis Rodríguez Zapatero estuvo reunido con Cristina, esta le habló de los magníficos empresarios que eran la gente de Marsans y que le dijo que ella sabía que las dificultades de la compañía tenían su raíz en los pilotos, gremio que avala, por ejemplo, que algunos ellos vuelen 25 horas por mes, mientras que sus pares de otras compañías lo hacen entre 80 y 105 horas.
“Nos consta que a la Presidenta no le gustaba que el Estado se hiciera titular de Aerolíneas, ya que dijo en su momento que, si la empresa es estatal y hay un accidente, ella no quería sentir ninguna culpabilidad, pero Jaime aprovechó el desorden de los días finales de la pelea con el campo para plantearle el hecho consumado”, acusó.
En cuanto a las responsabilidades, la fuente añadió con eufemismos: “si el coronel no quiere, un sargento no puede llevarlo a un escenario diferente y si lo hace es porque algún general se lo ha permitido, pero en todo caso es siempre su responsabilidad”.
Quizás la paz de El Calafate le permita a la Presidenta durante el fin de semana largo, mirar más allá de la hojarasca, para encontrar soluciones bien de fondo a cada uno de estos problemas, que se aparten de la regla de barrer los problemas debajo de la alfombra, como modo de esconder la realidad. Si Néstor la deja.

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